En busca de nuevos “Pactos de la Moncloa”

Pedro Sánchez, presidente del gobierno de España Foto: AP Manu Fernández Pedro Sánchez, presidente del gobierno de España Foto: AP Manu Fernández

Tras la muerte de Franco, España buscaba reconstruirse, y lo consiguió gracias a los certeros Pactos de la Moncloa. Casi medio siglo despúes y ante un escenario económico catastrófico derivado de la pandemia, el gobierno español propone un nuevo pacto, uno similar a aquellos que en 1977 empezaron a construir la democracia. Pero ahora el mandatario Pedro Sánchez se topa con las críticas y los obstáculos de la ultraderecha.

MADRID, Esp. (Proceso).- España, uno de los países más castigados por la pandemia del coronavirus, mantendrá las estrictas medidas de alarma –el confinamiento de la población– por lo menos hasta el 9 de mayo, mientras la curva de contagios y fallecimientos se va aplanando muy lentamente.

El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, anunció que el fin del confinamiento está aún lejano, que las medidas se irán “desescalando de forma lenta y gradual” para hacerlo “más seguro” y no descarta que pueda haber “pasos atrás” en esa estrategia. “No vamos a correr ningún riesgo que nos lleve de vuelta a la dolorosa situación de la que venimos”. Los expertos, asegura, “nos han pedido que lo hagamos con cautela”.

A la grave crisis sanitaria –el balance del jueves 23 arrojaba más de 213 mil contagiados y 22 mil muertos– se suma el abismo económico al que se asoma el país tras la obligada “hibernación económica”.

Por ello, Pedro Sánchez convocó a una mesa de negociación política para “la reconstrucción económica, social y política” del país.

Lo anunció como los “nuevos Pactos de la Moncloa”, aquellos que en 1977, gracias a un amplio consenso de todas las fuerzas de izquierda y de derecha, sentaron las bases económicas, jurídicas y políticas para la actual etapa democrática del país.

Y no es para menos, pues a causa de la crisis sanitaria se prevé que la economía española sufra una contracción “sin precedente en la historia reciente”: caerá este año entre 6.6% y 13.6% del PIB, según las estimaciones preliminares del Banco de España.

Y el paro laboral se disparará desde 13.7% que había en 2019 hasta 21.7%. Para el Fondo Monetario Internacional, España sufrirá una caída histórica de 8% del PIB este año y con más de 4 millones de parados.

La última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas arroja que nueve de cada 10 españoles creen que todos los actores políticos y económicos deben alcanzar acuerdos con el gobierno para enfrentar la actual situación.

No obstante, Sánchez se topa con la oposición de derecha más beligerante, incluso desleal, que busca hacerle pagar políticamente por las víctimas por el coronavirus, pese a que la gestión implica a las comunidades autónomas, donde gobiernan los partidos críticos.

Pablo Casado, dirigente del Partido Popular (PP), el principal de oposición, le ha reprochado la “negligencia dolosa” de la gestión de la emergencia sanitaria, mientras su portavoz, Teodoro García Egea, llegó a acusar a Sánchez de incurrir en “una deriva autoritaria” por el confinamiento de los españoles “en un régimen socialcomunista”.

Vox, el partido de extrema derecha y tercero en representación parlamentaria, ha rebasado todos los límites incluso difundiendo en redes sociales noticias falsas y burdos montajes para atacar al gobierno, como una fotografía de la madrileña Gran Vía llena de ataúdes, por demás falsa.

Su dirigente Santiago Abascal ha pedido reiteradamente la renuncia de Sánchez y del vicepresidente Pablo Iglesias, para formar un “gobierno de concentración”, es decir tumbar al gobierno para conseguir lo que no les dieron las urnas.

Desde la tribuna del Parlamento, la portavoz de Vox, Macarena Olona, llamó a Sánchez “Pedro el sepulturero”, achacándole los muertos por la pandemia.

Y añadió: “Se empeñó en ­desenterrar a un muerto y acabó ­enterrando a miles”, en alusión a la ­exhumación del dictador Franco y ahora con las víctimas del coronavirus.

El domingo 19 el gobierno de coalición cumplió sus primeros 100 días en el poder; sin embargo, su periodo de gracia ­quedó sepultado por la pandemia. Tampoco le dan tregua la oposición ni los medios afines a la derecha (el sarcasmo popular los denomina la “caverna mediática”), y algunos empresarios han convertido en objetivo al vicepresidente Iglesias y presionan para que Sánchez abandone su pacto con Podemos, y alcance acuerdos con el PP y con Ciudadanos (C’s).

Por ejemplo, el día que el gobierno anunció las medidas del “escudo social”, como prohibir desahucios, ofrecer microcréditos a los inquilinos y ayudas a las empleadas del hogar, el diario ABC tituló: El gobierno antepone la ideología a la recuperación, y en su epígrafe señala que se anunció “un alud de medidas para ‘rescatar’ a los más vulnerables”.

El golpeteo incluye el equívoco de la administración al valorar la peligrosidad del virus cuando las noticias en Italia mostraban su gravedad, en particular por haber permitido la manifestación feminista del 8 de marzo, un acto de Vox y varios partidos de futbol un fin de semana que resultó crítico. Y luego, por la tardanza y cierta torpeza en la puesta en marcha de las medidas de choque para atajar el contagio.

“La puerta”

El historiador Xavier Casals sostiene que es “lógica” y “sensata” la convocatoria para alcanzar pactos políticos para salir de la crisis, si bien aún no es el momento de valorar sus alcances. A eso se suma el reclamo de un sector de la población que exige a los políticos que se pongan de acuerdo.

Especialista en la extrema derecha, en el fenómeno del populismo y en la transición española, Casals explica en entrevista que no es partidario de llamarlos “nuevos Pactos de la Moncloa”, porque éstos han sido “demasiado idealizados”, pero cree que un nuevo pacto sería “la puerta” a unos “acuerdos de fondo para ensanchar el sistema político”, porque el andamiaje jurídico, económico y político que derivó de aquellos pactos de La Moncloa de 1977, en este momento “ya son obsoletos”.

“Los Pactos de La Moncloa en el fondo sirvieron para crear un escenario de estabilidad para cambiar las reglas del juego. Cuarenta años después hay un nuevo escenario que tiene grandes problemas para recomponer un tejido económico y social, porque el sistema ya es obsoleto, no logra integrar a las nuevas generaciones, que cada vez son más legión y quedan fuera del llamado constitucionalismo; es decir que es un problema estructural”, explica.

Casals sostiene que “la España actual nada tiene que ver con la de 1977”, porque hoy está inserta en “la globalización y la digitalización”, su población se concentra en grandes núcleos urbanos, mientras tiene desatendido el fenómeno de la despoblación, la llamada “España vaciada”, que es la gran corona de la región central que representa 53% de la superficie del país (Aragón, Extremadura, las dos Castillas) donde sólo vive 15.8% de la población.

Abunda: “El 60% de la población actual no había nacido o era muy pequeña ­cuando murió Franco (1975). El sistema político de la transición (bipartidista) no ha sabido encajar a nuevos partidos nacionales, como Ciudadanos (en 2006); Podemos (2014) y Vox (2013), con distintas respuestas generacionales a un marco institucional posfranquista, además de otros nacionalistas y regionalistas”.

Esto hizo que “España se homologara” a otras naciones del entorno donde privan la fragmentación política, complicación del acuerdo y una mayor estridencia. Los dirigentes de estos tres partidos (Albert Rivera, quien renunció en 2019; Pablo Iglesias y Santiago Abascal) son de esa generación de la transición.

“Es común escuchar que se habla de ‘la Constitución que se dieron los españoles’, pero eso no se rubrica genéticamente durante generaciones. Requiere adecuaciones, si no, se convierte en un corsé que no da cabida natural a nuevas generaciones, ni a la clase media urbana formada.”

Por todo ello, Casals sostiene que “este escenario que dibujó el posfranquismo se agrietó desde el arribo de los indignados, el 15 de mayo de 2011, con el inicio de la crisis catalana, la irrupción de los nuevos partidos. Si miramos, eso se da entre 2011 y 2019, hasta el arribo del gobierno de coalición.

“Por eso hay que ensanchar el sistema. Por eso, el acuerdo que plantea Pedro Sánchez insinúa un camino para buscar ese horizonte de pactos, que no sólo plantearía un acto de reconstrucción, sino un ensanchamiento de las bases de este sistema que tiene dificultades para integrar a todos sus actores, a la derecha y a la izquierda. El problema es que hasta ahora no hay un diagnóstico, pero se irá viendo como se tenga el escenario completo del impacto de esta crisis.”

La sombra de Aznar

En el diálogo por videoconferencia que Casado sostuvo con Sánchez, ambos acordaron llevar a una comisión legislativa las negociaciones para la reconstrucción por la pandemia y no en La Moncloa, sede del gobierno, como pretendía el mandatario, con el fin de restarle protagonismo y control sobre el acuerdo al líder socialista.

Sánchez cedió pero propuso extender la oferta de concertación a las 17 comunidades autónomas, lo que rompe la pinza del PP en el Congreso y le da mayor margen de maniobra a C’s, que ha mostrado disposición a alcanzar acuerdos.

A regañadientes Casado apoyó extender en tres ocasiones el estado de alarma solicitado en el Parlamento por el gobierno, pero no se ha reservado sus duras críticas, como este miércoles 22, cuando le dijo al mandatario que en el PP están “hartos de un gobierno al que le sobran soberbia, incompetencia y mentiras”.

Esa estrategia del PP la ha marcado el expresidente José María Aznar, quien desde su Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales publicó un editorial en el que le pide a Sánchez romper su alianza con Unidas Podemos para recibir el apoyo del Partido Popular.

Es conocida la cercanía de Casado con Aznar y con su fundación de corte liberal-conservador, donde el hoy dirigente del PP trabajó, así como varios de sus actuales colaboradores.

“Estamos ante un gobierno fallido y el destino de los proyectos fallidos es el de ser olvidados y, en último término, sustituidos. Si Sánchez plantea los pactos como una forma de apuntalar su fórmula de gobierno con Podemos y los demás acompañantes, simplemente fracasará. Si el PSOE se abre a una cooperación leal, ­abandonando iniciativas y compañías desestabilizadoras del marco constitucional y con una hoja de ruta razonable y pactada para salir de la crisis que tenemos encima, la aritmética parlamentaria no debería ser su mayor preocupación”, señala el editorial.

Añade que un acuerdo no debe incluir “ni reformas constitucionales ni cambiar el modelo territorial para satisfacer las demandas de los nacionalistas e independentistas”. Y critica que “los comunistas” de Podemos dicten algunas decisiones, como impulsar “la renta mínima permanente”, que es un ingreso económico para las familias vulnerables y cuya autoría se atribuye Iglesias.

Destaca la sintonía que con este editorial tuvo el manifiesto que encabeza el Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, desde la Fundación Internacional para la Libertad que preside, donde aboga para que “la pandemia no sea un pretexto para el autoritarismo”.

Este texto señala que “en España y Argentina dirigentes con un marcado sesgo ideológico pretenden utilizar las duras circunstancias para acaparar prerrogativas políticas y económicas que en otro contexto la ciudadanía rechazaría resueltamente”, una crítica a las medidas del “escudo social” que ha anunciando el gobierno de coalición.

El manifiesto del escritor incluye el caso de México, donde “arrecia la presión contra la empresa privada y se utiliza el Grupo de Puebla para atacar a los gobiernos de signo distinto”. Entre los firmantes hay varios expresidentes, como el mexicano Ernesto Zedillo y el propio Aznar.

Más mesurado en su tono, el expresidente socialista Felipe González asegura que con la actual crisis existen “más mimbres” para un pacto que en 1977, sin embargo advierte sobre la tentación de Unidas Podemos, de “cambiar el modelo constitucional o romper las reglas de juego de la Unión Europea”. En tal caso “el gobierno no debe ni puede tolerarlo”.

Pidió “ser muy respetuosos con la Constitución”, tanto del modelo del Estado social como del modelo descentralizado y autonómico. “Los que se salgan de ese perímetro se equivocan”.

Las continuas presiones para esa ruptura han conseguido que Sánchez e Iglesias hayan refrendado su alianza; incluso el presidente involucró a su socio en el comité de crisis por la pandemia.

La portavoz del gobierno, María Jesús Montero, advirtió que en las negociaciones de un pacto “la coalición de PSOE y Unidas Podemos no será una moneda de cambio”.

“Este es un gobierno fuerte y cohesionado con la capacidad de poder impulsar esta gran convocatoria al conjunto del país. A eso llamamos al resto de formaciones, no para ventajas partidistas o deseos que no se van a producir”.

Casals les resta cierta importancia; considera que González y Aznar son “voces tutelares”, pero añade: “Me pregunto qué tanto arraigo tienen en un clima de opinión extendido. Una cosa es pontificar desde sus tribunas y posiciones económicas y políticas como expresidentes y otra cosa es la realidad política y social del país”.

Este texto forma parte del número 2269 de la edición impresa de Proceso, publicado el 26 de abril de 2020 y cuya versión digitalizada la puedes adquirir aquí

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