El “avión presidencial”: Las condiciones de preservación, las ofertas, la rifa…

El interior del avión presidencial. El interior del avión presidencial. Foto: Octavio Gómez

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Por primera vez en lo que va de su administración, el presidente Andrés Manuel López Obrador visitó el Hangar Presidencial, aunque lo hizo para exhibir tanto la instalación como el “avión presidencial” utilizado durante la segunda mitad del sexenio pasado.

“El propósito de esta rueda de prensa con el avión de fondo es para dar a conocer al pueblo de México, cómo se mal gobernaba al país”.

El Boeing 787-8 Dreamliner, que regresó la semana pasada tras 19 meses de permanecer almacenado por el fabricante en San Bernardino California, sirvió como escenografía para el mandatario y funcionarios relacionados con el mantenimiento, la venta e inclusive, el sorteo alusivo a la aeronave.

Adquirido al finalizar la administración de Felipe Calderón y puesto a funcionar en la de Enrique Peña Nieto, el avión que fue matriculado como TP-01, se compró mediante un crédito por seis mil 94 millones de pesos.

Hoy, con la nave a cargo de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), mientras es vendido, el gobierno pretende ahorrar en el pago de obligaciones.

De acuerdo al titular de la Sedena, Luis Cresencio Sandoval, el crédito contratado fue por seis mil 94 millones de pesos. Entre 2012 y el presente año, se han pagado dos mil 225 millones 800 mil pesos. De continuar con el contrato, se tendría que pagar hasta 2027, un total de tres mil 838 millones de pesos. Si como se proponen, logran concretar la venta en estos días, solo quedaría pendiente de pagar mil 938.8 millones. Esto es que, en lugar de pagar los seis mil 94 millones, se pagaría un total de cuatro mil 155.8 millones de pesos.

El presidente López Obrador consideró que, independientemente de la legalidad de los procedimientos, la adquisición de la aeronave es injustificable:

“Estamos hablando de un exceso, de un acto de prepotencia, porque costó mucho y utilizarlo es oneroso, ofensivo. Este avión, prácticamente no se debe usar en territorio nacional porque tiene como promedio de vuelo tres horas mínimo. Cuesta mucho levantarlo y bajarlo. No es para ir a Oaxaca, Veracruz, no es para ir a Mérida.

“Para que se justifique técnicamente se requieren vuelos largos. Es una desproporción. Es una especie de complejo, el tener algo así. Entonces se va a entregar toda la información y lo que estamos haciendo es que no nos cueste más. Es reparar el daño que ya se hizo. Porque la venta del avión con el avalúo actual de todas maneras va a significar una perdida. Claro que si nos quedamos con el avión la perdida es mayor”, dijo.

La venta que no cuaja

En el tercer día de gobierno de López Obrador, el 3 de diciembre de 2018, el Boeing 787-8 fue envido a California, para darle mantenimiento y ponerlo a la venta. El costo de esa decisión fue de un millón 700 mil dólares, de acuerdo con el director de Banobras, Jorge Mendoza quien consideró hoy que está en mejores condiciones que al momento de enviarlo.

Mendoza expuso que durante el tiempo en que permaneció en territorio estadunidense, surgieron 42 potenciales compradores, procedentes de 16 países, aunque sólo con dos hubo posibilidad de negociación. El proceso de compraventa continuará en México, confirmando que ya hubo un anticipo de uno de los dos ofertantes con un depósito de un millón de dólares.

La oferta con anticipo, consiste en pagar una parte en efectivo y otra en equipos médicos, dijo el presidente López Obrador.

El avión presidencial es uno de los despilfarros de las pasadas administraciones que entroncan con uno de los episodios emblemáticos de corrupción, pues para mantenerlo debió adaptarse el Hangar Presidencial a un costo de mil millones de pesos, que fueron adjudicados a una empresa de Juan Armando Hinojosa Cantú, el constructor y financiero de la llamada “Casa Blanca” que estuvo a nombre de la entonces primera dama, Angélica Rivera.

El Hangar Presidencial estaba a cargo del extinto Estado Mayor Presidencial. Hoy, está a cargo de la Fuerza Aérea Mexicana, lo mismo que la aeronave.

López Obrador fue insistente en lo oneroso del gasto:

“¿Cuánto nos gastamos nosotros en boletos de avión para ir al país? Muy poco. Esto (el avión presidencial) requiere de mucho dinero de mantenimiento y había la idea de que daba poder, era un símbolo de fortaleza, pero no es así. El poder solo tiene sentido y se convierte en virtud cuando se pone al servicio de los demás, no lo da un avión lujoso”.

Desde que al avión fue adaptado y puesto en operación, en 2015, Andrés Manuel López Obrador, entonces presidente del consejo del partido Morena, señaló el derroche, inclusive con un spot en el que popularizó la frase “Este avión no lo tiene ni Obama”. Dicho spot fue sancionado por la justicia electoral con el retiro de su transmisión. Sin embargo, el hoy mandatario a diario hacía referencia a la nave, prometiendo: “no me voy a subir el avión presidencial”, una expresión que reiteró hoy en la conferencia de prensa.

La rifa, hasta ahora incosteable

El avión se ha convertido en uno de los temas recurrentes de López Obrador en el gobierno, pues en sus conferencias matutinas ha sido motivo de largas exposiciones, hasta inclusive, generar la idea de sortearlo a través de la Lotería Nacional, luego de un año de tenerlo a la venta.

Sin embargo, el mencionado sorteo sólo es alusivo y tiene en sus premios una suma equivalente a lo que costó adquirirlo. El sorteo se realizará el 15 de septiembre y los boletos están a la venta desde principios de marzo, justo antes de iniciar las medidas de distancia social.

Hasta ahora, la Lotería solo ha podido colocar el 25.5% de los cachitos, por lo que sólo representa ingresos por 765 millones de pesos, de manera que el sorteo hasta ahora es incosteable.

No obstante, se ha mantenido a la venta y el titular de la Lotería Nacional Ernesto Prieto, dio a conocer que reforzarán la oferta del boletaje en estas semanas.

El recorrido, en vivo

Al finalizar la conferencia de prensa, el vocero presidencial, Jesús Ramírez Cuéllar, dio un recorrido a reporteros, mientras personal de la Fuerza Aérea pormenorizaba las características y amenidades del avión de manera similar a como lo hiciera el 2 de diciembre de 2018.

La idea, según el presidente López Obrador –quien finalmente no se subió al avión presidencial ni para el recorrido como había dicho—es mostrar a la población, los privilegios de que gozaban los altos funcionarios del sexenio pasado, reivindicando su política de “austeridad”.

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