El ruido de las mañaneras

La conferencia matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador. La conferencia matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Las conferencias matutinas instauradas por López Obrador como “ejercicio de comunicación circular”, “de ida y vuelta”, han propiciado que la relación del gobierno con la prensa se llene de ruidos: por una parte el mandatario las utiliza para señalar a sus adversarios y críticos, con los consecuentes riesgos para la libertad de expresión; por la otra, algunos asistentes a las conferencias convierten el Salón Tesorería del Palacio Nacional en campo de batalla y escenario de su histrionismo.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).­­– El presidente Andrés Manuel López Obrador tiene prisa. Ofrece un saludo inicial y pide ir al grano. Anuncia que iniciará su conferencia de prensa en la primera fila (como ocurre casi la mitad de las veces), mientras su dedo apunta a quien, acto seguido, se presenta como Nancy Rodríguez, de Oro Sólido. Entonces se inicia el siguiente intercambio.

La comunicadora le recuerda al mandatario que ha mencionado en días pasados a Carlos Slim. Es cierto, en torno a aquel 26 de marzo de 2019, cuando tiene lugar el episodio, Grupo Carso es una de las empresas señaladas por el jefe del Ejecutivo por haber obtenido “contratos leoninos” en el sector eléctrico, se sabe hasta entonces que tuvieron un encuentro privado, ha tenido comentarios positivos de Slim, y nada más.

Pero la intervención de la elegida para preguntar abunda en el buen humor del “ingeniero Slim”, quien está llamando a los empresarios a invertir en el país, inclusive a sus competidores para que no se rezaguen y en que él confía –a diferencia de las calificadoras, bancos y organismos multilaterales que para entonces ya pronosticaban contracción económica– en que México sí puede crecer, como dice el presidente, al 4%.

“¿Cómo ve esta postura de este icono empresarial? Si me permite esta primera pregunta y ahorita le hago la otra”, planteó Nancy Rodríguez.

–¿Y por qué no la otra también? Porque a lo mejor se relacionan –sugirió el presidente.

Entonces la comunicadora habló de realizar una campaña contra el tráfico de órganos. Mencionó que la familia Slim debió practicarse donación de órganos entre hermanos, y argumentó que sería por los niños, que son los que más padecen el problema del tráfico que, en su exposición, relacionó con la comida chatarra.

“Sí, pedí que juntaras las preguntas porque sabía yo… intuía que estaban relacionadas”, dijo el mandatario para continuar hablando de las intenciones de Slim de ayudar en lo económico y también en lo social, “una actitud que va a ir prevaleciendo, va ir siendo la nota por el comportamiento de muchos empresarios nacionales e inclusive extranjeros”.

Hasta ese día, 26 de marzo de 2019, el presidente López Obrador había proferido 71 expresiones peyorativas sobre el sector privado –todas en sus conferencias matutinas– con fraseos genéricos sobre la corrupción de un gobierno que era “oficina de negocios”, casi siempre añadiendo “al servicio de una minoría” –ya no decía “minoría rapaz” como en campaña– que se creía dueña de México.

Eran 16 las expresiones que hasta esa fecha tenían que ver con la renegociación de gasoductos, por los “contratos leoninos”. Y entre los beneficiarios de esos contratos estaba Carso Energy, que meses después alcanzaría una renegociación con la presentación estelar de Slim en la mañanera y un cierto relajamiento en la relación con los capitalistas mexicanos.

Las referencias al sector privado no son tan abundantes como las alusiones a la corrupción. Una revisión de las conferencias de prensa resulta en un promedio de 104 veces en que la palabra corrupción es pronunciada por el presidente cada mes (esto es, alrededor de 26 veces por semana, unas cinco veces al día), muchas de éstas en respuesta a planteamientos como el citado, expuestos por comunicadores que se identifican como representantes de blogs, páginas de Facebook y canales de YouTube con abierta simpatía por el mandatario.

Ejercicio inédito en la historia de la política comunicacional de la Presidencia, “la mañanera” es escenario para la difusión del mensaje institucional en exposiciones diarias y formato Power Point, abordaje de temas críticos al gobierno que, en no pocas ocasiones, derivan en descalificación y polémica, exigencia a medios de definición a favor o en contra y, largas alocuciones sobre “neoliberalismo” (38 menciones promedio al mes), “viejo régimen”, “adversarios”, “conservadores”, gobiernos y gobernantes del pasado y reiteraciones sobre la Cuarta Transformación.

Durante el primer cuarto de su sexenio (con fecha de corte del 29 de mayo) López Obrador había ofrecido 378 mañaneras. Su apuesta, como él mismo ha declarado, es ejercer lo que considera un “derecho de réplica”, “diálogo circular” y “derecho a la información del pueblo”, rompiendo el “cerco informativo” que considera –referenciando la diferencia casi siempre respecto a la elección presidencial de 2006– como algo superado “gracias a las benditas redes sociales”.

Fragmento del reportaje publicado en la edición 2275 de la revista Proceso, ya en circulación.

 

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