Asuma el liderazgo, presidente

El presidente Andrés Manuel López Obrador. Foto: Octavio Gómez

CIUDAD DE MÉXICO (proceso).- De usted se pueden criticar muchas cosas, presidente López Obrador, pero no se puede negar que es un líder. Se coincida o no con sus posturas ideológicas y con su estilo personal de gobernar, se tiene que reconocer que entusiasma, convence, dirige. La gente lo sigue. Ganó la elección con una mayoría abrumadora y, pese al reciente descenso de su aprobación, sigue siendo un mandatario popular en quien confían millones de mexicanos. Su liderazgo es carismático (Weber), y además cuenta con lo que los romanos llamaban auctoritas, la credibilidad que suscita natural acatamiento. Yo nunca lo he visto rehuir el mando; al contrario, le reprocho su gobierno autoritario.

Por eso me sorprende tanto su renuencia a asumir el liderazgo de la lucha contra el coronavirus. Primero lo subestimó y luego, cuando admitió su gravedad, optó por mantenerse al margen del manejo de la emergencia. Y no, no se trata de la decisión de dejar que sean los especialistas quienes señalen el rumbo, porque es evidente que el coordinador de esos esfuerzos no dice ni hace casi nada sin consultarlo y crea excepciones a sus reglas o de plano las modifica para no contrariarlo. Se trata de que tome el timón del barco frente a esta tormenta y de cara a la sociedad. Los presidentes o primeros ministros de los países afectados por el covid-19 están al frente de los esfuerzos contra la pandemia, encabezan los anuncios importantes de sus grupos técnicos, dan el ejemplo a la población al asumir ellos mismos las medidas de protección que los expertos determinan. Usted aún no lo ha hecho.

Para empezar, tiene que cuidarse. Si bien es muy importante para lo que viene dar al personal médico, de enfermería y de apoyo en clínicas y hospitales el material de protección que requieren y los equipos e insumos para hacer su trabajo, no lo es menos proteger al jefe de Estado y de gobierno. No quiero ni imaginar qué pasaría si usted se contagiara del coronavirus, con la vulnerabilidad que le dan su edad y sus antecedentes. ¿Por qué no se queda en casa, practica el distanciamiento físico, se hace la prueba por haber estado cerca de un gobernador que dio positivo y de paso da el buen ejemplo a la ciudadanía? Necesitamos a quien fue electo para gobernarnos por seis años con toda su energía presidiendo este país en tiempos aciagos. Cuídese, presidente; sea responsable, por favor. Esa ocurrencia de que convendría que se infectara y desarrollara inmunidad puede perdonarse como un desliz de zalamería, pero nada más. A usted México lo necesita sano y salvo.

Quedarse en Palacio Nacional no es aislarse. Hace unos días declaró que eso es lo que quieren sus adversarios, que se aísle, para que ellos tomen el poder. De lo que parece no darse cuenta es de que sus viajes a los estados para supervisar la construcción de una carretera o una escuela o hasta un hospital constituyen un verdadero aislamiento de la realidad, y que esa actitud de soslayar el desafío más ingente que enfrentamos hoy es lo que le da a “los conservadores” o a quien sea la oportunidad de llenar el vacío que usted mismo está dejando. Nada hay más prioritario en la agenda nacional que la pandemia que nos acecha, que va a provocar muchas más muertes de las que ha causado y va a golpear a la economía nacional en la línea de flotación. Entre el pánico y la indolencia existe un justo medio, y es el de crear conciencia de la seriedad de lo que se nos viene encima y propiciar toda la aplicación que sea necesaria y toda la calma que sea posible. En las actuales circunstancias, aislarse no es quedarse en Palacio en diaria comunicación con las y los mexicanos vía las mañaneras y dirigiendo cuantos mensajes sean necesarios por otros medios: aislarse es viajar y ocuparse personalmente de temas que en estos momentos no nos agobian tanto como ese maldito virus.

A usted no le gustan los avestruces ni las medias tintas. Sabe perfectamente que el problema existe, que es muy grave y que no va a desaparecer porque ponga la cabeza en otra parte, y sabe que a este asunto hay que entrarle con todo. No beneficia ni a usted ni a México continuar con sus giras programadas como si no pasara nada y sólo de refilón decir un par de cosas sobre el covid-19, sin volcarse a coordinar los esfuerzos para disminuir el impacto de la pandemia. Entiendo que ese contacto personal con el pueblo lo llevó a donde está, pero la situación cambió y ahora usted puede perder respaldo social si no toma al toro virulento por los cuernos. Y esto incluye, por cierto, la elaboración de un plan de apoyo económico suficiente (no una aspirina) para las mipymes, que no resistirán cerrar un mes y pagar la nómina de sus empleados. Los grandes consorcios pueden aguantar –y los informales tienen programas sociales–; no es el caso de las micro y pequeñas y medianas empresas, que van a quebrar si no se les ayuda. Nadie habla de salvar a banqueros y magnates ni de las obscenidades del Fobaproa; hablamos de mantener vivos los negocitos que dan trabajo a cerca de 80% de la fuerza laboral. Cierto, el presupuesto está cuadrado, no quedan recursos pero sí dos opciones: deuda o postergación de obras. Sé que la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya son proyectos insignia de su gobierno; también sé que la cobija no da más y que es mejor posponer alguno de ellos que endeudarse.

Permítame pedírselo respetuosamente, presidente, en mi calidad de integrante de esa pequeña minoría de mexicanos que no lo odiamos ni lo idolatramos, que reconocemos su honestidad y sus aciertos y criticamos sus errores: asuma el liderazgo del combate al coronavirus. Lo estamos esperando.

Este análisis se publicó el 5 de abril de 2020 en la edición 2266 de la revista Proceso, en circulación

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