El drama del triage

Bajo el principio de que toda vida es igualmente valiosa, ¿pueden las autoridades médicas hacer una selección con el objetivo de salvar al mayor número de personas? Foto: Germán Canseco Bajo el principio de que toda vida es igualmente valiosa, ¿pueden las autoridades médicas hacer una selección con el objetivo de salvar al mayor número de personas? Foto: Germán Canseco

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso). – Triage es un término francés que viene del verbo trier, que en español es triar. Según el Diccionario de la Real Academia, triar es escoger, separar, entresacar.

En la actualidad, con triage se nombra el procedimiento de selección y priorización de personas a quienes, en circunstancias excepcionales –como los desastres naturales, las guerras y las epidemias– se les otorgan ciertos servicios médicos en función de sus posibilidades de supervivencia.

Bajo el principio de que toda vida es igualmente valiosa, ¿pueden las autoridades médicas hacer una selección con el objetivo de salvar al mayor número de personas? ¿Cuál es el criterio que se va a utilizar en circunstancias como las que vamos a enfrentar?

En la edición electrónica de la revista Nexos (11 abril) tres médicos, un politólogo y un abogado reflexionan acerca del triage.

El artículo de Adrián Soto Mota, Andrés Castañeda Prado, Juan Gutiérrez Mejía, Luis F. Fernández Ruiz y Javier Martín Reyes, titulado “Un dilema inevitable del covid-19: ¿cómo salvar más vidas cuando se acaben las camas?”, parte de dos premisas: a) en los próximos días miles de personas infectadas por el covid-19 necesitarán una cama de terapia intensiva; y b) no obstante los esfuerzos del gobierno mexicano para aumentar la capacidad de atención (comprar más ventiladores mecánicos, ampliar el número de camas y capacitar más personal) la situación será igual de tremenda que en otros países, y pronto los servicios se verán rebasados.

Llegará un momento en el cual el personal médico deberá tomar durísimas decisiones, del tipo de decidir si priorizar a pacientes con mayor probabilidad de vivir.

Los autores señalan que la difícil decisión de a quién priorizar requiere contar con un lineamiento basado en la mejor evidencia científica disponible.

Un criterio de acuerdo con estándares éticos y de derechos humanos evitaría las decisiones arbitrarias y potencialmente estigmatizantes, que no reflejan el verdadero potencial de recuperación y que ponen en desigualdad de condiciones a grupos vulnerables (como los adultos mayores, las personas que viven con VIH y aquellas en situación de calle).

Por ello proponen un método que utiliza siete criterios clínicos: a) edad, b) saturación de oxígeno en la sangre (SpO2), c) diagnóstico previo de hipertensión arterial sistémica, d) elevación de enzimas cardiacas, e) conteo total de leucocitos, f) conteo de linfocitos, y g) elevación de la creatinina.

Por otro lado, el doctor Arnoldo Kraus, uno de los fundadores del Colegio de Bioética, en entrevista con Leo Zuckerman subrayó que en nuestro país se mezclan dos pandemias (la del coronavirus y la de la pobreza) y destacó la complejidad que supone hacer un triage ético en nuestras condiciones.

Él señala que en épocas de guerra resultaba menos difícil la decisión: si llegaba un soldado con una gran herida sangrando, ése era el primero al que había que atender; sin embargo, si hoy llegan dos personas con síntomas similares de covid y sólo queda un respirador, ¿cómo tomar la decisión? ¿Se le da al que llegó unos minutos antes, a quien parece más fuerte, al más joven, al menos enfermo de otros padecimientos?

Kraus sostiene que toda vida es sagrada y al hablar de cómo afecta a los médicos tener que tomar esa decisión, relata que en España varios han caído en depresión por hacer triage.

Tiene razón Kraus al decir que como país llegamos a enfrentar el covid-19 con la desventaja brutal de la pobreza en que se encuentra la mayoría de la población y de la precariedad de los servicios hospitalarios, en especial en las ciudades pequeñas y los pueblos.

En este contexto, ¿qué implica plantearse el triage? Le preocupa la dificultad enorme que significa garantizar el derecho a la salud en el contexto de la pandemia del covid-19, pues difícilmente el Estado mexicano podrá ampliar su capacidad instalada (camas, ventiladores y personal capacitado) en el tiempo requerido ahora. Lo que se avecina es un tsunami en la demanda de atención.

En ese sentido, y ante la probable saturación de los servicios hospitalarios, es que la Secretaría de Salud diseñó un protocolo para salvar el mayor número de vidas posibles, sin discriminar ni afectar derechos.

Aunque el lineamiento cuenta con criterios no discriminadores, pues el triage propuesto evita una selección basada en la edad, la condición social o étnica, y en ciertas enfermedades y precondiciones que, desde un punto de vista técnico, no son adecuadas para determinar la probabilidad de éxito del tratamiento del covid-19, va a ser muy difícil aplicarlo.

Con la presión que se va a vivir, ¿dará tiempo de elaborar un diagnóstico, de contar leucocitos, linfocitos y creatinina?

El contexto está muy complicado por la precariedad. Además, el dilema inexorable radica en que, en cuestiones de salud, cada caso tiene sus propias vulnerabilidades y, al mismo tiempo, una evolución diferente.

No está nada fácil escoger. Por eso, como bien señaló Kraus, el azar puede ser la mejor manera de asignación de camas, ventiladores y personal capacitado.

Lo aleatorio no discrimina, aunque tal vez tampoco maximice la probabilidad de vida del

mayor número posible de personas.

Este análisis se publicó en el número 2269 de la edición impresa de Proceso, en circulación desde el 26 de abril de 2020 cuya versión digitalizada la puedes adquirir aquí 

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