Agricultura digital: ¿crisis u oportunidad?

Conectar las áreas rurales no sólo es un imperativo para comunicar con banda ancha las comunidades alejadas. Es una oportunidad de desarrollo si junto a la conectividad se proponen modelos de negocio Foto: Antonio Nava Conectar las áreas rurales no sólo es un imperativo para comunicar con banda ancha las comunidades alejadas. Es una oportunidad de desarrollo si junto a la conectividad se proponen modelos de negocio Foto: Antonio Nava

México podría enfrentar en los próximos lustros una crisis social relevante porque los trabajadores del campo que cruzan hacia Estados Unidos o que ya viven allá podrían ya no ser necesarios. La inmigración en Estados Unidos se aborda como un “problema” político y racial, pero en el futuro cercano podría encontrar otro enemigo: la automatización.

El uso de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en la agricultura es un proceso que avanza lento pero seguro. Para México representa un desafío social pero también una oportunidad para desarrollar una agroindustria digital.

El uso de robots para cultivar o recolectar frutos es cada vez más común en países con baja inmigración como Japón, Australia, Israel o algunas naciones europeas. En países donde no hay suficiente mano de obra para trabajar el campo está creciendo su automatización.

En Japón (donde la población está envejeciendo, los jóvenes buscan empleos en los servicios y son escasos los inmigrantes que trabajen la tierra) se emplean robots con cámaras, sensores e Inteligencia Artificial para identificar el más leve cambio en la coloración de las fresas para recolectarlas; la operación de los robots es nocturna.

En Estados Unidos, que depende de inmigrantes para recolectar o piscar, las tecnologías digitales podrían desplazar fácilmente a buena parte de los agricultores. Un presidente gringo muy antiinmigrante o muy visionario podría encontrar en la automatización de la agricultura una solución parcial al cruce de hispanos por la frontera. Sólo tendría que invertir más recursos públicos en el despliegue de banda ancha rural. En realidad, los agroindustriales no están esperando a que llegue ese mandatario: ya emplean soluciones tecnológicas para desarrollar una agricultura inteligente.

México debería pensar un plan emergente para dos fenómenos: saber qué hara con los trabajadores del campo que serán desplazados por la automatización de la agricultura en la Unión Americana y la correspondiente pérdida de remesas y digitalizar su propia agricultura a partir de modelos de negocio innovadores.

Las agroempresas de Internet son sustentables en el uso de recursos escasos como agua y fertilizantes. Los sistemas computacionales pueden conocer las propiedades del suelo, los vegetales y los frutos para dotar a los cultivos de los nutrientes indispensables, lo cual generará ahorros importantes. Esta agricultura de precisión ya se utiliza en las comunas agrícolas (kibutz) de Israel. La automatización puede hacer aún más eficiente el proceso.

En América Latina, Brasil es el país más visionario y avanzado en agricultura conectada. El Ministerio de Agricultura cuenta con una Dirección de Conectividad que analiza cómo digitalizar el campo mediante tecnologías inalámbricas y satelitales. Los operadores de telecomunicaciones y los desarrolladores de tecnología están ansiosos por invertir, pero están a la espera de las frecuencias idóneas y los modelos de negocios.

Se requieren políticas públicas digitales para la agricultura que planteen escenarios de despliegue de infraestructura de banda ancha rural, certidumbre para la inversión, adopción de nuevas tecnologías como Internet de las cosas, drones, chips, robótica, Inteligencia Artificial, Big Data, Analítica de datos y modelos de negocio basados en conectividad.

La agricultura digital se va a beneficiar del modelo económico de “cola larga” (Long Tale) desarrollado por Chris Anderson, empleado por empresas como Amazon o Netflix. En el entorno digital existen dos modelos de negocio: el mercado masivo centrado en el alto rendimiento de pocos productos como el maiz, el trigo y el arroz, el cual seguirá existiendo porque alimenta a la población mundial.

El otro modelo es el nicho de mercados: se basa en la suma o acumulación de todas las pequeñas ventas de muchos productos. Lo interesante es que las ventas de nicho pueden igualar o superar el mercado masivo si vienen acompañadas de estrategia, innovación, tecnología y mercadotecnia.

Las agroempresas de Internet aprovechan el modelo de negocio de nicho basado en conectividad y datos porque todo es información. Estos emprendedores analizan las cualidades del suelo, siembran y rotan los cultivos de moda o que son tendencia (como los frutos rojos), son empresas sustentables, orgánicas, conceptuales, fomentan la vida saludable, se preocupan por el cambio climático y el calentamiento global, emplean a mujeres, crean estrategias y campañas para comunicar los beneficios de sus cultivos, crear demanda e incluso imponer hábitos alimenticios saludables y/o amigables con el ambiente.

El negocio de la agricultura conectada es muy prometedor. Los agricultores tienen que pasar del cultivo tradicional masivo al innovador de nicho. Como ya ocurrió con otras industrias, las TIC aplicadas al campo y su digitalización alteran las cadenas de valor y dejan de depender de intermediarios.

En California se utilizan robots para sacudir los árboles de almendras, mientras que otro robot recoge las semillas que caen al suelo: el número de trabajadores se ha reducido y con ello los problemas migratorios.

Hay que partir de un hecho: la automatización desplazará el trabajo físico de algunos campesinos, pero no es el fin de la agricultura sino el inicio de su transformación digital y auge. Gracias a las TIC, el sector agrícola puede ser impulsado si comenzamos a trabajar en las políticas digitales que necesita.

La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural debe diseñar su agenda digital. No la veo incorporando el elemento “conectividad” al desarrollo rural, ganadero, pesquero y alimentario. Tampoco ha sido proactiva para promover el despliegue de infraestructura de telecomunicaciones ni el derecho de acceso a las TIC en beneficio de su sector, a pesar de ser estratégico. La palabra “digital” no existe en la Planeación Agricola Nacional 2017-2030. ¿En serio hasta ese año no vislumbran aprovechar las TIC en el campo?

Conectar las áreas rurales no sólo es un imperativo para comunicar con banda ancha las comunidades alejadas. Es una oportunidad de desarrollo si junto a la conectividad se proponen modelos de negocio de nicho para que el campo produzca riqueza, sea rentable, competitivo, sostenible e innovador mediante agronegocios de Internet.

*El autor de este texto es presidente de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (AMEDI). Twitter: @beltmondi

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