Espectro caro: que orgullo

Instalaciones del IFT en la Ciudad de México. Foto: Benjamín Flores Instalaciones del IFT en la Ciudad de México. Foto: Benjamín Flores

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El espectro radioeléctrico no es para los operadores sino para que los usuarios reciban servicios de telecomunicaciones, digitales y ejerzan su derecho a la información. Es un recurso de la nación y, por lo tanto, debe beneficiar a todos sus habitantes. Las elevadas recaudaciones por el uso del espectro en México son un factor que prolonga la desigualdad y la exclusión digital.

Coincidencia o no, dos días después de que el senador Ricardo Monreal (Morena) presentara una iniciativa para fusionar en un solo órgano regulador al Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), la Comisión de Competencia Económica y la Comisión Reguladora de Energía, el IFT publicó su Primer Informe Trimestral de Actividades 2020 donde presume que recaudó en beneficio de la Tesorería de la Federación 21 mil 191 millones de pesos por concepto de pagos relacionados con el uso de frecuencias de los servicios de telecomunicaciones y radiodifusión. Esa cifra no es motivo de orgullo sino de que México tenga una profunda brecha digital.

Ante la desatinada propuesta de extinción del regulador por “razones” de ahorros, el mensaje del IFT parece ser: “no me desaparezcas ni me fusiones con otros reguladores, recaudo ingresos por concepto de pago de derechos por el uso y explotación del espectro radioeléctrico 13 veces superior a mi presupuesto de 2020”.

La cifra es extraordinaria: 111 mil 455 millones de pesos recaudó el IFT entre enero de 2015 y marzo de 2020 por el uso del espectro radioeléctrico para servicios móviles, radiocomunicacion privada, satélites, aprovechamientos y trámites. Con esa cantidad invertida en infraestructura y cobertura México ya estaría plenamente conectado y sería una potencia digital.

La culpa no es del IFT pero el regulador comunica esa recaudación como un mérito, cuando en realidad no lo es. El espectro radioeléctrico caro beneficia a la hacienda pública, pero no al desarrollo de las telecomunicaciones ni la digitalización de México.

Es tan caro el espectro en México que el operador español Telefónica decidió renunciar a diversas frecuencias como parte de un nuevo modelo de operación y de negocio tendiente a convertirse en un Operador Móvil Virtual. Telefónica devolverá de forma escalonada al IFT, hasta 2022, su espectro para reducir costos operativos. La decisión es beneficiosa para Telefónica pero perjudicial para México. Las arcas públicas dejarán de recibir el pago de derechos por uso del espectro conforme Telefónica devuelva las frecuencias, debido al alto costo del espectro. ¡Vaya victoria fiscal!

Cuando un operador concursa por frecuencias en una licitación, el costo total del espectro incluye tanto el precio inicial de la subasta como el pago anual de derechos por el tiempo que dure la concesión, hasta por 20 años. Entre más onerosa sea la licitación y entre más elevado el pago de derechos, más van a tardar los operadores en desplegar las redes, ofrecer servicios y beneficiar a la población, porque se quedan sin dinero.

El IFT ha propuesto a Hacienda “que los concesionarios del espectro radioeléctrico que ofrecen servicios de acceso inalámbrico fijo y móvil a través de bandas de frecuencia puedan acreditar las erogaciones que hayan realizado derivadas de nuevas inversiones realizadas para la ampliación de cobertura, despliegue de infraestructura y conectividad digital con fines de desarrollo social en poblaciones desatendidas, contra el pago de derechos anuales a que se refiere” la Ley Federal de Derechos. Esta petición ha sido ignorada, pero el regulador se pavonea con la recaudación de ingresos por derechos.

Los derechos por el uso de las frecuencias son fijados y aprobados por el Congreso de la Unión con base en la propuesta de la Secretaría de Hacienda. Tanto los legisladores como Hacienda son los principales ogros de la digitalización del país, que además cobran un impuesto a las telecomunicaciones de 3%.

Es erróneo considerar que el espectro radioeléctrico es para los operadores. Esas frecuencias benefician a la sociedad. Si usted envía docenas de WhatsApp al día, si accede a sus redes sociales, si escucha música en Spotify o realiza llamadas por el teléfono, entonces el espectro radioeléctrico es para que se comunique, se informe o consuma entretenimiento.

¿Existen otras alternativas? Ahí están Chile y Brasil que licitaron espectro para servicios 4G sin fines recaudatorios a cambio de un rápido despliegue de la red. Resultados: Chile es el país con el mayor índice de digitalización de América Latina y Brasil es la nación con más espectro asignado en la región.

El Ministerio de Industria y Tecnologías de la Información de China entregó licencias para espectro 5G a los tres operadores móviles del país y a la televisora pública. Es cierto que las cuatro entidades son del Estado chino, pero Estados Unidos reconoce que China lleva una estrecha ventaja en la nueva tecnología inalámbrica. ¿La razón? En su 13 Plan Quinquenal China vislumbra la tecnología 5G como una “industria estratégica emergente” y una “nueva área de crecimiento”. En el plan Made in China 2025 el país busca convertirse en un líder de fabricación global y promete “hacer avances en la comunicación móvil de la quinta generación”. El espectro es del pueblo y para el pueblo.

En medio de la pandemia por coronavirus el gobierno de Nueva Zelanda asignó directamente frecuencias para 5G a los operadores locales. Para acelerar el despliegue de la red pospuso dos años el pago de derechos. Algo es algo.

La única forma de cerrar la brecha, reducir la desigualdad digital y conectar a los desconectados es con tecnologías inalámbricas. Convertir pagos de derechos en compromisos de inversión, despliegue y cobertura, bajo una rigurosa vigilancia del IFT, permitiría avanzar en esos objetivos. ¿Primero los pobres digitales o el dinero?

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