Para la CNDH, los normalistas de Ayotzinapa siguen vivos

Padres de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa en la Cámara de Diputados, en 2019 Foto: Miguel Dimayuga Padres de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa en la Cámara de Diputados, en 2019 Foto: Miguel Dimayuga

MONTERREY, NL (proceso.com.mx).- Para la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos aún siguen con vida, y mantendrán la búsqueda, en ese término, hasta que sean presentadas pruebas en un sentido contrario, afirma Rosario Piedra Ibarra.

Veterana en la lucha social de búsqueda de desaparecidos en México, la presidenta del organismo señala que, como principio de presunción, no se puede considerar como muertas a personas cuyo cadáver no ha sido encontrado.

“Se puede partir desde la creencia que están muertos o que están vivos. Habrá que preguntarle a cada familiar cómo quiere que se empiecen a buscar pero, en el caso de los nuestros (desaparecidos), es a partir de que están vivos, porque no podemos facilitar al Estado mexicano, a las autoridades, y a quien sea, decir que ya están muertos y que los buscaremos en una fosa clandestina, un semefo o equis parte”, afirma.

En la búsqueda de los desaparecidos, como su hermano Jesús, a quien no ha vuelto a ver desde que fue detenido por policías en la década de los 70, los investigadores primero deben saber cuál fue su destino, dónde estuvieron detenidos, quiénes los torturaron y demás detalles, y debe ser el Estado el que responda a las interrogantes, incluso si los privó de la vida.

Sobre los desaparecidos de Ayotzinapa, precisa: “no puedo decir (que no están vivos), por principio trascendente que es buscarlos con vida. Hay siempre que partir de la presunción de que están vivos. ¿Qué hicieron los expertos internacionales? Ellos no partían de que estaban muertos, al menos lo que yo fui a escucharles. Ellos partían la búsqueda, viendo donde los habían secuestrado, a donde los habían llevado, si se los llevaron en un autobús. En fin muchas interrogantes, para seguir a una línea de investigación”.

Si las pesquisas los llevan a concluir que los normalistas están muertos, entonces hay que buscar las pruebas, dice, pero las certezas deben basarse en testimonios que no sean sacados con tortura, y que no sean presentados chivos expiatorios.

Información sensible

La ombudsperson regiomontana manifiesta reservas sobre los resultados que arrojó el examen forense, efectuado por especialistas, sobre restos físicos que aparentemente pertenecen a Christian Alonso  Rodríguez Telumbre, según el análisis efectuado por especialistas en el Instituto de Genética de la Universidad de Innsbruck, en Viena, Austria.

“Es algo que veo muy similar a lo que se había dicho anteriormente. Vamos a tener una reunión con los padres, para conocer su opinión de esto pero a nosotros nos parece muy similar que, en base a un fragmento, ya se esté identificando a este estudiante que se daba por desaparecido y es algo que tenemos que dilucidar si realmente es o no. Lamentablemente hay cosas sensibles y delicadas que no puedo dar a conocer”.

“No puedo yo decir algunas cosas hasta que tenga los datos precisos, porque en eso estamos y no quisiera yo incurrir en malos entendidos, en imprecisiones. Cualquiera que lea la prensa dice que esto se parece. Por eso yo quiero saber cuál es la diferencia y en eso estamos. Me da mucha pena que no puedo decir algunas cosas, porque no puedo comprometen información sensible y ahorita es un momento crucial”, señala en la conversación telefónica.

Recuerda que una versión similar a la que ahora es públicamente difundida había sido dada por las autoridades en lo que se conocía como la verdad Histórica, que ahora ha quedado oficialmente sepultada, sobre la desaparición de 43 normalistas, hechos que ocurrieron entre el 26 y 27 de septiembre del 2014, en el ejido de Cocula, en Guerrero.

“A través de un fragmento óseo, como el que había sido encontrado en el basurero de Cocula, supuestamente ahora se encuentra este a unos cuantos metros, cerca del basurero. Se vuelve a analizar y se dice que sí. Para nosotros es muy importante la respuesta de los papás”, dice.

Recuerda que también consultó a los progenitores de los desaparecidos para cerrar a finales de enero la oficina que tenía abierta la CNDH para el Caso Iguala, debido a las numerosas irregularidades que ella detectó sobre el caso, al asumir la presidencia del organismo.

El único sustento que tenía esa oficina estaba en la verdad histórica, que resultó plagada de inconsistencias. Lo que hicieron quienes la condujeron fue convalidar la verdad histórica, que versaba sobre la incineración de los cuerpos en el basurero de Cocula, una versión que, desde su punto de vista ya carece de veracidad.

Ahora que fue revelado el reconocimiento de los restos orgánicos de Rodríguez Telumbre, Piedra da a conocer que la CNDH estuvo cerca del procedimiento técnico y como observador.

Sin embargo, por ahora se niega a reconocer como válidos los restos certificados por el instituto austriaco, como responde cuando directamente se le pregunta si acepta como verdadera la identificación genética del normalista:

“En eso estamos y por eso te digo, porque, te vuelvo a insistir: para nosotros es bien importante, también, conocer la opinión de las víctimas indirectas, en este caso los padres”.

Además del informe sobre el avance de las investigaciones, Piedra Ibarra señala que habrá necesariamente un pronunciamiento sobre la postura de la Comisión, en términos que revelará hasta que se haga pública.

La investigación que sustituirá lo que ahora ya se conoce como mentira histórica, puede politizarse, pues al Estado Mexicano le urge aclarar el caso de Ayotzinapa, ante otros miles que también demandan atención y que no han recibido respuesta con la misma cantidad de recursos.

Sin embargo, la presidenta de la CEDH defiende el énfasis de la Fiscalía General de la República (FGR) en las pesquisas por los 43 desaparecidos, un hecho que es “innegablemente” un crimen de Estado , al considerar que esta investigación puede marcar el rumbo de otras, con características similares, que deberán ser resueltas en el futuro.

“Lo que creo es que resolver este caso ayudará a entender muchos otros casos de desaparecidos. La desaparición forzada es una práctica violatoria de los derechos humanos, de lesa humanidad, que se implementó desde hace muchos años en este país y que ha ido cambiando según convenga al estado mexicano”.

“Y eso es lo que tenemos que ir desenmarañando, desentrañando y determinar porque, por ejemplo, en la década de los 60 y 70 se utilizó de tal manera. Y a raíz de estas investigaciones de desaparición forzada vemos que a lo mejor no surge ahí, surge antes. Pero, como sociedad, se adquiere consciencia de esto en la década de los 70 cuando se forman colectivos de familiares, no solo aquí si no en otras partes de Latinoamérica”, dice.

Además, dice, la localización de los 43 es una deuda del Estado Mexicano con el pueblo, no solo con los familiares, por el modus operandi de contubernio del gobierno con las policías anticonstitucionales y las fuerzas militares, de marina, Ejército y grupos paramilitares que en su momento existieron.

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