Los migrantes mexicanos, ignorados en la vida… y en la muerte

Fosas comunes en Nueva York. Foto: AP photo /John Minchillo Fosas comunes en Nueva York. Foto: AP photo /John Minchillo

Pese a que sus esfuerzos, como cocineros, repartidores y empleados de limpieza y supermercados, permiten al resto de Estados Unidos permanecer en casa, se agrava la situación de desamparo de los indocumentados mexicanos cuando caen enfermos a causa del coronavirus, principalmente en la zona triestatal que comprende Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut. El vivir al margen de la ley por su condición migratoria los ha hecho invisibles ante las autoridades estadunidenses y mexicanas: hay un subregistro sobre su población y sobre la cifra de connacionales muertos por el virus, cuya realidad podría ser tres veces peor.

NUEVA YORK (Proceso).– Guillermo Palacios Flores murió en un hospital de Brooklyn, rodeado de personas enmascaradas de quienes apenas vislumbraba los ojos, que no hablaban su idioma.

Lejísimos de la comunidad de Constancio Farfán, en el estado Morelos, de la que hacía más de 15 años había intentado escapar de la miseria, Palacios Flores falleció sin que nadie le tomara la mano.

Días después de su muerte, el martes 14, su hijo explicó –desde su departamento en el vecindario de East New York– que teme que los restos de su padre terminen en la isla Hart, en la fosa común donde entierran a los marginados de Nueva York. Para evitarlo, debe reunir los 2 mil 200 dólares que le cobra la funeraria para incinerar sus restos. 

“Si yo no pago ese dinero, a mi papá lo van a tener más tiempo en el hospital y de ahí lo van a cambiar para otro lado. Ya después viene la fosa común. Eso es a lo que le tengo miedo”, dijo Gregorio, un seudónimo utilizado para proteger su identidad.

Repartidor de un restaurante, Gregorio fue temporalmente suspendido de su trabajo a mediados de marzo, fecha desde la que carece de ingresos. “Mis amigos tampoco están trabajando y me han ayudado con lo que pueden, cinco o 10 dólares”.

Al dolor de su pérdida, Gregorio añade la preocupación de sobrevivir en un país donde los migrantes son objeto de constante abuso. “Ya mi casero me presionó tres veces porque quiere el dinero de la renta. Le comenté sobre mi papá y respondió que entiende, pero yo lo conozco, en unos días me va a volver a pedir el dinero”.

Palacios Flores es uno de los 258 mexicanos fallecidos al 17 de abril como consecuencia del covid-19 en la llamada zona triestatal (que abarca los estados de Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut), según la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE). El número real de decesos, sin embargo, es más elevado.

“Definitivamente”, las cifras reales son mayores a las oficiales, explicaron a Proceso diplomáticos mexicanos a condición del anonimato. El conteo oficial se basa en los reportes al Consulado en Nueva York, la ciudad considerada como el epicentro mundial de la pandemia, que al lunes 20 registraba más del doble de muertes que toda China.

“La cifra de mexicanos muertos puede ser dos o tres veces más alta. Hay personas que han tratado de comunicarse con el Consulado y que no han podido. Es lo que estamos viendo, que hay muertes que no han sido contabilizadas”, explicó Yesenia Mata, directora de La Colmena, organización civil que atiende a la comunidad mexicana en el condado de Staten Island.

Fragmento del texto publicado en la edición 2269 de la revista Proceso, actualmente en circulación.

 

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