Un ganador en medio de la pandemia: la tecnología

Mario de Vega, artista experimental de sonido. Foto: Tomada de video Mario de Vega, artista experimental de sonido. Foto: Tomada de video

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).– Las grandes compañías detrás de la tecnología, esas que nos ayudan a través de aplicaciones a trabajar desde casa y estar en comunicación con colegas, amigos y familiares o simplemente a relajarnos con plataformas de películas y videos, han crecido de manera exponencial durante la pandemia: tan sólo Netflix, durante el primer trimestre del año, alcanzó un 142%, y Zoom (la líder en videoconferencias) un 200%.

Pero son otras empresas las que sigilosamente recaban todos los datos que hemos generado durante la contingencia:

Entrevistado al respecto, el mexicano Mario de Vega, artista experimental de sonido, conocedor de la tecnología como parte de su labor en el Departamento de Sonido de Áreas Visuales de la Universität Kassel (Alemania), vía telefónica habló sobre los grandes corporativos que se adueñan de nuestros datos.

Durante su participación en el Coloquio Internacional Virus: Historias: Umbrales, organizado virtualmente el día 17 de julio por el Instituto de Estudios Críticos de nuestro país, presentó “Disonancia al unísono de asfixia. Fuerzas vibratorias y el valor de lo táctil”, y como parte del mismo un performance titulado Láser dirigido contra objetivo. Acción para redes sociales y transmisión de datos”.

Comentó:

“El mundo está en una transición que desembocará en algo que todavía no conocemos y que tiene que ver cómo la tecnología manipula nuestros hábitos de consumo, cómo se infiltra en nuestras vidas. Y creo que para mí es el punto de partida, hacer un ejercicio bastante didáctico con el fin de abrir un tema de discusión que tiene que ver con la privacidad, pues el mundo digital nos observa; probablemente si tomas el teléfono de tu pareja sepas más cosas que viviendo con ella”.

–Jaron Lanier, uno de los pioneros de la realidad virtual, ha dicho que lamenta que se haya perdido el sentido social con el que nació internet, que se ha convertido en el beneficio de unos cuantos que lucran con nuestros datos.

–Claro, y lo pondría todavía en otro nivel más, porque todo avance tecnológico tiene que ver con la guerra, es ahí donde se desarrolla la tecnología (haciendo a un lado la medicina). Si hablamos de la radio como herramienta social, fue muy importante, uno de los grandes avances, pero también fue una herramienta de guerra.

“Ahora tenemos los teléfonos móviles. Uno prende un teléfono y este tiene la vía para observar tu mundo, diversos monopolios tienen la capacidad de prender y apagar la cámara y el audio, de obtener información a través de tus contactos, los contactos de tus contactos, y con ello una información más precisa sobre una persona. Cuando toma una foto de tu teléfono, es la relación de muchas cosas, WhatsApp, Facebook, Instagram, todas son herramientas para la recolección de datos, y no hay forma de escapar de esto, por eso creo importante que la gente lo sepa, no podemos cambiarlo, pero sí estar conscientes de que somos observados todo el tiempo”.

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–Entonces, ¿es imposible protegerse?

–Es casi imposible… Diría que sólo siendo parcialmente conscientes de la situación si tomas precauciones encriptando tu información, pero si cometes un error, si un domingo no lo hiciste, es suficiente para que el sistema obtenga todos esos datos… En otro sentido social pensaría en la empatía: vivimos un momento histórico donde hay que cuidarnos y protegernos mutuamente. Podemos reactivar ese cariño mutuo, es fundamental, espero que esta pandemia regrese esa posibilidad.

–Hay películas como Blade Runner o series como Black Mirror que presentan al futuro con una tecnología muy intromisiva, ¿qué tan cercana está a la realidad? O es ciencia ficción.

–Diría que están más cercanas a la realidad, estamos en una transición, y en poco tiempo eso que consideramos ciencia ficción será nuestra realidad. Hablando no muy lejos, está la tecnología 5G, pronosticada para 2025. Se habla de más de 30 mil satélites colocados en la primera orbita terrestre baja, a dos mil kilómetros sobre el nivel del mar (la CDMX está a 2 mil 250); significa que el cielo que conocemos quizá cambie, será una transición abrupta que iniciará en breve, de un mundo que será diferente a lo que conocemos.

Para finalizar:

“Mi interés es que la gente esté consciente de todo esto, mi práctica artística está orientada para abrir una discusión, un diálogo a partir de una serie de ideas… sin ofrecer respuestas, sólo formulando preguntas”.

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