Edificio Ermita: entre la especulación y el rescate

Ejemplar destacado del art-decó, esta joya realizada por el arquitecto Juan Segura en la década de los treinta de la antigua Tacubaya, es motivo de una controversia. Su propietaria, la Fundación Mier y Pesado, asegura querer restaurar el inmueble, para lo cual está cancelando los contratos de sus inquilinos; ellos, sin embargo, ven que la intención contraviene los principios no lucrativos que la originaron. Aquí, las voces de sus protagonistas.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Una retahíla de historias guarda por sus rincones el emblemático edificio Ermita, cuyas rentas se han destinado para brindar ayuda a niños y ancianos a lo largo de más de 90 años, pero hoy mantiene en vilo a sus inquilinos.

Y es que en plena pandemia los arrendadores les pidieron dejar sus departamentos.

Ubicado en la esquina de las ­avenidas Revolución y Jalisco, en lo que fue el ­pórtico de acceso a la Villa de Tacubaya –casa de descanso de la familia Mier y Pesado–, el inmueble fue construido entre 1930 y 1932 por el arquitecto Juan Segura Pesado, y es considerado uno de los más importantes exponentes del art-decó mexicano, según consignó el poeta José Emilio Pacheco (que firmaba JEP) en una de sus imprescindibles columnas Inventario (Proceso, 1773).

Desde finales de 2019 y principios de este año comenzó a correr por sus pasillos el rumor de que la cadena internacional de hoteles Hyatt adquirió el monumental edificio de forma triangular y siete niveles, para crear un hotel boutique o convertirlo en un edificio de lujo y sacarle mayor utilidad, en total sentido inverso a sus orígenes ajenos al lucro.

El trabajo de Pacheco, publicado el 24 de octubre de 2020, relata que Isabel Pesado y de la Llave, viuda de Antonio de Mier y Celis, al no tener descendencia directa –pues su único hijo falleció casi en la cuna–, legó su herencia para crear la Fundación Mier y Pesado (FMyP), con el fin de atender a niños, niñas y ancianos:

“El objetivo de erigir el edificio Ermita fue emplear el monto de sus alquileres en sostener esas obras de beneficencia.”

La fundación se estableció en 1918 y, según Eneas Mares, su enlace actual de comunicación –en carta enviada a ­Proceso– desde hace más de 100 años se mantiene como “una institución sin fines de lucro, comprometida con la educación de excelencia, el desarrollo humano integral para la niñez y la juventud en México, así como la atención cálida de las personas adultas mayores”, a quienes beneficia con el arrendamiento del edificio.

Desmiente que Hyatt adquiriera el inmueble y asegura que no existe la intención de venderlo ni cambiarle el uso de suelo autorizado “que es de vivienda y comercio”, ni su fin:

“Se mantendrá el uso original tal como lo plantearon los fundadores y el arquitecto Juan Segura. De esta manera, le reiteramos que el inmueble se seguirá rentando.”

No rebate en cambio que se haya pedido a los actuales arrendatarios dejar sus departamentos, aunque asegura que se les avisó desde noviembre de 2019 –con más de tres meses de anticipación al término de su contrato– acerca de sus intenciones de desocupar el edificio para realizarle “obras de mantenimiento profundo y remodelación”, y calcularon concluir el proceso en mayo de este año, si bien “en solidaridad con los inquilinos decidimos ampliar los plazos de salida durante la emergencia sanitaria”.

Pero los inquilinos expresan sentirse maltratados e incluso acosados por la forma en que se les está desalojando, a sabiendas de que la contingencia no les permite salir a la búsqueda de algún lugar para mudarse y consideran que la fundación traiciona su espíritu de servicio, solidaridad y filantropía.

Vulnerabilidad

Entrevistados por Proceso en sus departamentos, varios vecinos (que prefieren no aparecer con su nombre por seguridad personal) coinciden en señalar que no fueron notificados formalmente ni con anticipación; se enteraron al pretender renovar sus contratos. Incluso, en algunos casos, la comunicación ha sido casi nula porque las personas responsables del área de arrendamiento que eran sus contactos, Érika Mares y Janette Lara, dejaron de responder los correos y llamadas telefónicas o su actitud se tornó amenazante.

Añaden que se les fijó un plazo determinado para abandonar el edificio sin mucho margen para negociar. Algunos, dicen, solicitaron que les tomaran sus rentas de depósito para terminar de pagar lo que restaba, se les aceptó y ahora resulta que son morosos y pretenden cobrarles “atrasos”.

Un testimonio es éste:

“Tengo cuatro años viviendo aquí y rento un local desde hace ocho o nueve años. No sabemos la razón del desalojo. Se rumorea que el edificio se vendió a los hoteles Hyatt y que se va a remodelar. En la Fundación Mier y Pesado nos han contestado que no tienen por qué decirnos qué se va a hacer porque son los dueños.

“Quizá tienen razón. Lo que no nos parece justo, a mí en lo particular, es que nos estén desalojando en plena pandemia. Se supone que hay protocolos para cuidarnos, como el uso de las mascarillas, del gel y no salir, y de repente nos dicen: ‘Salte porque tienes hasta finales de junio’, algunos hasta agosto.”

Considera que, dado su perfil social, la FMyP debería ser más solidaria, tener mayor conciencia de que en estos momentos la gente no puede andar buscando departamento y de que la economía está parada no sólo en México, sino en el mundo. No es que esperara que se les dijera “no les vamos a cobrar renta”, pero sí que tuvieran más consideración, especialmente porque ellos han formado una comunidad que aprecia al edificio, que le ha tomado cariño y contribuye, manteniendo bien sus departamentos, a su preservación:

Los arrendatarios, que intervienen en un video transmitido en Proceso TV, crearon un chat en el cual se hacen llamar Los Ermitaños, como en el documental interactivo Ermitaños, realizado por Daniela Uribe y producido por Folks Studio, con apoyo de diversas instituciones (www.ermitadoc.com). Uno de ellos dice a este semanario:

“Me siento como parte de este edificio que lleva casi 100 años de construido, es un edificio histórico, hermoso, que se encuentra en una colonia emblemática, uno le agarra cariño al edificio Ermita, le tengo amor y trato de tener lo mejor que se pueda el departamento, sin dañar la estructura, porque me gusta.”

Aunque expresa confianza en que la fundación se torne tolerante, pues de cualquier forma si va a remodelarlo no puede iniciar obras ahora, cuenta que ha visto a vecinos irse llorando, personas de la tercera edad con sus cosas en la calle cambiándose en medio de la epidemia, mientras los que se mantienen reciben correos electrónicos cada vez “más amenazantes”.

Coincide en ello Patricia Calzada, a quien mediante un correo fechado el 23 de abril, le notificaron que su contrato había rescindido desde octubre de 2019 y, por tanto, estaba en el edificio ilegalmente, cuando ella misma pagó la investigación del aval; le enviaron la factura por ese concepto y entregó sus papeles para la renovación desde entonces, “pero jamás me hablaron para firmar el contrato”.

Dio por hecho que mientras le recibieran la renta se mantenía éste, incluso le habían ofrecido una extensión hasta julio; pero no ha recibido ningún documento legal, firmado en algún juzgado, donde se le exija dejar el departamento. Como su gremio artístico paró completamente y se quedó sin ingresos, se organizó con algunos vecinos para solicitar a la fundación “un pequeño descuento” y nunca recibieron respuesta.

Desconoce el destino que la FMyP quiera darle al edificio, ha escuchado el rumor de la remodelación y de que se transformará en hotel boutique, e incluso de que una empresa constructora de nombre Cova ya fue a visitar el inmueble. Expresa su petición:

“Que no nos saquen ahora, en medio de la pandemia, cuando es más fácil manipularte, estás más vulnerable, no tienes trabajo, no tienes dinero, temes por tu salud, y si es con amenazas, es obvio que vas a ceder en algo”.

No hay empatía, agrega por su cuenta un locatario que descarta la demolición, pero no un desalojo con abogados o actuarios. A los departamentos se les ha puesto como fecha límite de salida el 31 de julio, y a los locales el 31 de diciembre. Lamenta que el único canal directo con los arrendadores sea el correo electrónico.

Le parece que la FMyP está denotando con su actitud una “urgencia por recabar el mayor ingreso posible”, lo cual le parece comprensible por la crisis económica provocada por la pandemia y los problemas fiscales derivados de ello, pero al final “es una traición a sus principios de ayudar”.

De los diferentes locales, describe, se mantienen varias familias. Como inquilinos, hay gente de la tercera edad o discapacitada, por ello considera el ­desalojo “una salvajada”. Y aunque lo vislumbra como un último recurso, no descarta el amparo, porque si lo sacan lo dejaran “tumbado” mínimo dos años, y además le están requiriendo un pago que ahora no puede hacer pues “no tengo liquidez”.

La historia

Otro de los inquilinos, Rafael Espinoza, es buen conocedor de la historia del inmueble (que cuenta con 72 departamentos de tres tipos: Para una sola persona con una recámara, pequeña estancia y baño, como un estudio; para pareja o familias pequeñas, con dos recámaras; y el más grande, pero igual con dos recámaras), menciona que Alfonso Cuarón filmó ahí el cortometraje Cuarteto para el fin del tiempo, entre 1982 y 1983.

Vale decir que igualmente se rodó ahí el documental El triángulo de Tacubaya (2003), de Felipe Morales Leal, en el cual varios conocedores, entre ellos el arquitecto Carlos González Lobo, hablan de su historia y de cómo su constructor, Juan Segura, se propuso sacar el mayor rendimiento de ese terreno que, vislumbró, tendría mayor plusvalía con el tiempo.

El inquilino recuerda que el Ermita se concibió como un edificio en el cual los habitantes tuvieran vivienda, tiendas y entretenimiento; por ello tuvo un cine homónimo (diseñado por otro reconocido arquitecto, Juan Sordo Madaleno), transformado luego en teatro Hipódromo Condesa. Eso lo hace “innovador para su época”, además de que sigue siendo cotizado por su ubicación entre las dos grandes avenidas, cerca de estaciones del Metro y el Metrobús, como Tacubaya, Juanacatlán, Patriotismo y Constituyentes.

De acuerdo al relator, había una elevadorista, doña Petra, quien le contaba historias sobre los exiliados de la Guerra Civil española que habitaron ahí, como Ramón Mercader, quien salió de uno de esos departamentos para perpetrar el asesinato de León Trotsky en Coyoacán.

A él, igual que al resto de los vecinos, le han informado del término de su contrato sólo por correo electrónico. Por esa vía le dijeron que tiene un adeudo de más de 12 mil pesos, porque inicialmente le aceptaron tomar dinero de su depósito, y al final le informaron que no ha cubierto su mensualidad y debe. Érika Mares ya no le toma las llamadas. A “regañadientes”, él y otros lograron se les extienda el plazo para dejar el lugar, pero “en una falta de sensibilidad y congruencia terribles” les han hecho ver que no hay marcha atrás.

Él ha decidido irse, lo ve como un fin de ciclo en su vida, pero por el aprecio que siente por el Ermita expresa un deseo: si es transformado en hotel o se mantiene como edificio en renta, se respete como una obra ya terminada, como está ahora, en su estructura, su arquitectura. Y que se respete también a la gente que tiene tanto tiempo viviendo ahí, pues “no es correcta la forma en que los están tratando”.

Inventariando

La FMyP, en el escrito citado, cuenta que desde hace cuatro años inició un proyecto para dar al inmueble un mantenimiento mayor “que detenga su deterioro y recupere su esplendor”. Y asegura que lo hará acatando los lineamientos vigentes y con respeto a su valor patrimonial, “su importancia como obra representativa de la arquitectura mexicana de la primera mitad del siglo XX y como ícono de la zona poniente de la CDMX”. Admite además que, por ahora, como el proyecto está en proceso de análisis, no se ha notificado al Instituto Nacional de Bellas Artes, por lo cual no hay aún autorización.

A decir de Eneas Mares, “un grupo reducido de inquilinos” es quien se opone a esas mejoras “que puedan representar incrementos al monto de la renta”, pero la postura de la fundación ha sido escuchar y ofrecer alternativas para evitar afectaciones a las familias. Se ha llegado a acuerdos, dice, “respetando los términos de nuestros contratos”.

Y adelanta, finalmente:

“El inmueble mantendrá el mismo fin que ha tenido desde su origen, departamentos y locales comerciales en renta, y los recursos obtenidos por dichas rentas le seguirán permitiendo a la fundación continuar cumpliendo con su objetivo, sin fines de lucro, de apoyar a la educación de niños y jóvenes y a darle un hogar y cuidado a personas de la tercera edad.”

En su Inventario, JEP relata que doña Isabel Pesado era originaria de Orizaba, Veracruz, y se casó en 1868 con don Antonio de Mier y Celis, duque de Mier. Vivieron un tiempo en Tacubaya y luego se fueron a París, Francia. Al enviudar y no tener descendencia, la señora decidió crear la fundación y pidió la construcción del Ermita, que quedó a cargo de su sobrino-nieto Juan Segura Pesado, arquitecto también del idificio Isabel, ubicado en la parte trasera, en la esquina de Revolución y la calle de Martí. La fortuna de ella provenía de los campos tabacaleros de su padre, también poeta, José Joaquín Pesado.

Pacheco destaca que la mayoría de los herrajes del Ermita fueron diseñados por Diego Rivera, quien creó un vitral “del que sólo queda el esqueleto del hierro”.

Y hace ver, ya en aquel momento, que además de la restauración el edificio requiere del papel de los historiadores, pues poco se sabe de ese lugar que “fue una de las tres bases que empleó Mercader, alias Jacques Mornard, para tramar en agosto de 1940 el asesinato de León Trotsky, por encargo de Stalin…”.

Ahí vivió asimismo el poeta andaluz Rafael Alberti con su esposa María Teresa León durante casi todo 1933 y escribió su libro Verte y no verte, dedicado al torero Ignacio Sánchez Mejía, dice.

Otros intelectuales que se mencionan en diversas fuentes son el poeta Manuel Altolaguirre, Juan López Durá, María de la Caridad Martín Fernández y Carlos Ordóñez García, varios de ellos transterrados de España. Y el novelista neoyorkino afroamericano Langston Hughes.

Segura fue autor también de incontables casas en las colonias Condesa y Guerrero, que han ido desapareciendo. Pero, lamenta José Emilio Pacheco, “pocos lugares de la Tierra han sido víctimas del frenesí automovilístico como Tacubaya… En el catálogo de nuestros horrores la avenida Jalisco ocupa un rango privilegiado. La codicia y la especulación inmobiliarias convirtieron en un modelo de fealdad hiriente y hostil la calle arbolada que era el pórtico de Tacubaya”.

Como Pacheco propuso entonces, es la hora de priorizar, por sobre la especulación, al edificio Ermita y al arquitecto Juan Segura Pesado, situándolos en el lugar que les corresponde en la historia del art-decó y la arquitectura mexicanas.

Reportaje publicado el 19 de julio en la edición 2281 de la revista Proceso.
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