AMLO y su inexistente política cultural

El presidente Andrés Manuel López Obrador y la titular de Cultura, Alejandra Frausto Foto: Octavio Gómez El presidente Andrés Manuel López Obrador y la titular de Cultura, Alejandra Frausto Foto: Octavio Gómez

CIUDAD DE MÉXICO (apro). – Mientras no exista una política cultural de Estado que defina el sentido y misión que tiene la cultura y la creación artística en la gestión presidencial de Andrés Manuel López Obrador, todas las decisiones que promuevan, asuman o gestionen tanto el presidente como sus funcionarios –en particular, la secretaria de Cultura federal, Alejandra Frausto–, resultan arbitrarias.

Y si bien el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) es una instancia sumamente cuestionable por las inapropiadas y dispendiosas becas del Sistema Nacional de Creadores de Arte –Creadores Eméritos y Creador Artístico– que otorga desde 1993, la extinción del fideicomiso del Fonca sin un programa político que guíe el devenir de la creación artística y la mediación cultural, comprueba la ceguera e ineptitud profesional que tiene la gestión gubernamental de AMLO, al no poder significar y utilizar el arte como un recurso de gran riqueza simbólica y económica.

¿Qué sentido, misión y propósito tiene el arte y el fomento a su creación, en la gestión presidencial de Andrés Manuel López Obrador?

Cuando el presidente priista y neoliberal Carlos Salinas de Gortari fundó en 1989 el Fonca con sus cuestionables becas, el objetivo era preciso: cooptar la disidencia intelectual y artística que tenía predilección por su oponente, Cuauhtémoc Cárdenas, gastando “algo de metálico” –como señaló el dramaturgo Hugo Hiriart el pasado 19 de abril en el portal en línea de la revista Letras Libres-.

Convertidas en un botín político desde entonces, las becas eméritas, de 20 salarios mínimos mensuales vitalicios, y de Creadores de Arte, con 15 salarios mínimos mensuales, que pueden repetirse indefinidamente dejando sólo un año de por medio, han sido al mismo tiempo fortaleza y debilidad del Fonca.

Criticadas y defendidas desde su inicio, las becas del Sistema Nacional de Creadores de Arte requieren de una auditoría de desempeño que transparente los beneficios que objetivamente han otorgado a México.

¿Cuántos de los aproximadamente 200 artistas visuales que se benefician cada año con la beca de Creadores de Arte han contribuido con alguna propuesta sobresaliente a la escena del arte contemporáneo posicionándose a nivel nacional e internacional?

Sin ubicar y evaluar el beneficio artístico y cultural que realmente han aportado los artistas a la sociedad mexicana que financia sus becas, el presidente López Obrador, el pasado 16 de abril, sorprendió al develar que en su gobierno el fomento a la cultura y las artes se basa en los mismos mecanismos neoliberales del salinismo: “¿Cómo vamos a dejar sin becas a los creadores? Claro que no. Si nos importa mucho el fomento a la cultura, a las artes, no somos conservadores”.

Si todo se mantiene igual, ¿en qué se diferencia su gestión de las que han impulsado los conservadores que crearon y mantuvieron las becas hasta ahora?

Por lo pronto, como las becas del Sistema Nacional de Creadores de Arte se mantendrán, es indispensable revisar lo que establece el Acuerdo que les dio origen en la gestión presidencial de Carlos Salinas de Gortari.

Con base en lo que señala el Diario Oficial correspondiente al 3 de septiembre de 1993, las becas deben darse durante un tiempo determinado para que los artistas se dediquen exclusivamente a “la obra de creación”.

A lo largo de los años, las becas de Creadores Artísticos se han otorgado no sólo a intelectuales y artistas dedicados exclusivamente a su creación, sino también a funcionarios gubernamentales y académicos de tiempo completo.

Considerando que cuando se creó el Fonca el escenario cultural apenas iniciaba su globalización y que, con ella, las disciplinas artísticas han tenido distintos desarrollos y devenires, es indispensable diseñar una nueva política cultural de Estado que incluya programas de mecenazgo estrictos, diferenciados, incluyentes y útiles para el bienestar personal y social. Impulsar la economía creativa y el mercado del arte podría ser un recurso más efectivo que las becas.

Este texto se publicó en el número 2269 de la edición impresa de Proceso, en circulación desde el 26 de abril de 2020 y cuya versión digitalizada la puedes adquirir aquí

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