Cerro de San Pedro: la declaratoria tardía

El Cerro de San Pedro devastado por la actividad minera. Foto: Tomada de Twitter @claucampero El Cerro de San Pedro devastado por la actividad minera. Foto: Tomada de Twitter @claucampero

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).- Según el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el expediente para declarar Zona de Monumentos Históricos al Cerro de San Pedro, en San Luis Potosí, con el fin de proteger 103 edificios construidos entre los siglos XVI al XIX en un área de alrededor de 500 metros cuadrados, está “casi listo”.

Sólo que llega veinte años tarde, cuando la devastación es irreparable.

Desde el año 2000 diversas organizaciones, activistas e intelectuales –como los fallecidos escritores Carlos Montemayor y Carlos Monsiváis y Conchita Calvillo de Nava, viuda del doctor Salvador Nava, además de Elisa Vargas Lugo, Mario Martínez y el historiador Juan Carlos Ruiz Guadalajara (los últimos dos prácticamente han estado involucrados en el asunto durante esas décadas)–, asumieron la defensa del emblemático poblado.

Ello frente al riesgo de destrucción ecológica y cultural que enfrentaría al autorizarse la explotación de las empresas mineras canadienses Metalica Resources Incorporation y Glamis Gold Limited, a través de la Minera San Xavier.

Se pidió desde entonces la declaratoria de zona. Originalmente se hablaba de la existencia de 400 monumentos en riesgo –entre ellos dos iglesias de los siglos XVII y XVIII, San Nicolas Tolentino y San Pedro Apóstol–, todos catalogados por el INAH y vinculados a la historia minera de la región. Las peticiones fueron desoídas.

El proyecto de explotación también fue cuestionado por devastador, ya que emplearía el método de tajo a cielo abierto, en el cual se utilizan explosivos para volar las minas y no entrar por túneles. Asimismo, grandes cantidades de cianuro para lavar el oro y la plata extraídos. Se advirtió que representaba riesgos para la salud de la población de Cerro de San Pedro y la propia ciudad de San Luis Potosí, pues contaminaría los mantos freáticos que la dotan de agua y afectaría la flora y fauna endémicas de la región.

El 11 de septiembre de ese año la revista Proceso publicó un reportaje en el cual se describió que el sitió contaba apenas con un centenar de familias como habitantes, y estaba “sumido en el abandono histórico, arruinado en su patrimonio monumental y con un entorno ecológico ya de por sí erosionado

Se iniciaba con el nuevo siglo una historia a la cual no se le ha puesto punto final. La minera anunció en 2015 que se iba del poblado, pero hasta diciembre de 2019 continuaba con su plan de cierre, que ella misma ha calificado de “buenas prácticas”, aunque el deterioro del ambiente puede verse a simple vista.

El proyecto obtuvo desde su origen totas las autorizaciones de las instituciones federales y estatales, incluido el visto bueno del INAH, dirigido entonces por Luciano Cedillo.

Cuando llegó al cargo Alfonso de Maria y Campos, especialistas del propio instituto le pidieron revocar la decisión y le recordaron su deber de colocar sellos de clausura a la minera, porque afectaba a los monumentos históricos. El INAH no ha informado cuántos realmente pudieron resultar afectados por la exploración de dicha minera, había restos de casas habitación de distintos siglos, así como de haciendas de beneficio, entre otros.

Según el director del Centro INAH-SLP, Juan Carlos Machinena Morales, los yacimientos minerales de Cerro de San Pedo fueron explotados durante siglos, pero ya agotadas las vetas las empresas están en “franca retirada”. Y asegura a través de un comunicado que se han mantenido buenas conversaciones con las compañías para mantener los inmuebles en buen estado de conservación, y podrían pasar a ser gestionados por el estado y el municipio. Ya hasta avizora un proyecto turístico para el lugar.

Lo cierto es que el entorno ha sido totalmente devastado, literalmente hecho polvo. El cerro que daba nombre al poblado y que representaba simbólicamente lo que el Potosí en Bolivia, ha sido demolido con cargas de explosivos a lo largo dos décadas.

Lo peor es que el Cerro de San Pedro forma parte del escudo de armas de San Luis Potosí. ¿Acaso no era este parte fundamental de su patrimonio histórico y cultural? La imagen del escudo tiene en el centro el cerro y sobre éste se encuentra San Luis Rey de Francia sosteniendo una cruz, y a los costados dos barras de plata y dos de oro.

Hace un año, el 31 de mayo de 2019, el diputado Pedro César Carrizales Becerra, alias El Mijis, pidió al Ayuntamiento de SLP modificar su escudo de armas para que de ahí desaparezca también el Cerro de San Pedro, pues la imagen ya no se corresponde con la realidad.

Pidió, asimismo, acompañado por la Asociación Civil Artículo 27, que el Poder Ejecutivo del estado no autorice al INAH seguir con la declaratoria de zona de monumentos del lugar “hasta que no haya una reparación del daño causado por las operaciones de la empresa minera San Xavier”.

¿Pero cómo podría restituirse un cerro hecho polvo y que como testimonio de su devastación quedó convertido en un enorme cráter? El daño es irremediable, aunque el INAH siga adelante con su proyecto de declaratoria para proteger la zona.

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