La epidemia de los falsos indígenas en Canadá

Estacione en Alberta, Canadá. Foto: (Kurt Wilson / The Missoulian vía AP) Estacione en Alberta, Canadá. Foto: (Kurt Wilson / The Missoulian vía AP)

Canadá, como muchos otros países, está en deuda con los pueblos originarios que han sido empujados hacia la pobreza. En un intento por acabar con los rezagos, las autoridades canadienses ofrecen diversos programas que benefician a todo aquel que pertenezca a una tribu y solicite la ayuda. Sin embargo, hay quienes se hacen pasar por indígenas para tener derecho a los apoyos. Presos, ciudadanos comunes y hasta políticos en campaña son algunos de los impostores que han intentado sacar provecho.

MONTREAL (Proceso).– El colonialismo canadiense no sólo es un asunto reservado a los libros de historia. De hecho, las relaciones entre el gobierno federal y los grupos autóctonos continúan rigiéndose por el “Acta India” de 1876. A su vez, distintos indicadores muestran los rezagos en esferas como la educación, la salud y el empleo para estos pueblos, los más desfavorecidos en el país como resultado de políticas desatinadas y discriminación.

Ottawa y los gobiernos provinciales han puesto en marcha programas para reducir estas brechas. Por ejemplo, becas universitarias, beneficios carcelarios y contratación prioritaria en ciertos puestos.

“No son privilegios otorgados a los grupos autóctonos. Por el contrario, son medidas exiguas de reparación, respaldadas por siglos de abuso y desprecio”, escribió hace unos días Edith Bélanger, columnista perteneciente a la tribu maliseet, en las páginas de Espaces Autochtones, una sección de noticias indígenas de la radio pública canadiense.

Sin embargo, algunas personas se hacen pasar por indígenas para tener acceso a estos programas. “Estos individuos no sólo se están apropiando de una identidad, sino también de recursos destinados a las personas que más los necesitan; son personas cuyas familias han sufrido y siguen sufriendo los efectos devastadores de las políticas colonialistas”,
 añadió.

Uno de los casos más sonados ha sido el de Marie-Josée Parent, considerada la primera mujer de origen autóctono en ocupar un cargo en el cabildo de Montreal. Parent, quien decía pertenecer al pueblo Micmac, fungía como enlace oficial con los indígenas afincados en la ciudad. No obstante, una investigación de Radio-Canadá difundida a finales de 2019 desmintió sus dichos.

Expertos en genealogía identificaron un ancestro de dicha tribu, aunque se remontaba a 12 generaciones. Parent renunció a sus funciones de puente con los grupos indígenas, pero sigue trabajando en el cabildo.

El gobierno federal lleva un registro de los miembros de los pueblos autóctonos y expide credenciales como prueba de que cuentan con este estatus, aunque algunas decisiones en el pasado causaron que varios individuos perdieran injustamente dicha categoría.

Por lo anterior, algunas instituciones federales y provinciales permiten la autoadscripción en distintos programas y convocatorias. Aunque, tal y como lo señalan académicos y líderes autóctonos, dicha estrategia favorece a los impostores y mina los principios de autodeterminación. También se han detectado credenciales –muy parecidas a las gubernamentales– emitidas por asociaciones no reconocidas.

Fragmento del texto publicado en la edición 2266 de la revista Proceso, ya en circulación.

 

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