Falleció el poeta infrarrealista José Vicente Anaya

El poeta, ensayista, traductor y periodista cultural José Vicente Anaya. Foto: Tomada de Facebook / Café San Ángel El poeta, ensayista, traductor y periodista cultural José Vicente Anaya. Foto: Tomada de Facebook / Café San Ángel

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).– Poeta, editor, periodista y traductor chihuahuense, José Vicente Anaya, quien comenzó su carrera literaria en las filas del movimiento infrarrealista, falleció esta madrugada a los 73 años.

Colaborador de la revista Proceso en el área editorial desde el 4 de mayo de 2010, está siendo velado, bajo las medidas sanitarias correspondientes, en la Funeraria Gayosso de Félix Cuevas, informó su hija Andrea Anaya.

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“Híkuri”, los versos malditos de José Vicente Anaya

Autor de una treintena de libros –destacadamente su extenso poema Híkuri– y muy admirado en Chihuahua (en cuya población Villa Coronado nació el 22 de enero de 1947), el escritor por problemas de movilidad (padecía diabetes) sufrió una caída y tuvo que ser intervenido quirúrgicamente en el hospital San Angel Inn en dos ocasiones. Ayer por la noche fue dado de alta, según refirió su hija vía telefónica:

“Fue muy especial para mí saber que mi padre era el maestro Vicente Anaya, soy muy afortunada, y estos últimos días tuve la oportunidad de sentir la gran red de apoyo cultural que lo quiso, no sólo en Chihuahua sino en todo México, de todos los que estuvieron pendientes de él, por un lado se siente este fuerte personaje de la literatura y la cultura que sé que es, y por el otro la visión de ser su hija.

“Éramos muy unidos. Él me enseñó sobre arte, literatura, poesía, me abrió un mundo increíble, al que más tarde me dediqué como gestora cultural. Un padre cariñoso y mi mejor amigo”.

A lo largo de tres meses de enfermedad, las redes sociales formaron una parte importante en las muestras de cariño, no sólo con palabras de aliento, sino con actos que derivaron en apoyos económicos desde distintos puntos del país.

El poeta de la frontera

Hace dos años, en medio de una jornada realizada en su homenaje en Ciudad Juárez, el poeta mencionó que el haber vivido en la frontera norte del país influyó en su visión de México y del mundo:

“Yo soy más de la frontera. Las dos culturas, ser bilingüe. Yo me siento con una formación igual que el chicano”.

Fue esa relación cultural la que también lo hizo un profundo estudioso de la poesía estadunidense, principalmente de la Generación Beat –a algunos de cuyos representantes tradujo y trató– y de las letras de Bob Dylan, los Rolling Stones y los Beatles.

En esa charla asentó cuál era su propuesta, ante críticas incluso que lo tacharon de no escribir poesía:

“Desde este punto de vista sí me siento participante de una nueva búsqueda de la poesía y creo que está expresado en Híkuri (concepto religioso de los huicholes)”.

Y es que los versos de Híkuri tardaron cerca de cuatro décadas para que fueran reconocidos por el mainstream: escritos hacia 1978, fueron publicados hasta 1987 en una primera edición de la Universidad Autónoma de Puebla (ahora BUAP).

“Pasaron muchos años sin que Híkuri fuera bien visto en el mainstream de la poesía mexicana, yo llevo una lista de todos los premios que perdí, pues lo envié a certámenes importantes como el Premio de Poesía de Aguascalientes. Rompí con el canon, y me pareció natural que no fuese reconocido e incluso que los jurados no me lo aceptaran”, afirmó. Sonriente, en la mesa de corrección de Proceso al reportero Roberto Ponce.

Híkuri dio paso en 2016 al volumen Caminatas nocturnas. Híkuri ante la crítica (editado por el Instituto Chihuahuense de la Cultura/Gobierno del Estado de Chihuahua), que recogió 15 ensayos de distintas épocas donde sus autores elogian los valores estéticos del poemario, “por haber inaugurado la etnopoesía en México”, a la vez que el editor del mismo, José Reyes González Flores lo equiparó en la tradición mexicana del Primero sueño de Sor Juana, Muerte sin fin de José Gorostiza, Canto a un Dios mineral de Jorge Cuesta o Piedra de sol de Octavio Paz.

Anaya dijo entonces:

“Me llena de orgullo que específicamente en la contraportada aparece un párrafo donde se equipara Híkuri hombro con hombro a esos grandes poemas (…), pero cuando lo escribí no pasó por mi mente compararme con nadie. El poeta vive la poesía. Ser poeta no es una pose, sino una forma de vida. Todo buen poema es un territorio utópico”.

En su profusa carrera en la literatura Anaya publicó más de treinta volúmenes, siendo el más reciente Pueblos originarios. Apaches, dakotas, mayas, mazahuas, rarámuris… publicado en Ediciones Proceso, del cual se publicó un primer capítulo en la edición 2278 del semanario. El trabajo es una investigación que escudriña en la génesis de esas poblaciones, al tiempo que expone la difícil realidad en la que sobreviven en medio de circunstancias adversas de miles de comunidades.

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“Pueblos originarios”, de José V. Anaya, en la 41 FIL Minería

El volumen, que se encuentra en línea, fue presentado el 27 de febrero de este año en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, por el doctor Andrés Medina, del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, y por el editor, Juan Guillermo López, quien escribió este texto titulado “Adiós al poeta”:

“Conocí a José Vicente Anaya hace muchos años, no puedo precisar cuántos, pero sólo en papel: en algún suplemento cultural leí unos poemas suyos y los sentí intrigantes y cuestionadores. Mucho tiempo después, algún amigo poeta (¿Virgilio Torres, Carreto, Manuel Ballesteros, Pancho Elorriaga?) me incluyeron para recibir alforja Revista de poesía, fundada y dirigida por Anaya. Pero fue hasta hace poco más de un año, al incorporarme a Proceso como coordinador del área de libros, Ediciones Proceso, que me encontré una tarde con la presencia quijotesca, alto y delgado, de José Vicente.

“De inmediato intercambiamos libros, el único que he publicado, Saga del veedor, contra los más 30 suyos: Los valles solitarios nemorosos, HíkuriBreve destello intenso… Traductor de Ginsberg, Miller, Artaud, fue sobre todo un explorador del pensamiento mágico de los pueblos indígenas de América, y por ahí empezamos nuestra relación autor-editor, pues me entregó su libro Pueblos originarios, una selección de los numerosos ensayos y crónicas que escribió y publicó, a lo largo de muchos años, sobre el tema.

“Nos hicimos amigos; las tardes de los jueves coincidíamos en la redacción de la revista y hablábamos de todo y de nada en torno a la poesía. Ahora se ha ido. Nos vas a hacer falta, José Vicente.”

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