La Fura Dels Baus virtual

La compañía española La Fura dels Baus se puso a trabajar, en medio de la pandemia, una propuesta virtual inspirada en la tragedia de Macbeth de Shakespeare

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Sin el acto de la presencia, el teatro es otra cosa: experimentos, experiencias, acercamientos, eclecticismo, interdisciplina y diferentes salidas que los hacedores de teatro le dan a su creatividad.

No es un ritual colectivo vivo, aunque algo es el vislumbrar al otro en una cuadrícula; no olemos ni sentimos la tensión y los silencios colectivos ante lo que observamos, y desde la soledad presenciamos todo a través de una pantalla. El teatro filmado en un día de función para transmitirse después, es sólo un registro.

Los experimentos virtuales con el teatro como sustancia son otra cosa que apenas está por definirse y de la que nosotros somos testigos. Es triste y desolador ser un espectador solitario, pero no deja de llamar la atención la imaginería lanzada a los medios digitales para seguir haciendo teatro.

La compañía española La Fura dels Baus, con 40 años de historia, se puso a trabajar, en medio de la pandemia, una propuesta virtual inspirada en la tragedia de Macbeth de Shakespeare. La prepararon durante 20 días divididos en cinco grupos, con algunos artistas invitados de Latinoamérica, llevando a cabo espacios escénicos y propuestas visuales desde sus casas y en reuniones a distancia, para conjuntarlas en un proyecto de impacto. Presentaron La maldición de la corona el 28 de abril con 3 mil personas observando y lo retransmitieron el 8 de mayo para subirlo a Youtube con todo y la apertura de micrófonos para los creadores, al final de la transmisión. En esos dos días utilizaron la aplicación Kalliope para la experiencia inmersiva, a través de la cual daban las instrucciones.

El formato base para la propuesta de esta reinterpretación de Macbeth fue la videoconferencia a la que ahora estamos tan acostumbrados. El juego sucedía a través de las cuadrículas donde se observaba a cada uno de los actores en su actuación, y se rompía, se disolvía o se volvía en una imagen única.

Cada acto estaba a cargo de un grupo creativo. Y, aunque realizadas por separado, las unificaba la estética de la Fura que lleva desarrollando desde 1979; lo grotesco, lo agresivo, la trasgresión, lo inusual, lo sobrecargado y hasta el ridículo; con el equipo que trabajó las resoluciones tecnológicas se complejizaba la visión.

En absoluto es una propuesta anecdótica, pero sí toma ítems de la tragedia para ir develando guías fundamentales, como la idea de cómo una decisión cambia la vida de un personaje y lo va conllevando al despeñadero. Hay objetos clave que se resignificaron, como el cuchillo, y cuya escena de Shakespeare es memorable. Aquí vemos, por ejemplo, a cada uno de los actores en medio de la oscuridad de su respectiva cuadrícula, donde sólo con el rostro iluminado juegan con el cuchillo en su lengua o su rostro. En diferentes momentos la sangre chorrea y termina manchando y armonizando la multiplicidad de imágenes en una sola.

En otros momentos vemos a los personajes trastocados digitalmente y acompañados de conversaciones a través de mensajes. O un juego de Pac-Man que se apodera de la pantalla donde las cabezas de los personajes transitan. Frases de Macbeth se repiten y repiten en diferentes contextos y van dando apenas unos cuantos contenidos a la propuesta. Hay mucho despliegue de tecnología visual y poca experimentación con la sustancia. Es un diseño virtual sobrecargado de imágenes eclécticas mezcladas aleatoriamente.

La maldición de la corona es un espectáculo virtual con gran complejidad de imagen, que tiene mucho de apantallador. Sin embargo, le falta la fuerza y la violencia escénica que La Fura dels Baus impone con el manejo de su cuerpo en espacios no convencionales y su provocadora interacción con los espectadores.

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