El Plan Sectorial de Cultura en el gobierno de la 4T

La secretaria de Cultura, Alejandra Frausto. Foto: Secretaría de Cultura La secretaria de Cultura, Alejandra Frausto. Foto: Secretaría de Cultura

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Luego de casi 14 meses de la presentación del Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2019-2024 del gobierno de la 4T, el Diario Oficial de la Federación publicó el Plan Sectorial de Cultura 2020-2024.

Es el primero en la historia no sólo de la Secretaría de Cultura (SC), como destacó su titular, Alejandra Frausto, al presentarlo el pasado viernes 3 en Palacio Nacional, sino el primero en la historia.

Y es que antes no existía un sector cultural, sino un subsector adscrito a la Secretaría de Educación Pública. En el sexenio de Enrique Peña Nieto fue Programa Especial de Cultura y Arte (PECA) y lo ejecutaba el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), que se transformó en SC en 2015.

En el Diario… se destaca que el plan de cultura está orientado por uno de sus principios rectores del PND, que Frausto repite cada vez que tiene oportunidad: “No dejar a nadie atrás, no dejar a nadie fuera”.

Por el discurso en el que insiste la secretaria, la prioridad del gobierno actual son las comunidades marginadas. Se destaca que México es un país “megadiverso”, condición reconocida por su antecesor Rafael Tovar y de Teresa desde principios de los años 90 del siglo pasado. Durante la rueda de prensa del pasado viernes. Frausto destacó:

“La cultura, los elementos de la cultura los hacemos todos, no existe un municipio o una comunidad de este país sin cultura, no existe una comunidad sin valores culturales a partir de los cuales se puede generar comunidad y bienestar, por eso es tan importante ponerlo en el centro de estos ejes de transformación”.

Ciertamente no existe una comunidad sin cultura y hay que remarcar que es con, sin o a pesar de la intervención del Estado.

La presentación del proyecto en Palacio Nacional se aprovechó para hacer un recuento de las actividades que ha realizado la SC en los últimos meses, especialmente durante la pandemia. El documento mismo presenta un inventario de las acciones, la infraestructura, la situación, y se dan algunos datos arrojados por diversos estudios, entre ellos los del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) acerca del número de gente que tiene o no acceso a las actividades.

Lo que no se expone con suficiente claridad es una prospectiva. Una meta o un compromiso con los cuales el gobierno actual se distinga de sus antecesores o pretenda aportar al campo cultural una vez que termine su sexenio.

A su principal propuesta, el Proyecto Cultural del Bosque de Chapultepec –dirigido por el artista visual Gabriel Orozco– y el Complejo Cultural Los Pinos, dedica un par de párrafos. Apenas para decir que se conectarán las 800 hectáreas de las cuatro secciones del bosque para hacerlo uno de los espacios de cultura y esparcimiento “más grandes del mundo, sólo para el disfrute del pueblo de México”.

En otro orden se dice, por ejemplo: “Sera tarea ineludible para la Secretaría de Cultura implementar una política de escucha permanente, de inclusión e involucramiento transparente de actores diversos; será esta la mejor práctica para sustituir la política de la visión única y reivindicar el servicio público en favor de la diversidad cultural de México”.

Pero lo que evidencia el documento es que Frausto perdió la oportunidad de elaborar un proyecto de largo aliento, en el que se planteara un diagnóstico muy completo e integral (los datos y antecedente que presenta no lo constituyen), a partir del cual se detectaran las necesidades, se establecieran las metas, y se definieran las estrategias y las acciones, no las actividades de la cartelera que inercialmente seguirán desarrollándose.

En este sentido puede mencionarse también otro caso, en el número de bibliotecas en operación: El objetivo es “reducir la desigualdad”. Se parte de la existencia de 6 mil 797 bibliotecas en 2018. La meta para 2024 es alcanzar la cifra de 6 mil 970. Es decir, 173 más. No se dice con base en qué se determina esa cifra. Las comunidades en “contextos vulnerables” que se busca atender rebasan, sin duda y por mucho, esa cifra, y no se explica en qué municipios o sitios se establecerían y a partir de qué criterios.

Se puede cuestionar también que afirmar o prometer, como lo hace Frausto, que se escuchará a los actores diversos, no significa nada, sobre todo cuando –justo en medio de esta crisis provocada por las carencias económicas, el contexto político de confrontación y la pandemia– muchos protagonistas de la cultura, creadores, investigadores, académicos… señalan la falta de apertura de los funcionarios culturales haca el debate y la discusión de ideas.

La funcionaria invoca en su discurso: “Este proceso se suma así a la amplísima historia de creación de políticas públicas e instituciones culturales del México moderno, desde José Vasconcelos a la fecha. En este sentido, este proceso es también un agradecimiento a todas y todos los que han construido estas instituciones”.

Lo cierto es que, sin llamarle pomposamente programa de políticas culturales, sin contar con un documento elaborado del cual se pueda encontrar una copia en los archivos históricos o se guarde memoria, Vasconcelos sentó las bases de un proyecto cultural de Nación, entendió el papel que podría tener la cultura en la construcción del Estado postrevolucionario, y construyó un modelo que rigió durante al menos siete décadas, y sigue permeando muchas de las acciones. Eso no se ve todavía en el proyecto de la 4T.

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