Sistema Nacional Anticorrupción: Entre la confusión y el desprecio presidencial

La secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval Ballesteros. Foto: Eduardo Miranda La secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval Ballesteros. Foto: Eduardo Miranda

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En el sexenio pasado el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) enfrentó resistencias y obstáculos. En este gobierno su destino no es distinto.

Apenas el jueves 11 el presidente Andrés Manuel López Obrador se lanzó contra el SNA por considerarlo burocrático y costoso.

“Este instituto anticorrupción iba a tener salas regionales en todo el país, más la sala central; estamos hablando como de 300 cargos, ¡imagínense, cuánto cuesta!”, expresó López Obrador en su conferencia matutina.

Dijo que propondrá que sólo tenga una sala nacional en lugar de cinco salas regionales adscritas al Tribunal Federal de Justicia Administrativa.

Lo cierto es que este año apenas representó 0.11% del presupuesto federal y el SNA está incompleto desde el sexenio pasado, pues están pendientes en el Senado los nombramientos de 18 magistrados que integrarán las salas especializadas para faltas administrativas y dos nuevos integrantes de la Comisión de Selección del Comité de Participación Ciudadana del SNA.

En entrevista, la presidenta del Comité de Participación Ciudadana del SNA, Rosa María Cruz Lesbros, explica que el presidente se equivoca al señalar que “es un instituto” o que se buscar generar una nueva “institución”, pues se trata de todo un “sistema que busca resolver un fenómeno sistémico”.

“No se hace una nueva institución, lo que se hace es coordinar las que ya están”, comenta Cruz Lesbros.

Se refiere a la Secretaría de la Función Pública (SFP), la Auditoría Superior de la Federación, la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción, el Tribunal Federal de Justicia Administrativa, el Consejo de la Judicatura Federal y el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, cuyos titulares integran el Comité Coordinador del SNA más el Comité de Participación Ciudadana, que lo preside.

“Hay otra confusión del Ejecutivo federal: dice que el Sistema tiene 300 plazas, pero no tiene 300 plazas, ni siquiera estoy segura que sea ese número, pero esas plazas son para la creación de las salas especializadas para juzgar casos de corrupción que dependen del Tribunal Federal de Justicia Administrativa, y ahí el Ejecutivo federal y el Senado están en falta”, responde.

El SNA surgió en respuesta a la corrupción rampante en el gobierno de Enrique Peña Nieto y la exigencia de organizaciones de la sociedad civil de que los aspirantes y funcionarios hicieran públicas tres declaraciones: patrimonial, de intereses y de impuestos, llamada Ley “3de3” que evolucionó a una serie de reformas constitucionales que crearon el sistema en 2015.

Cruz Lesbros se muestra sorprendida de las declaraciones de López Obrador, pues el Comité de Participación Ciudadana ha estado trabajando con la titular de la SFP, Irma Eréndira Sandoval.

“Ha estado participando, ha estado sumando y se podrán hacer todo tipo de declaraciones, pero la SFP ha estado trabajando en el sistema”, asegura.

En la cuarta reunión del Pleno del Comité Coordinador del año pasado Sandoval admitió que se aprobaran las modificaciones que propuso de los formatos de la declaración patrimonial de los servidores públicos. Estos cambios implicaron que ya no sean públicos en la declaración los bienes compartidos con cónyuges, como era anteriormente.

Esto le permitió a Sandoval declarar sólo una casa que le fue cedida en 2007, mientras que en su declaración pasada, de 2019, había reportado dos casas más y tres departamentos.

Organismo moribundo

Para Edna Jaime, directora general de la organización civil México Evalúa e integrante del Comité de Selección del SNA, el discurso anticorrupción de la Presidencia se está quedando a nivel de retórica frente a la realidad, en un país en el que no se están fortaleciendo los mecanismos y el Sistema está moribundo.

“El Comité de Participación Ciudadana tiene dos vacantes, ahora nada más tiene tres posiciones ocupadas; lo están dejando morir de inanición. No se hace ningún esfuerzo para mover el comité coordinador (y tener un liderazgo efectivo)”, sostiene.

Dice que en estos primeros 18 meses de gobierno de López Obrador hay un desgaste en la imagen de la administración respecto al tema anticorrupción y honestidad, que puede resultar muy costoso para el presidente, pues ha sido una de sus banderas políticas a lo largo de su carrera.

“Lo que queda claro es que la voluntad no es suficiente, se necesitan capacidades de Estado para poder acabar la corrupción”, afirma.

“En esta idea de barrer la escalera de arriba para abajo, el presidente no tiene el cepillo, la escoba para hacerlo”, comenta.

La aspiración del SNA eran instituciones fuertes, con gente capaz, con liderazgos, que actuaran de manera independientemente de la voluntad de un político.

“Para que una vez que se cometiera un acto de corrupción, el Estado tuviera la capacidad de detectarlo, empezando por los órganos internos de control de las dependencias. Si son faltas graves, entonces tendrían que dar conocimiento al Tribunal de Justicia Administrativa, cuyas salas anticorrupción, por cierto, nunca se instalaron. Ahí tenemos un problemón: ante una falta administrativa grave, ¿quién la va a juzgar, investigar a profundidad y sancionar? Si hay una falta que implique un delito, pues está la Fiscalía Anticorrupción, pero ¿quién ha escuchado algo de la Fiscalía Anticorrupción”, cuestiona.

Jaime, especialista en políticas públicas, lamenta que con el argumento de la austeridad López Obrador no vea al SNA como un instrumento.

“La lógica sería muy errada. ¿Cuánto este país podría ahorrarse o recuperar si hubiera realmente una amenaza creíble ante actos de corrupción?, ¿cuánto podría recuperar este país para los fines múltiples que tenemos en estos momentos si tuviéramos una política anticorrupción efectiva?

“Hay un desprecio del presidente por el sistema porque su concepción de poder y control de poder es muy distinta a un esquema de democracia con contrapesos, ese es un esquema que no compra el presidente”, finaliza, la directora de México Evalúa.

Reportaje publicado el 28 de junio en la edición 2278 de la revista Proceso.

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