Las terapias de conversión, torturas que ya son delito

Foto: Benjamín Flores Foto: Benjamín Flores

Uno de los capítulos pendientes de la agenda de diversidad de la Ciudad de México culminó el 24 de julio cuando el Congreso local prohibió las llamadas terapias de conversión, aplicadas sobre todo por instituciones religiosas y seudomédicas que mediante torturas pretenden violentar la orientación sexual de los ciudadanos. Y si bien la capital del país ya avanzó en ese sentido, falta aún que el Legislativo federal haga algo similar.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso),. Por ser un delito “contra el libre desarrollo de la personalidad y la identidad sexual”, en el Código Penal de la Ciudad de México acaban de prohibirse las llamadas terapias de conversión, que son los tratamientos cuyo objetivo es anular o modificar la orientación sexual de las personas, valiéndose de la violencia física, moral y emocional.

El pasado 24 de julio, el Congreso de la Ciudad de México aprobó esa reforma, con la cual ya se sancionan con penas de dos a cinco años de prisión estas prácticas de tortura, promovidas principalmente por instituciones eclesiásticas, educativas y seudomédicas, que desde hace varios años afectan a la comunidad LGBTTTI.

El diputado morenista Temístocles Villanueva, principal impulsor de esta iniciativa en el Congreso capitalino, asegura: “Esta reforma es un avance muy importante en favor de los derechos de las personas de la diversidad sexual. Sólo es comparable con el reconocimiento del matrimonio igualitario implementado hace 11 años, en 2009, también en la Ciudad de México”.

–¿Qué implicaciones podría traer esta reforma?

–Estas prácticas de tortura ya se convirtieron formalmente en un delito y, por lo tanto, pueden ser denunciadas penalmente o incluso ser perseguidas de oficio cuando las víctimas sean menores de edad. 

Por su parte, Iván Tagle, director de Yaaj, asociación civil que atiende a víctimas de terapias de conversión, comenta: “Con la reforma por fin se hará justicia a los sobrevivientes de todas estas horrorosas prácticas, basadas en concepciones religiosas y seudocientíficas que consideran a la homosexualidad una enfermedad que debe curarse.

“Ahora ya podemos denunciar a los ministros de culto, profesores y psicólogos que están promoviendo las terapias de conversión en la Ciudad de México. Incluso, la ley nos da herramientas para obligar al Estado a prevenir estas prácticas delictivas.”

Este texto es un adelanto del reportaje publicado en el número 2284 de la edición impresa de Proceso, en circulación desde el 9 de agosto de 2020

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