“Malverde: de la leyenda a la santidad”, por Marlene Diveinz

Los festejos dedicados a Jesús Malverde, en Sinaloa. Foto: Juan Carlos Cruz

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Por más de una década, diferentes editoriales prestigiosas de nuestro país rechazaron la emotiva investigación sobre la vida del legendario sinaloense Jesús Malverde, realizada por la escritora Marlene Diveinz, al grado que ella misma terminará publicándola en forma de libro electrónico, vía Amazon.

Dicho estudio se intitula “Malverde: de la leyenda a la santidad”, e incluye introducción, más los 11 capítulos denominados: “Pasión y muerte de un bandolero”, “Piedras convertidas en favores”, “Jesús Malverde: ¿Héroe, Leyenda o Santo?”, “Donde los caminos se tuercen”, “Capillas, altares y rituales”, “Novena para el santo de los pobres”, “Favores de protección”, “Favores de amor”, “Favores de trabajo y dinero”, “Favores de salud” y “Corridos y canciones”.

Agradecemos al profesor universitario y narrador Felipe Cabello Zúñiga (nuestro “hombre en La Habana”), quien desde San Juan del Río, Querétaro, nos contactó con la autora, diplomada en Creación Literaria por la Escuela de la Sociedad General de Escritores (Sogem), cuyo permiso obtuvimos para escoger algunos fragmentos de esta apasionante historia. La escritora (quien tiene en su haber una veintena de libros entre narrativa, poesía, no ficción y pedagogía) puede contactarse en Facebook como “Escribiendo con Marlene Diveinz”. Ella confesó a Cabello Zúñiga:

“Los historiadores no aceptaban la figura de Jesús Malverde como un asunto serio… Desde 2008 propuse este libro en editoriales como Grijalbo, Planeta, Alfaguara, y hasta hace un año el editor de una de ellas me dijo que mejor lo hiciera novela: ‘Ponle una morra, una troca, la mota y haz una novela del narco’. No quise. Ahora estoy contemplando la publicación actualizada en Amazon, porque la auto publicación puede ser una vía”.

Introducción

En la historia del país hay bandoleros sociales y santos milagrosos, pero solo un personaje, originario de Culiacán, Sinaloa, reúne ambas cualidades: Jesús Malverde, quien de bandido social evolucionó a objeto de culto sincrético, mezcla de paganismo y rituales católicos.

¿Leyenda, mito, creencia o realidad? Ante todo, la realidad histórica lo convirtió en un fenómeno social: el buen bandido. Como luchador social comparte el escenario junto a figuras míticas como el Tigre de Santa Julia, El Rayo de Sinaloa y Chucho el Roto, solo por mencionar algunos. Características comunes hay en todos ellos: robaban a los ricos y repartían el beneficio a los pobres, poseían buen corazón, corrigieron los abusos de los opresores y por lo tanto establecieron una solidaridad con la gente humilde que los convirtió en sus representantes formales.

El bandido es revolucionario, se opone al sistema establecido, y al gozar de la simpatía popular se convierte en un riesgo para la estabilidad social. Entonces la cabeza de Jesús Malverde tiene un precio: la muerte. Sin embargo, la figura encarnó en las acciones milagrosas convirtiéndolo en santo laico que protege y ayuda al pueblo, convirtiéndose en un culto de 99 años que ha traspasado fronteras, pues hay capillas en Los Ángeles, Cali, y en la Ciudad de México. Cada día gana advocaciones y se suman devotos: durante sesenta años fue el protector de los necesitados e inmigrantes y protege a los narcotraficantes. […]

Pasión y muerte de un bandolero

[…] Una mañana apareció en las calles de Culiacán un sujeto a caballo tirando pesos de oro en las casas de los pobres… La fama del bandido corrió de boca en boca. Asaltaba a hacendados y familias adineradas de la región, entre ellos los Martínez de Castro, los Redo, los De la Rocha o los Fernández. El botín de inmediato era repartido entre la gente necesitada, que admiraba al hombre valiente y arriesgado, hábil y audaz, mientras Malverde recreaba para ellos, con humor y fantasía, la humillación que sufrían los poderosos, con el consecuente rosario de amenazas y maldiciones.

Empezaron a llamarlo “El jinete de la Divina Providencia”. Unos más le decían “El bandido generoso”. Otros gustaban decirle “El ángel de los pobres”. Malverde parecía tener el don de la omnipresencia: sabía que en cierto jacal una madre estaba dando a luz y no tenía ropa para su hijo, allí estaba en el acto con ropa para la criatura y dinero. Que si la viuda amenazada por el agiotista, de la nada aparecían unas monedas en su delantal, suficientes para saldar la deuda y hasta sobraba. Si un acusado no podía pagar la fianza y era conducido a la cárcel, allí estaba Malverde, liberándolo. Donde faltara algo, rápidamente buscaba en donde sobraba, y lo ponía a disposición. Para los de su clase era un ángel salvador; para los ricos, el diablo en persona.

Cierto día el gobernador Cañedo retó a Malverde: “Te concedo el indulto si te animas a robarme”. El héroe aceptó el reto. Una noche bastó para robar nada más ni nada menos que la espada del general. Todavía se dio tiempo para escribir en la pared: “Aquí estuvo Jesús M”. El pueblo estaba sorprendido. ‘¡Eso de robarle la espada al general Cañedo!’, exclamaban en las esquinas, en las iglesias, en las cantinas. No se hablaba de otra cosa. El albur jugó su parte, también. El general Cañedo, burlado, ofreció cincuenta pesos oro de recompensa a quien lo entregara vivo o muerto. […]

¿Héroe, Leyenda o Santo?

Culiacán es cuna de personajes entrañables que luego se vuelven mito y leyenda que raya en la veneración: Julio César Chávez, el boxeador; Lola Beltrán, cantante vernácula; Pedro Infante, actor y cantante; Gilberto Owen, e Inés Arredondo, escritores; y Amparo Ochoa, cantante de protesta.

En medio de tantos personajes, no podía faltar un bandolero hacedor de milagros. De bigote azabache y ojos grandes y profundos, con sombrero y paliacate, muy a la usanza de los hombres del norte. Podemos agregar que era alto, fornido, con botas de piel de serpiente… en la idolatría popular todo es posible…

En 2004 el director del Archivo Histórico de Sinaloa, Gilberto López Alanís, confirmó que el acta de nacimiento original de Jesús Malverde fue encontrada accidentalmente en esa institución cuando buscaban otro documento, situación que ha causado mucha polémica, pues muchos pensaban que era un mito y que el nombre era una conjunción gramatical inventada como “el mal verde”.

Alanís agregó que “el acta se encontró por casualidad, buscando otras, apareció el nombre de Jesús Malverde, la transcribimos y en base a ese documento se propuso al Archivo General de la Nación someterlo a una propuesta de un proyecto de certificación de nombres y personas”. El llamado “bandido generoso” tiene sus raíces en Durango y murió en 1909 a la edad de 21 años; nació en enero de 1888 y fue registrado por su madre Guadalupe Malverde. Se transcribe un fragmento del acta:

“En Culiacán, a 5 de marzo de 1888, el juez del estado civil de esta capital hace constar que el encargado del registro civil de Paredones ha remitido a este Juzgado un acta del tenor siguiente: En Paredones, a 15 de Enero de 1888, ante mí, Marcelino Zazueta, compareció el C. Cecilio Beltrán, mayor de edad, soltero, jornalero y de esta vecindad, y presentó un niño vivo, nacido en este lugar hoy a las 5 de la mañana, a quien se puso de nombre Jesús, hijo natural de Guadalupe Malverde, mayor de edad, soltera, y de este punto fueron testigos de este acto los CC. Cipriano y Tiburcio Espinoza, mayores de edad, solteros, jornaleros… la presente acta interesada exponente y testigos manifestaron su conformidad, ratificaron su contenido, no firmado, por no saber”…

Jesús Malverde posee un aura de leyenda. Su presencia es señal de buen agüero, jamás se le asocia con sucesos nefastos. Dicen que ya antes de morir poseía el don de la ubicuidad: estaba en una casa humilde llevando una canasta de pan y al mismo tiempo salía de la despensa de los Redo, sigiloso, llevándose las provisiones. Que si una noche aullaban los perros presagiando la muerte, bastaba con la presencia de Malverde para que esta se marchara. Que jamás tuvo novia ni querida, aunque procuró a todas las mujeres que le pedían con fervor un buen mozo. Que un preso acusado injustamente cerrara los ojos y le pidiera, sin rezo u oración de por medio, libertad, a los pocos días estaba en su casa abrazando a la familia. Que si el inmigrante estaba a punto de desfallecer en el desierto, Jesús aparecía y lo acompañaba hasta que llegaba a su destino…

Quizá la historia más extraordinaria es la que se refiere al cambio de la capilla original. Dicen que el gobernador Alfonso Calderón no quería irse sin dejar huella y planeaba dos obras magnas en la capital sinaloense: la Casa de la Cultura y el Centro Sinaloa, proyectos que requerían de un nuevo trazo urbano, es decir, quitar aquí y poner allá. Quitar a los residentes de la zona, indemnizarlos y ponerlos allá, sí. Pero, ¿quitar la tumba de Malverde? Eso era un sacrilegio.

Cuando un poderoso se monta en su macho, le importa cacahuate la oposición de la gente. “Aquí el que manda soy yo”, contestará al séquito de consejeros y asesores. Lo cierto es que al atardecer, cuando demolieron el sepulcro de Malverde, sucedieron cosas extrañas. “Las piedras empezaron a saltar como si tuvieran vida propia y quisieran lapidar a quien, sacrílego, quería mudar lo inamovible”, refieren las crónicas del momento. Emplearon máquinas y se descompusieron dos. Ya era de noche. La gente se reía. Pero a la tercera venció la máquina sobre la creencia, apagando con su arrastre las veladoras y confundiendo las piedras con la tierra, las flores y el monumento con los muchos años de agradecimiento.

Meses después, “el edificio de gobierno estaba construido sobre la tumba de un ladrón”. Al lado estaba la capilla de Jesús Malverde. Quienes participaron en la destrucción de la capilla no tuvieron un destino que contar, la mayoría murió a los pocos días. Los periódicos de la época refieren hasta el mínimo detalle de este suceso día tras día.

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