Voces de la pandemia | Cuando el covid se gestiona con eficiencia

Una enfermera que trabaja en un gran hospital de Berlín describe su experiencia con la eficiente gestión alemana de la pandemia. Foto: Especial

Una enfermera que trabaja en un gran hospital de Berlín describe su experiencia con la eficiente gestión alemana de la pandemia.

BERLÍN (proceso).- En el hospital armamos un altar de difuntos. Queríamos hacer una grulla de origami por cada uno de los pacientes que se despedía. Si, por ejemplo, en mi turno partía el señor F, yo tendría la oportunidad de despedirme de él mientras hiciera su grulla. En esos cinco minutos recordaría su persona –lo mucho o poco que lo conocí– y le desearía un buen camino, al tiempo que encendería una vela y colocaría una flor.

Cuando hace casi dos meses me informaron que formaría parte de la unidad de cuidados postintensivos para pacientes de covid-19 sentí, claro, miedo. Pero más allá de un temor a contagiarme, sentí temor a tener que atender a una cantidad muy grande de pacientes. Creo que el mayor miedo que puede tener una enfermera es justamente tener un número de pacientes tan alto que no pueda atender cada una de sus necesidades. Y eso era, al menos para mí, mi mayor temor.

Eso sucedió justamente a mediados de marzo, cuando la pandemia golpeaba con mayor fuerza a Europa y en Alemania teníamos sólo la referencia de lo que estaba sucediendo en Italia y España. Por eso, en un primer momento en mi hospital pensamos que podríamos enfrentar escenarios similares

Y para ello nos preparamos. En la Charité de Berlín, el hospital-universidad donde trabajo y el segundo más grande de su tipo en toda Europa, hubo una reestructuración total. La consulta externa, junto con todas las áreas de medicina que no eran esenciales y de emergencia, se cerraron. Todas las operaciones programadas se cancelaron. Con esto se ­incrementó la capacidad de camas y de personal para atender las necesidades de los tres niveles de atención que se instrumentaron para los pacientes de covid-19: el cuidado intermedio, cuidado intensivo y el postintensivo.

Dentro de mi unidad hubo incluso reuniones en las que planteamos escenarios que buscaban resolver no sólo la atención debida a los contagiados, sino también a los familiares. Al tratarse de una enfermedad en donde, por lo fulminante y peligrosa, muchas veces no es posible la despedida, buscamos alternativas y opciones sobre cómo apoyar a los que se quedan. ¿Qué hacer en caso de muerte de una persona cuyo cónyuge es también positivo, aunque sin síntomas, pero que por ello no puede dejar la cuarentena en su casa? ¿Ayudaría como consuelo una llamada telefónica con la enfermera que lo atendió en sus últimas horas? ¿Habría quien quisiera una última foto de su familiar? ¿Sería necesaria la visita a domicilio de un trabajador social?

Pero los peores temores no se cumplieron. O no hasta el momento. La cuarentena sí ha funcionado. Aunque la gente no lo note, en el hospital lo vimos cada día. Quedándose en su casa, los berlineses lograron que el contagio se ralentizara y eso nos ha permitido gestionar la enfermedad de forma eficiente. Si todo se da lento, con calma, hay entonces oportunidad de que los contagiados que requieren atención hospitalaria se recuperen y entonces los que lleguen después tengan espacios para ser atendidos. Es la regeneración de lugares.

En todo este tiempo sólo tuve que despedir a un paciente. Era muy mayor y lo trasladaron a nuestra unidad porque no había más que hacer. No pude cruzar con él ni una palabra porque siempre estuvo inconsciente. En otros turnos mis compañeras han despedido a otras tres personas. El resto, por fortuna, han sido dados de alta sanos.

Lo último que hablo con ellos es de la enfermedad. La mayoría lleva más de dos semanas en el hospital y siempre hay alguien que les pregunta algo en referencia a eso: que dónde creen haberse infectado, etcétera. Y obvio que llega un momento en que ya no quieren hablar de ello. Así que yo no les toco el tema, sólo si ellos quieren hablarlo, los escucho. Lo que sí, es que la mayoría de ellos agradecen mucho la atención recibida y coinciden en decir que nunca hubieran imaginado que el virus los alcanzaría.

Y yo en absoluto me siento especial por atender a pacientes con coronavirus, es mi trabajo y lo hago con gusto. Lo veo como un virus más, al cual debo tenerle respeto. Mi prioridad es trabajar concentrada para no cometer errores e infectarme y ofrecer la atención de calidad que merecen los pacientes.

* Enfermera mexicana especializada en neurología. Trabaja en la unidad de cuidados postintensivos por covid-19 en el hospital-universidad Charité de Berlín.

Este texto se publicó el 24 de mayo en el número 2273 del semanario Proceso, en circulación

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