Enfermedad de Kawasaki: el viacrucis de Paloma, una sobreviviente de cuatro años

Hospital infantil Necker de París, donde fue atendida Paloma por la enfermedad de Kawasaki. Foto: Twitter @hopital_necker Hospital infantil Necker de París, donde fue atendida Paloma por la enfermedad de Kawasaki. Foto: Twitter @hopital_necker

PARÍS (apro).-  Paloma es una de los 55 menores de edad franceses afectados por una forma atípica de la enfermedad de Kawasaki. Salió del hospital infantil Necker de París el pasado 5 de mayo, día en que cumplió 4  años, pero sigue bajo estricta vigilancia médica.

Esa patología infantil rara, que en “tiempo normal” concierne un número sumamente reducido de niños, surgió repentinamente hace un mes en plena pandemia de coronavirus en Francia, Italia, España, Bélgica, Suiza y el Reino Unido. Se reportan casos también en Nueva York, epicentro de covid-19 en Estados Unidos, y desde hace dos días en el estado de  Conneticut.

Hasta la fecha ningún pequeño paciente europeo –se habla de más de 100 chicos– ha fallecido por culpa del síndrome de Kawasaki, que en cambio causó la muerte de tres de los 73 muchachos hospitalizados en Nueva York.

Los especialistas no disponen de suficientes pruebas científicas para determinar los lazos  precisos que unen covid-19 y la enfermedad de Kawasaki.

Sarah, madre de Paloma, cuenta al semanario femenino galo Marie Claire el viacrucis de su hija, el suyo propio y de su esposo que duró diez días, del 26 de abril al 5 de mayo.

Según asegura su relato, que apro reproduce a continuación, tiene un objetivo muy claro: alertar a padres de familias y pediatras sobre esa nueva enfermedad para evitar que se dejen confundir por sus síntomas y tarden demasiado en tratar a los jóvenes pacientes. Cualquier atraso puede resultar fatal.

La nota publicada en el sitio web de Marie Claire.
La nota publicada en el sitio web de Marie Claire.

“Paloma empezó a tener fiebre el domingo 26 de abril. Al día siguiente despertó con los ojos hinchados como si tuviera edemas. Tuvimos una teleconsulta con nuestro pediatra que se quedó pensativo. El martes 28 el estado de salud de Paloma empeoró. Tenía problemas para respirar y se notaba muy cansada. Fuimos al consultorio de nuestro pediatra que diagnosticó una faringitis. Por la noche nuestra hija se veía aún peor. Su forma de respirar me asustó y, por si eso fuera poco, le empezaron a salir ronchas en las mejillas.

“En la noche del 28 al 29 mi marido y yo salimos precipitadamente con la niña para llevarla al servicio de urgencia del hospital más cercano de nuestro domicilio. Acabamos de leer en la prensa los primeros reportajes sobre la enfermedad de Kawasaki y los mencioné al médico que nos atendió porque Paloma presentaba síntomas similares a los descritos en los diarios. Pero el médico no me hizo caso. Diagnosticó una angina bacteriana y recetó antibióticos.

“El miércoles 29 el estado de Paloma era aún más alarmante. Tenía los labios hinchados y agrietados y padecía una fiebre altísima que no bajaba a pesar de las tabletas de Doliprane que tomaba. Estaba realmente muy mal. Decidimos entonces llevarla a París al servicio de urgencias del hospital infantil Necker. Llegamos por la noche.

“Ahí varios médicos la auscultaron con sumo cuidado. Le tomaron muestras de sangre. Al rato, cuando llegaron los resultados nos anunciaron que se debía hospitalizar a la niña y que nos iban a poner en cuarentena en habitaciones covid porque sospechaban una infección.

“Al principio los médicos no sabían si se trataba de monucleosis o de la enfermedad de Kawasaki. Pero finalmente optaron por diagnosticar el síndrome de Kawasaki. En estas fechas una veintena de niños ya estaban hospitalizados en Necker por la misma razón, lo que no dejaba de ser muy asombroso porque se trata de una enfermedad rara. Un miembro del equipo médico me dijo inclusive que  acostumbraban tener un máximo de dos casos de Kasawaki al año.

“También me di cuenta de que mi hija no tenía el perfil ‘típico’ de los niños que  padecen esa enfermedad. Paloma gozaba de una salud excelente y no tenía antecedentes médicos.

“Cuando llegaron los resultados de las pruebas serológicas resultó claro que nuestra hija había creado anticuerpos contra covid-19. Los médicos me dijeron que, al igual de lo que pasaba con los otros niños hospitalizados en Necker, la enfermedad de Kawasaki que afectaba a Paloma era probablemente una reacción a posteriori a covid-19.

“Trataron de inmediato a mi hija con una gran cantidad de medicinas que le administraron mediante perfusión. Cada día se le tomaba prueba de sangre y de orina. Se vigilaba sus constantes vitales día y noche, cada 15 minutos, para ver cómo reaccionaba al tratamiento. También fue sometida a ecografías y electrocardiogramas porque la enfermedad de Kawasaki puede afectar gravemente las arterias, el corazón  y otros órganos.

“Le hicieron además tres pruebas de covid-19. Los resultados fueron todos negativos, lo que demostró que la niña ya no estaba infectada por el virus y que por lo tanto había dejado de ser contagiosa. Los cuatro primeros días de su hospitalización Paloma tuvo una fiebre muy alta pero de repente padeció una fuerte hipotermia causada por efectos secundarios de una de las medicinas de su tratamiento.

“Luego su estado empezó a mejorarse progresivamente. Después de una semana de hospitalización le dieron de baja. Fue el 5 de mayo, el mero día de su cumpleaños. Paloma pudo festejar sus cuatros añitos en casa.

“Mi hija no sufre lesiones cardiacas ni de cualquier otra índole. Pero los médicos nos avisaron de que debíamos mantenernos alertas porque en el futuro pueden surgir secuelas. La niña se salvó porque, con todo y todo, fue atendida a tiempo. Pero hay otros chicos que no tuvieron tanta suerte y que todavía se encuentran en unidades de reanimación.

“Paloma sigue estando bajo estricta vigilancia médica. El jueves próximo tiene cita para una ecografía del corazón y pruebas de sangre. Nos tocará hacer lo mismo la semana siguiente. Los médicos nos avisarán luego de los nuevos procedimientos. Por el momento le recetaron cortisona y aspirina. Su estado de salud actual parece satisfactorio. Paloma se siente feliz de estar de nuevo en casa y de jugar con su hermanita, pero es obvio que sigue bastante traumada por esa pesadilla.

“Lógicamente vivió muy mal su hospitalización. Se notaba muy temerosa y pegaba gritos cuando las enfermeras o los doctores se acercaban de ella para atenderla o tomar sus constantes vitales. No hay que olvidar que todo el personal médico viste ropa de protección bastante aparatosa, sin hablar de sus lentes integrales, pantallas faciales y guantes… Todo eso le impresionaba muchísimo.

“A pesar del ‘vaporizador relajante’ que se usó para serenarla, me tocó inmovilizarla a fuerza para facilitar la tarea de las enfermeras cada vez que le hacían pruebas de covid. En estos momentos percibí en sus ojos una extraña mezcla de depresión y coraje. Nunca antes había visto semejante expresión en la mirada de mi hija.

“Yo misma estaba traumada por todo eso. Entonces, imagínense, lo que fue para una niña de su edad. Además no teníamos derecho de ver a su padre, lo que era normal teniendo en cuenta la situación, pero ella no podía entenderlo.

“Hoy Paloma no permite que nadie le toque el pecho y no quiere que se le quiten los electrodos que siguen pegados en su bustito. Nos dice que se ha vuelto una chica mala a causa del virus y que los médicos no son buenas personas”.

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