“Cita sangrienta”

La cita sangrienta. Foto: Especial La cita sangrienta. Foto: Especial

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– El placer culpable que provocan este tipo de comedias de horror y humor negro depende de todo un catálogo de lugares comunes: irreverencia en el manejo de géneros (desde la sátira hasta el horror y la violencia pura), postura de un director que recurre a trucos del cine B, efectos especiales poco sofisticados, diálogos simplones (que, sin embargo, provocan mucha risa), más un tratamiento de lo políticamente correcto al filo del escándalo.

La mayoría de los comentarios de la crítica quedan en el doble mensaje de “es una tontería de película, mal hecha, aunque el tercer acto es impecable, y además sí divierte”. Cita sangrienta (Double Date; Reino Unido, 2017) se logra filtrar a las salas del país quizá porque el bajo presupuesto de la cinta no representa mucho riesgo para los exhibidores, ahora que la gente apenas comienza a acudir al cine.

Benjamin Barfoot dirige el guion de Danny Morgan, quien a su vez protagoniza la historia de Jim, un tipo que no quiere llegar a los 30 años virgen aún; Alex (Micahel Socha), su mejor amigo, entra al rescate. En un bar se ligan a un par de hermanas que acceden a salir con ellos. Lo que no sabe el par de atolondrados, pese a señales obvias, es que las nenas se dedican a seducir mancebos en bares londinenses para luego sacrificarlos en un tenebroso ritual; el espectador sí lo sabe, porque con una de esas escenas arranca la película, lo cual añade tensión, pues Jim y Alex se ganan al público, uno por inocente, y el otro por pretencioso e ingenuo.

Como buen autodidacta del cine, Benjamin Barfoot no respeta las convenciones de los géneros cinematográficos, mezcla lo que a él le gusta; la dominadora y sangrienta Kitty (Kelly Wenham), por ejemplo, es una especie de ninja experta en kick­boxing, y con ella se la tendrá que ver el fanfarrón de Alex; los trillados gags, chistes, funcionan porque los lleva al extremo y literalmente los revienta, como la escena en la que Jim se queja porque lo único que quiere es no meterse en problemas y en ese momento recibe un garrotazo en la cabeza.

Entre la mezcolanza de géneros y tonos, Cita sangrienta también juega con buenas dosis de naturalismo inglés donde el contexto familiar es tema inevitable, pero la sátira aprovecha el lugar común y logra, en el encuentro con la familia, una de las secuencias más disfrutables.

En la creación de Cita sangrienta participan actores que también son músicos y escritores, como Danny Morgan, o Kelly Wenham, actriz y también directora. Se trata de un equipo de entusiastas del cine que creció en la década de los noventa, todos hijos de Edgard Wright (Shaun of the Dead, 2004), y nietos de Tarantino y de John Landis (Un hombre lobo en Londres, 1981), niños que aprendieron a jugar con zombies, crecieron con éxtasis, y la música de Vince Clarke (“Only you” es uno de los temas musicales); por lo mismo, Goat, el grupo sueco asociado con el vudú, sale tocando en la película.

Texto publicado el 30 de agosto en la edición 2287 de la revista Proceso.
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