Vapuleada por un presunto dopaje… y por el odio

La boxeadora Alejandra Jiménez. Imagen: Tomada de video La boxeadora Alejandra Jiménez. Imagen: Tomada de video

La boxeadora Alejandra Jiménez asegura que no se va a rendir, luego de que le quitaron los títulos obtenidos el pasado 11 de enero ante la estadunidense Franchon Crews-Dezurn, porque uno de los controles antidopaje detectó la presencia de un esteroide. La afectada y su entrenador no se explican la razón de ese resultado, que prohíbe a Jiménez pelear en Estados Unidos. No obstante, el presidente del Consejo Mundial de Boxeo, Mauricio Sulaimán, dice que ella “es una guerrera” y se le dará una segunda oportunidad; incluso vaticina que volverá a ser campeona.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– Alejandra Jiménez no acaba de digerir que perdió los títulos de peso supermediano del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) y de la Organización Mundial de Boxeo. Trece días después de haber derrotado por decisión dividida a la estadunidense Franchon Crews-Dezurn, la peleadora supo que en el resultado de uno de los cinco controles antidopaje que le realizaron antes y después del combate se detectó la presencia de un esteroide.

Estanozolol. Esa palabra que escuchó del otro lado de la línea telefónica cuando su representante, Pepe Gómez, le marcó para decirle que acababa de recibir la noticia. Aturdida, en medio del bullicio del partido de futbol de su hija de seis años, tuvo que alejarse para escuchar con mayor claridad.

Le pareció un mal sueño. Repasó rápidamente la lista de los suplementos alimenticios que consume por recomendación de su nutriólogo, recordó que durante la preparación ni siquiera comió carne de res para evitar un positivo por clembuterol y pensó en todas las pruebas que se hizo por voluntad propia para medir sus niveles de testosterona y que entregó para tranquilidad de su rival.

No le cabía en la cabeza la idea de haber fallado el antidoping que le hicieron el día del pesaje, el 10 de enero, y haber salido limpia en el del día siguiente, la noche de la función en el Alamodome de San Antonio, donde en un combate muy cerrado se convirtió en doble campeona mundial.

También se le vino a la mente toda la presión que sufrió desde que se anunció el pleito con Franchon, una peleadora negra de su misma edad, que abiertamente acusó a Jiménez de utilizar sustancias para mejorar el rendimiento y de “ser un hombre” porque es homosexual.

Por eso, Golden Boy Promotions, la promotora de Franchon, pagó para que el CMB, como parte del Programa Boxeo Limpio, le realizara en dos meses cinco controles antidopaje a Jiménez, cuatro antes de la pelea y uno después. Todos, excepto el que falló, fueron de sangre y orina. El del 10 de enero fue sólo de orina.

Los resultados de los dos últimos antidoping llegaron cuando ya el presidente del CMB, Mauricio Sulaimán, le había entregado en una ceremonia pública el cinturón verde a Alejandra Jiménez.

El análisis de la muestra B de orina confirmó la presencia del estanozolol. Finalmente el 4 de junio el CMB anunció una suspensión de nueve meses para la boxeadora mexicana en tanto que el Departamento de Licencia y Regulación de Texas (TDLR) anuló el resultado de la pelea, por lo que Crews-Dezurn retuvo ambos títulos mundiales.

La presión de Franchon

Alejandra Jiménez Ayala, 32 años, es chef de profesión. Hace más de nueve años que se convirtió en boxeadora profesional. Debutó en la categoría de los pesos completos en 2014, cuando aún luchaba por perder algunos de los 130 kilos que cargaba en un cuerpo de 1.80 metros de estatura.

En 2016 se convirtió en campeona mundial del CMB. Durante dos años fue la reina de los pesos pesados, pero se empecinó en seguir perdiendo kilos. Bajó y bajó hasta alcanzar las 168 libras o 76.2 kilogramos, el límite de los supermedianos.

Jiménez se transformó en cuestión de ocho meses. Cambió los rollos de grasa y piel alrededor de la cintura por un cuerpo esculpido y un abdomen plano con músculos marcados. Para ella no hay duda: se rompe el alma entrenando tres veces al día con su preparador físico y sigue al pie de la letra un régimen alimenticio en el que los horarios se respetan con religiosidad.

“Franchon presionó mucho sobre las pruebas porque mi cambio físico ha sido impresionante: la pérdida de peso, por cómo me veo ahora. Insiste en mi apariencia, en mi tono de voz. Me juzgó. Fue muy ofensiva en redes sociales. Se metió con mi pareja, con mi familia e hizo comentarios homofóbicos.

“Le molesta mi homosexualidad y le molesto yo. Hubo una hostilidad constante de su parte, aseguró que soy hombre y pidió pruebas de feminidad que no se hicieron porque el CMB no lo permite, y menos conmigo que me conocen desde hace mucho y saben que soy mamá (de una niña de 12 años)”, cuenta Jiménez en entrevista con Proceso.

La Tigre Jiménez aceptó el castigo impuesto, pero no acepta haberse dopado. Niega rotundamente haber ingerido el estanozolol. Se defiende: “sirve para perder grasa y hacer músculo. ¿Para qué me quiero ver grande cuando necesito rapidez? No tiene efecto en mí tomarlo hoy y mañana no. No me sirve más que para echar a perder mi carrera. Sería una estupidez. No es posible que yo usara una sustancia y que 24 horas después ya no esté en el organismo”, machaca.

La pugilista reconoce que no tiene ninguna prueba, pero explica que esto ocurrió por un error del The Sports Medicine Research and Testing Laboratory de Salt Lake City, uno de los que en Estados Unidos cuentan con la acreditación de la Agencia Mundial Antidopaje: contaminaron sus muestras de orina o se equivocaron al analizarlas.

Jiménez viajó a Salt Lake City acompañada de su nutriólogo, quien, asegura, también es farmacólogo, para abrir la muestra B. Dice que la persona que los atendió fue el director del laboratorio, a quien notó “nervioso y tenso”.

“Le dije: ‘¿Sí sabe que ustedes también analizaron mis muestras del 11 de enero y que el resultado fue dos negativos?’. Me dijo: ‘Seguramente tomaste mucha agua’. Eso es un insulto a la inteligencia. Mi nutriólogo le dijo: ‘Ni aunque tomara 100 litros de agua podría sacar la cantidad de estanozolol que dicen que tiene’”, relata la boxeadora.

Las dudas

Jiménez asegura que los especialistas que la asesoraron le explicaron que también está mal que en la muestra A las cantidades de la sustancia (.7 nanogramos de estanozolol y 3.2 de hidroxiestanozolol) sean distintas a las de la muestra B (.4 de una y 2.1 de la otra).

“Esa sustancia dura en el cuerpo mínimo 190 horas, eso está avalado. En la orina puedes tratar de sacarlo con un diurético, pero ¿de la sangre cómo lo sacas? Eso externamos en el laboratorio para que vieran que nosotros estamos informados, que tengo un equipo que sabe del tema. Mi nutriólogo asegura que hay un error y por eso se desató todo.

“No se puede eliminar en 24 horas esa sustancia y no pueden ser cantidades diferentes porque es la misma orina. El error es tan grave que con esto tendrían que cerrar este laboratorio porque arruinan la carrera y el prestigio de alguien. Yo no consumí nada ni los suplementos que tomo estaban contaminados.”

Además de los meses que le tomó hacer los trámites y recibir la documentación para presentarla ante el TDLR y el CMB para tratar de defenderse, Jiménez se gastó en su defensa los 25 mil dólares que cobró por pelear ante Crews-Dezurn.

Dice que ya perdió los patrocinios que tenía, y aunque no recibió ninguna sanción económica, porque “fueron considerados por la pandemia”, la rival pidió que devolviera el dinero de la bolsa y que le quitaran de por vida su licencia para pelear en Estados Unidos.

“Confío en ella. Es una persona íntegra que ha demostrado un sacrificio absoluto”, suelta sin reparos Sulaimán. Al mismo tiempo, reconoce: “Ahí está el positivo y no se puede probar lo contrario”.

Antes de emitir la sanción, Sulaimán consultó a los expertos que lo asesoran en el Programa Boxeo Limpio. Le explicaron que el estanozolol es un esteroide anabólico que provoca un pico alto (la presencia de la sustancia en el cuerpo), pero que se elimina muy rápido, lo cual le da una gran ventaja de que no se le descubre a quien lo utiliza.

No obstante, como en los hombres provoca ginecomastia (agrandamiento del tejido mamario) y en las mujeres el engrosamiento de la voz, muchos prefieren usar otras sustancias menos agresivas.

“La vida media (de esta sustancia en el cuerpo) es de dos días, pero dependiendo de la dosis se elimina en cuestión de horas. Es una sustancia con la cual con la mera presencia en el cuerpo se comete una infracción a las reglas antidopaje. La cantidad, si es mucha o poca, no importa.

“Si tomó una dosis pequeña y el deportista luego tomó mucha agua, se elimina muy rápido, incluso es uno de los puntos reguladores de los nuevos controles que evitan que el deportista se hidrate mucho porque diluyen las muestras de orina. Y sobre que no está en la sangre es porque ahí sólo se busca hormona del crecimiento humano y factores de crecimiento, y en la orina el resto de las sustancias prohibidas”, detalla Sulaimán.

Una segunda oportunidad

El dirigente del CMB adelanta que el organismo de boxeo no abandonará a Alejandra Jiménez. “No hay prejuicios, vamos a darle una segunda oportunidad porque es una persona que inspira. La voy a llevar de la mano para que se reintegre al boxeo. Ella es una guerrera. Volverá a ser campeona mundial”.

Jiménez asegura que carga con un estigma que no puede sacudirse. Si antes era una mujer con sobrepeso, tiene la voz gruesa, viste con ropa de hombre y tiene el cabello muy corto, son elementos para que la señalen porque “seguramente se dopa”.

“Existe ese estigma y mucho más ahora. La gente opina sin saber: ‘Nada más escúchale la voz, trae toda la testosterona adentro’. Estamos en 2020 y seguimos oyendo esos comentarios. Lo dice mi rival: ‘¡Cómo es posible que haya bajado tanto de peso!’ Le dije: ‘Vente a mi casa un mes, te invito a que trabajes con mi preparador físico y el nutriólogo y vas a ver si no ves un cambio cabrón en ti’.

“Soy una mujer andrógina. Mi cuerpo es cuadrado, ancho. No por eso la gente tiene la libertad de juzgarme. Me levanto y me duermo entrenando. Si hice un cambio físico como el que tengo es sólo por las chingas. Me levanto a las seis y me duermo a las 12, entreno ocho horas al día en tres o cuatro sesiones.

–¿Tu preparador físico o el nutriólogo jamás te ofrecieron conseguir los objetivos por la vía corta? ¿No te ofrecieron un ciclo y limpiarte después?

–No. Mis cambios han sido satisfactorios y no necesito más. Soy tan andrógina que pienso que si tomo algo me va a salir barba. Si ves mis fotos de niña, pues soy niña. Mi manera de vestir, de cortarme el pelo. Si oyes hablar a mi mamá, tenemos la misma vocesota.

–¿Estás consciente de que esta es una mancha difícil de borrar?

–Todo el tiempo he remado contracorriente a pesar del apoyo de mucha gente. Desde que llegué al boxeo profesional así ha sido. Cuando gané el título de peso completo lo supo la gente del boxeo y ya. Después estuve parada casi un año, porque hubo una diferencia entre mi representante y el promotor y no había rivales. No había ni interés. A mí no me llevaron con el presidente como a Andy Ruiz.

“Yo ya era campeona mundial e hicieron spots de boxeo con las campeonas mexicanas y no fui requerida porque no uso vestido. Es otra ola gigantesca más. Me dolió mucho esto, me entristeció y me molestó. Me queda darle más fuerte para sortear esta ola. No pienso darme por vencida. Esos cinturones son míos, los gané y los voy a recuperar. Súbanme otra vez al ring.

“Se me había olvidado que, aunque esto es mi pasión, es un negocio y nosotros somos la materia prima. Ahora me toca verlo de manera fría. No dejo que me tire, ni esto ni nada. No me doy por vencida. Jamás voy a decir no puedo.”

Reportaje publicado el 5 de julio en la edición 2279 de la revista Proceso.
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