“Delicuescente Eva”

Delicuescente Eva es una propuesta fragmentada, enriquecida por el juego de los tiempos y los espacios. Foto: Twitter

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Delicuescente Eva es una propuesta fragmentada, enriquecida por el juego de los tiempos y los espacios. Es un pensamiento circular y reiterativo como cuando volamos hacia el pasado. Reproduce situaciones que muestran a dos hermanos dentro de una familia andaluza que viaja a Bilbao y a Córdoba, España, experimentando la inestabilidad por el cambio constante de su espacio vital.

La obra presenta un accidente automovilístico como pivote recurrente para dar forma a este viaje por la memoria. Pareciera una situación ficticia donde la hermana mayor atropella a su hermano que se ha perdido en el bosque, y a partir de ahí ponen sobre la mesa la historia de su relación y reviven momentos pasados, como la educación religiosa, algún día de campo, o aquellas botas amarillas favoritas de la hermana.

Es una obra pretenciosa que emite verdades contundentes o conclusiones inamovibles acerca de la vida. Verdades desde el lugar común que intenta obligarnos a aceptarlas sin pestañear.

Su título, cuyo adjetivo, delicuescente, se refiere a la capacidad de absorber la humedad del aire y formar una disolución acuosa, aleja al espectador en cuanto a su comprensión, pero la idea de la Eva del “paraíso” nos invita a hacer asociaciones. También se nos viene a la mente el cuento clásico de Hansel y Gretel, perdidos en el bosque, preguntándose si quieren regresar. La pieza ocurre en ese bosque mítico donde el recuerdo y la realidad se mezclan. El punto de vista es el del hermano menor dentro de una familia donde la violencia y la educación represiva era la constante.

El hermano observa su infancia tratando de dialogar, enfrentarse con sus miedos y con su hermana mayor, interpretada con excelencia por María Morales. Javier Lara, el autor, quien también es el actor que interpreta al protagonista, escribe sobre su propia historia familiar. Por su cercanía biográfica no logra transmitir con profundidad la problemática de su hermana, lo que impide al espectador observarla desde su realidad. El cierre del personaje femenino es salir de escena, después de una explosión emocional, para nunca más volver; el autor (el hermano) la hace abandonar el escenario, dejándola sin voz. Al final, sólo conoceremos la perspectiva de él: su enojo, su impotencia, su miedo al amor y su dificultad de comprender al otro.

La autoficción obstaculiza la construcción de los personajes, y la dirección, que podría dar una visión más amplia, no profundiza en los femeninos. Eva (Natalia Huarte) parece representar la juventud del pasado o al espíritu del bosque que alecciona optimistamente a la hermana mayor para continuar el viaje.

En cuanto a la puesta en escena, la dirección de Carlota Gaviño resuelve de manera excelente el movimiento escénico, el juego del espacio con el tiempo y la textura del texto.

Es impresionante la capacidad evocativa del espacio escénico diseñado por Paola de Diego. Un bosque brumoso, con caminos, y unas ruinas al fondo que dan la sensación nostálgica de la pérdida, de lo que fue y nunca volverá.

Delicuescente Eva es una obra que se estrenó antes de iniciar la pandemia, pero que fue de las primeras propuestas que el teatro Abadía de Madrid decidió transmitir en streming con algunos cuantos espectadores presenciales. A los tres personajes en escena los acompañan el músico y los camarógrafos que se convierten en personajes observantes, que se acercan o se alejan de los actores viéndolos reflejados en el juego de cámaras que presenciamos en la pantalla.

El streaming de Delicuescente Eva todavía puede verse en Youtube, al igual que una variedad de obras de teatro que han empezado a utilizar este formato.

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