Jaime Montejo, siempre entre nosotres

Jaime Montejo Jaime Montejo

Además de muy doloroso para mí, el fallecimiento de Jaime Montejo, uno de los activistas más heroicos y ejemplares que he conocido, es una gran pérdida para la sociedad.

Él era parte esencial del equipo que, con el nombre de Brigada Callejera, sostiene una labor de apoyo y defensa a trabajadorxs sexuales, migrantes e indígenas.

Lo conocí a principios de los noventa, cuando junto con su mujer, Elvira Madrid, y su cuñada, Rosa Icela Madrid, apoyaban a las trabajadoras sexuales de la Merced.

Discípulos de Francisco Gomezjara en la UNAM, dejaron la universidad para dedicarse de lleno al activismo. Muy pronto se dieron cuenta de que necesitaban tener “personalidad jurídica” y fundaron entonces una asociación civil sin fines de lucro, apartidista y laica, para hacer la defensa y la capacitación política a mujeres trabajadoras sexuales de la calle.

Preocupados por la situación de vulnerabilidad laboral de este sector de la población, Brigada Callejera asumió la tarea de poner en contacto a trabajadoras de distintas entidades de la República mediante la realización de encuentros nacionales cada año.

Un objetivo fue que pudieran compartir sus experiencias y se fuera resignificando colectivamente la identidad de trabajadoras y así exigir derechos laborales.

Desde el I Encuentro Nacional de Trabajadoras/es Sexuales, en 1997, se estableció la Red Mexicana de Trabajo Sexual como un dispositivo para operar políticamente, y se hizo una Cartilla de Derechos Humanos de las Trabajadoras Sexuales en México. Y desde entonces cada año Brigada Callejera coordina el encuentro nacional.

Son muchas las iniciativas estratégicas que ha desarrollado Brigada Callejera. Su labor de acompañamiento a una cooperativa de trabajadoras logró ganar, luego de 15 años de litigio, un amparo por las licencias de “trabajador no asalariado”.

Su proyecto de comunicación incluye tanto historietas de muy fácil lectura e ilustradas como cómics, hasta publicaciones “serias”, que van desde manuales a informes. Estableció un taller de periodismo, coordinado por la periodista Gloria Muñoz, con la participación de varias trabajadoras/es sexuales y que ya publicó un libro de testimonios.

También puso en circulación un “seminario itinerante sobre trabajo sexual en México”, con el nombre de Francisco Gomezjara, con el objetivo de debatir públicamente las condiciones del comercio sexual, el abuso de las autoridades y la confusión que las personas neoabolicionistas hacen entre el comercio sexual y trata.

Jaime insistía que la lucha por los derechos de lxs trabajadorxs y el combate a la trata van de la mano. De ahí que Brigada sea parte de la Red Latinoamericana y del Caribe Contra la Trata de Personas, capítulo regional de la Alianza Global Contra la Trata de Mujeres (The Global Alliance Against Traffic in Women).

Además, el equipo de Brigada, muy preocupado por la situación de las centroamericanas migrantes indocumentadas que encuentran en el trabajo sexual una forma de subsistencia, abrió un centro de atención en Tapachula.

Imposible dar cuenta del impresionante trabajo que Jaime llevó a cabo junto con Elvira, Rosa Icela y les demás compañeres del equipo. Por cierto, debido a ese trabajo el año pasado el Conapred les otorgó el Reconocimiento por la Igualdad y la no Discriminación 2019, en la categoría institucional.

Cuando empezó la epidemia de Covid las trabajadoras sexuales callejeras no sólo se quedaron sin trabajo, sino que a muchas las corrieron de los hoteles donde pernoctaban.

Brigada Callejera estableció un acuerdo con la Secretaría de Gobierno de la CDMX para dotarlas de un albergue y recursos. Seguramente en la entrega de las despensas Jaime se contagió.

Su partida me deja desconsolada, pero también indignada. A Jaime, no lo mató solo la covid, sino también la burocracia del IMSS y del Insabi. El martes 28 de abril por la tarde me habló Elvira, angustiada porque Jaime se había puesto muy mal y los habían rechazado ya en tres hospitales. Le hablé a una amiga que conoce el sistema de salud y me recomendó que fueran al INER, donde todavía había camas. Sintiéndose pésimo llegaron a Tlalpan, pero después de una “evaluación” también ahí lo rechazaron.

Con 56 años, diabético y con sobrepeso Jaime era por definición un caso muy vulnerable. Entonces un amigo que es alto funcionario del IMSS me dijo que lo llevaran al Hospital del Instituto en Coapa. Cuando llegaron pasó lo mismo. Jaime no era derechohabiente. Mi amigo intercedió, pero fue en vano. Entonces le consiguió una cama en el Hospital ABC, pero se requería que el Insabi lo avalara… y se negó.

En la madrugada del miércoles, agotados y deprimidos, regresaron a su casa. Jaime ingresó el jueves al Hospital General ya muy grave. Murió en la madrugada del martes 5.

Siento rabia por la negligencia del IMSS Coapa y del Insabi, y me quedo con la duda amarga de si Jaime se hubiera podido salvar si el martes hubiera sido aceptado en un hospital.

Espero que el ejemplo del largo y profundo compromiso de Jaime Montejo por construir otro mundo más justo y menos desigual para todas las personas nos ayude a superar su partida. En especial se lo deseo a Elvira y al equipo de Brigada, pues necesitamos que sigan en la lucha.

Este texto forma parte del número 2271 de la edición impresa de Proceso, publicado el 10 de mayo de 2020 y cuya versión digitalizada puedes adquirir aquí

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