El potencial del arte callejero

Ante la incierta apertura de museos y la precaución de evitar espacios cerrados, la creación callejera se convierte en un interesante nicho de producción y consumo artístico Ante la incierta apertura de museos y la precaución de evitar espacios cerrados, la creación callejera se convierte en un interesante nicho de producción y consumo artístico

Si ya antes del covid-19 el arte callejero contemporáneo había logrado imponerse, no sólo como destino de turismo cultural sino como mercancía altamente cotizada en el mainstream, ahora en la postpandemia la incierta apertura de museos y la precaución de evitar espacios cerrados convierte la creación callejera en un interesante nicho de producción y consumo artístico.

(Ejemplo de esa alta cotización es la subasta de Sotheby’s Hong Kong, realizada en abril de 2019, donde la pintura The Kaws álbum del neoyorquino Kaws rebasó su precio estimado de 1 millón de dólares vendiéndose en 14.7 millones).

Así, la creación callejera ofrece un servicio cultural atractivo y gratuito, la realización de obras dinamiza la economía creativa, y su difusión puede depurar aspectos de una marca-ciudad.

Con base en ello, la exposición virtual de murales Galería Urbana 333, presentada por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México en su plataforma digital Capital cultural en nuestra casa, es un acierto que no sólo facilita la introducción en el tema, sino que lo coloca en la atención pública.

Ausente de toda pretensión curatorial, el proyecto exhibe las pinturas murales realizadas como parte del programa Sendero Seguro que, desde el sexenio pasado, impulsan las secretarías de Cultura y de Obras y Servicios, para promover el mejoramiento barrial de 333 colonias de la Ciudad de México.

Centrado más en la decoración urbana con poéticas amables que en la potencia visual que puede lograr la creación callejera, el programa ha promovido la intervención pictórica en muros que se expanden desde el norte hasta el sur de la capital, atravesando por el Centro Histórico: avenidas Gran Canal, Ceylán, Miguel Ángel de Quevedo; Eje Central, 5 Norte y 6 Sur; Periférico Oriente, Calzada Camarones; Parque Ecológico Xochimilco.

En tanto exposición, el proyecto es incompleto. Restringida a la reproducción de las imágenes que intervienen tanto en muros, bardas y fachadas de 19 zonas urbanas, como en algunas cortinas de tiendas ubicadas en dos calles del Centro Histórico, la presentación no brinda información ni sobre los criterios que tuvieron los funcionarios para seleccionar a los autores ni sobre la trayectoria e identidad creativa de los artistas ni sobre los planteamientos que sustentan el contenido visual de cada intervención.

Realizados en su mayoría por las mismas firmas –Duek_Gzlez, Koka_Engel, Remixuno, Blaksay, Lizettecharlotte–, el programa, al evadir la inclusión de una pluralidad creativa representativa de la escena del arte callejero nacional, repite los vicios característicos del sistema artístico institucional.

Figurativos, de estéticas convencionales y trabajados a partir de la representación de figuras protagónicas sin desarrollar narrativas vinculadas con el entorno, en el proyecto abundan notoriamente enormes rostros femeninos sin expresividad psicológica, realizados por Duek Gzlez.

Además de muñecas folclóricas rodeadas de flores y plantas de resolución simplista y poética naive, en el conjunto se encuentran también enormes insectos de Blacsay, algún tigre de Yucarte 77, y varios pájaros, peces y animales de Koka_Engel.

Inauguradas en mayo de 2019, las cortinas de la calle de las novias –República de Chile y Honduras–, aun cuando centran la interpretación en estereotipos de enormes rostros femeninos, destacan por la inclusión de autorías diferentes. Entre lo más interesante, los murales Ana Bolena que, con mujeres de rasgos y tonos de piel indígena, firma únicamente la Secretaría de Cultura.

A diferencia de este programa que se caracteriza por la repetición y el convencionalismo, el buen muralismo callejero se caracteriza por una agudeza y audacia creativas que convierten a las imágenes en verdaderas circunstancias artísticas. Promover este tipo de creatividad sería un gran acierto institucional.

Este texto forma parte del número 2281 de la edición impresa de Proceso, publicado el 19 de julio de 2020 y cuya versión digitalizada puedes adquirir aquí

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