El INAH analizará “metro a metro” la ruta del Tren Maya

Captura de pantalla del video con el que se promociona el Tren Maya. Foto: Tomada de Facebook Captura de pantalla del video con el que se promociona el Tren Maya. Foto: Tomada de Facebook

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).– Según el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), desde que supo del proyecto de creación del Tren Maya, en octubre de 2018, decidió ponderar la protección del patrimonio arqueológico “que podría estar en riesgo por esta obra” en los estados donde atravesará: Chiapas, Campeche, Tabasco, Quintana Roo y Yucatán a lo largo de casi mil 500 kilómetros.

Destaca, incluso, que analizará “metro por metro, la factibilidad del proyecto” y no se realizarán trabajos constructivos en tanto no se cuenten con los dictámenes correspondientes.

Pero no es sólo la percepción que tienen los propios arqueólogos y especialistas del instituto, pues como testimonió desde marzo de 2019 el historiador Felipe Echenique –investigador de la Dirección de Estudios Históricos–, en el encuentro El Tren Maya, realidades y mitos, por tratarse de una de las prioridades del presidente Andrés Manuel López Obrador, el proyecto ya no estaba en posibilidades de discutirse. Y es que así lo hizo saber el representante del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), Javier Velázquez Moctezuma, al declarar que “el Tren Maya va”.

El INAH asegura en el comunicado que el Proyecto Ejecutivo fue evaluado por el Consejo de Arqueología. Dicho órgano determinó el 23 de enero de 2020, que el proyecto “es viable, pero se debería de acompañar de los programas y trabajos arqueológicos apropiados para evitar afectaciones al patrimonio arqueológico”.

Explica que el instituto está considerando un área de impacto de 15 kilómetros a cada lado de la vía, para un total de 30 kilómetros, en los cuales se tienen mil 773 sitios inscritos en el Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos e Históricos, “que van desde concentraciones de materiales y sitios de carácter gráfico-rupestre, hasta monumentales”.

Detalla que la obra incidiría en 31 zonas arqueológicas abiertas oficialmente al público, en 19 “con algún grado de visita”, en las mil 773 mencionadas arriba que contemplan sitios y monumentos arqueológicos, artísticos, históricos y paleontológicos, así como en 42 cenotes. En el primer tramo hay 480 sitios arqueológicos registrados, entre ellos, el de Aguada Fénix “recientemente descubierto”.

Echenique y su colega Juan Manuel Sandoval Palacios interpusieron una denuncia ante la Fiscalía General de la República por la presunta destrucción de los monumentos que podrían resultar afectados por el Tren Maya y el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec pues, aunque aún no se ha verificado un daño preciso, prevén que serán impactados diversos sitios, como ya admite el INAH.

En un encuentro entre académicos del instituto, realizado en Mérida, Yucatán, a finales de 2019, con el mismo fin de analizar los impactos del Tren Maya, el doctor en ciencias políticas Iván Franco Cáceres, investigador del Centro-INAH de la entidad, hizo ver que no serán sólo en el patrimonio arqueológico, sino en las formas de vida ancestrales, el patrimonio antropológico e histórico, colonial, decimonónico y la biodiversidad.

Frente a ese contexto, en el cual se conjugan otros proyectos de apropiación de terrenos, agua y proyectos económicos “de corte neoliberal”, el académico advirtió una postura “doblegada y condescendiente” de áreas como la Dirección General, la Coordinación Jurídica y el Consejo de Arqueología del INAH, que son “irresponsables y omisos ante las barbaridades cometidas por funcionarios y empresarios de todos los niveles”.

Sin embargo, consideró que muchos de los grupos que se oponen a lo que él llama el Tren Antimaya (TAM), están vinculados al PRI, por lo cual “nunca levantaron la voz, guardaron silencio ‘políticamente correcto’ o no se ocuparon de entender el avance del voraz contexto transnacional (que) desde hace al menos tres décadas, empezó a devastar zonas arqueológicas, centros históricos, edificios coloniales, lenguas y paisajes culturales por toda la península. No se diga del resto del país, por ejemplo, despojos a pueblos originarios a través de concesiones mineras, eólicas y demás”.

Y terminó lanzando un cuestionamiento, que es a la vez un reto: si el INAH retomará su papel de órgano con autoridad e independencia ejecutiva de su materia de trabajo, y será por fin “base del enriquecimiento de la memoria histórica y cultural de los mexicanos ante el desenfrenado contexto transnacional”.

Pues de lo que está convencido es de que al TAM seguirán proyectos similares.

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