Victoria Novelo: Por amor al arte

viernes, 7 de agosto de 2020 · 23:59
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Vinculada al Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) desde 1973, antes de egresar --con honores Cum Laude-- de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (1974), la antropóloga Victoria Novelo Oppenheim siempre estuvo comprometida con las causas sociales, particularmente indígenas, campesinas y obreras. Una pequeña muestra es el siguiente párrafo, que pareciera escrito apenas ayer: “…los mexicanos estamos viviendo una fase en que la incipiente democracia conforma un marco dentro del que los distintos segmentos de la sociedad están exigiendo cambios verdaderos, revisando políticas y acciones, y actualizando la larga lista de deudas sociales, promesas incumplidas, expectativas frustradas, necesidades y anhelos de la gran mayoría de mexicanos cuyo derecho a una mejor calidad de vida les ha sido negado. La revisión involucra necesariamente las cuestiones de la cultura, que en México siguen encerradas en políticas oficiales orientadas por ideas restringidas y elitistas y son tratadas de manera superflua y periférica”. En realidad, es de 2002. Es el primer párrafo de su ensayo “Ser indio, artista y artesano en México”, publicado en el número 25, volumen IX, de la revista Espiral, correspondiente a septiembre-diciembre de ese año, de la Universidad de Guadalajara. El 23 de julio pasado, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) dio a conocer el fallecimiento de la etnóloga, quien formó parte del equipo creador del Museo Nacional de Culturas Populares, encabezado por Guillermo Bonfil Batalla, fundadora del Centro Nacional de Capacitación de Artesanos, y Premio CIESAS en el área de Divulgación y Mejor Texto, en 1992, 1997 y 1999. Se destacó entonces, como lo hizo la reportera Niza Rivera en la agencia Apro, la diversidad de temas que abordó la especialista en su quehacer académico que abarcó la cultura obrera y la antropología visual. Pero sin duda el arte popular fue una faceta esencial en su vida. Cuando formó parte del equipo de colaboradores del etnólogo José del Val, en la Dirección General de Culturas Populares del entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (hoy Secretaría de Cultura), trabajó para la formación de una colección a la que bautizó con el nombre “Por amor al arte”. Vale aclarar, sin embargo, que muy lejos estaba de idealizar o romantizar el trabajo artesanal. La prueba es el libro ‘Artesanías y Capitalismo en México’, publicado por el INAH en 1976, en el que analiza las formas de producción artesanal en las condiciones político, económicas y sociales de México. En la revista electrónica ‘Discurso visual’ (http://discursovisual.net/dvweb04/diversa/divlibovando.htm), del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (Cenidiap), del Instituto Nacional de Bellas Artes, la historiadora del arte Claudia Ovando Shelley dice a propósito de este volumen: “…implicó una ruptura con las visiones que partían del Dr. Atl (Gerardo Murillo), frecuentemente impregnadas de un halo mistificador tan apreciado por los afanes nacionalistas y que tan poco han ayudado a los productores”. Entrevistada para el libro ‘México: Su apuesta por la cultura’, coordinado por Armando Ponce y editado en 2003 por Proceso/Grijalbo/UNAM, la antropóloga advierte que la inmensa mayoría de los artesanos vive en el anonimato, la miseria y la discriminación, pese a que en los discursos oficiales siempre se exalta su creatividad, sus raíces milenarias y sus aportaciones artísticas. Y hace ver que incluso no hay colecciones de arte popular creadas por el gobierno, cuando abundan las de arte contemporáneo y las de arqueología. Destaca que desde el momento en que se les denominó “artes populares” hubo un juicio clasista y se estableció una división entre las obras producto de “una formación plástica académica”, y las “populares” elaboradas “espontáneamente” y con base en las tradiciones de viejos oficios, aunque algunos creadores exhiban en galerías. Para Novelo, uno de los problemas centrales ha sido la falta de reconocimiento de los artesanos como artistas, y de sus creaciones como arte. Señala en el libro: “En primer lugar es un problema de educación generalizado, tanto por parte del público como de quien dicta las políticas de lo aceptable en este campo. Diría que son como pequeñas pandillas las que se encargan de hacer las colecciones y las exposiciones, de dirigir los concursos; es un grupo minúsculo de gente que decide todo; qué es arte, qué no es, qué es válido, qué no lo es, y hay un cierto anquilosamiento porque no permite que se rompa ese círculo estrecho de dizque únicos conocedores”.

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