“Ya no estoy aquí”: La cumbia de la resistencia

Ya no estoy aquí es una estupenda cinta mexicana: una historia cruda y amarga que nos muestra una realidad atroz. Foto: Twitter @yneainlh

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Dirigida por Fernando Frías, Ya no estoy aquí (2018)es una estupenda cinta mexicana: una historia cruda y amarga que nos muestra una realidad atroz, en la cual el futuro de diversos jóvenes mexicanos se ve coartado por la violencia, la pobreza y la falta de oportunidades.

La película nos cuenta sobre el viaje de Ulises (Juan Daniel García Treviño), un joven oriundo de Monterrey quien luego de un problema con un grupo de narcotraficantes tiene que huir para Estados Unidos.

Nuestro protagonista termina en Nueva York, una ciudad que, por muy cosmopolita que sea, no parece tener un espacio reservado para Ulises, que por cierto no habla inglés.

La historia se desarrolla en los barrios bajos de Monterrey, donde los adolescentes se refugian en pandillas; algunas como la de Ulises –llamada Los Terkos– está metida en la cultura urbana conocida como Kolombia, en la cual los jóvenes visten como cholos, pero de un estilo más extravagante, y bailan cumbia colombiana a manera de ritual: todos en círculo dan sentido a su existencia y se elevan por encima de lo terrenal.

El día a día de Ulises y su grupo está lejos de ese Monterrey productivo, motor de la economía nacional; Los Terkos sólo se tienen a sí mismos, y quizá no sea suficiente para lidiar con la violencia que va de la mano con el narcotráfico, que amenaza por comerse todo a su paso. Los Terkos, de alguna manera, se mantienen al margen pero ¿por cuánto tiempo?

Azarosamente Ulises se meterá inocentemente en un serio problema que podría costarle la vida, por eso huye… pero en su ciudad natal al menos conoce “el terreno” y tiene amigos; en Nueva York está sólo y sin saber para dónde moverse.

La trama

La trama se desarrolla entre pasado y presente: entre su Monterrey natal y su “nueva vida” en Estados Unidos; entre barrios marginales donde los jóvenes sobreviven como pueden y en una Nueva York que, si bien no se siente tan hostil, tampoco parece quererle tender una mano amiga. ¿La cumbia le será suficiente para luchar y abrirse camino en su nueva tierra?

Con una estupenda fotografía de Damián García y locaciones ad hoc, la cinta parece por momentos un documental más que una ficción, y también por momentos podemos identificarnos más con el ambiente urbano neoyorquino que con el barrio de Ulises y su tribu.

El naturalismo de la película se ve reforzado por estupendas actuaciones de un grupo de jóvenes muy bien dirigidos, que parecen estar representando su vida, su lenguaje y sus costumbres más que un papel cinematográfico.

Si hay algo que reprochar es que al final da la sensación de que algo faltó, quizá por su estructura que tiene más a lo anecdótico o a un final demasiado abierto.

Con todo, Ya no estoy aquí es uno de los trabajos más interesantes de los últimos años, cuya fuerza radica en su capacidad de sumergirnos en un mundo fascinante y al mismo tiempo cruel y doloroso sobre la realidad de nuestro país, sin llegar a ser un panfleto político.

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