Danza en el FIC

GUANAJUATO, GTO.- 

En su arranque, el Festival Internacional Cervantino (FIC) presentó dos de sus platos fuertes de danza: la Cloud Gate Dance Theater de Taiwán con Moon Water (Agua de luna), y Tangokinesis, la mítica compañía argentina que fusiona el tango con la danza contemporánea y el ballet con la producción Nuevo tango.

 

Apolo

 

Las expectativas para ver el trabajo de los taiwaneses se venían acrecentando desde hace años proporcionalmente a la imposibilidad de traer a la compañía por problemas con la embajada de la República China. 

Para los chinos agua de luna o shui yuei es una metáfora de dos aspectos: “Las flores en el espejo y la luna en el agua son solamente una ilusión”, y el estado ideal de aquellos que practican el Tai Chi, donde “la energía fluye como el agua, mientras que el espíritu brilla como la luna”.

Lin Hwai-Min, el afamado coreógrafo, hace así un lírico y poético homenaje a la filosofía taoísta, donde lo mismo se habla del tiempo que de lo ilusorio.

Bajo las notas de las Seis suites para violonchelo solo de Johann Sebastian Bach, los 16 esbeltos bailarines desarrollaron una danza lenta, sin ninguna expresión facial. Serios y perfectos hicieron un espectáculo de belleza exultante de tanto impacto como lo puede ser una puesta de sol.

Por lo mismo, entre la lentitud de las secuencias de movimiento, la lánguida belleza y la música de Bach, muchos de los asistentes al Auditorio del Estado se quedaron dormidos apaciblemente y despertaron para aplaudir de pie, gritar “bravos” y expresar con lágrimas en los ojos que tal vez “es lo más hermoso que hemos visto en la vida”.

Contemplativo y perfecto, no obstante el lirismo del arte de la Cloud Gate es frío como el hielo, y aunque el hielo puede quemar, es claro que éste no era el caso. En el arte escénico el drama no puede ser omitido para convertirse sólo en una experiencia de belleza plástica por más extraordinaria que sea.

 

Dionisios

 

Coreógrafa favorita de Julio Bocca, Ana María Stekelman ha logrado amalgamar el complejo mundo interpretativo del tango y la milonga con los despliegues técnicos de la danza contemporánea, logrando así una fusión que no traiciona la esencia de éstos, sino que los ennoblece aún más y actualiza de una forma incomparable.

Fundadora y directora de Tangokinesis en 1993, la exbailarina trajo al Cervantino un programa complejo integrado por fragmentos de muchos de los espectáculos que ha presentado a lo largo del mundo. Su programa dividido en: Suite de tango, Bolero (Ravel), Tangos y Concierto para Bongó (Pérez Prado) fue una apasionada muestra de cómo un baile popular debe representarse en el foro.

Sin perder la esencia del tango, la coreógrafa introduce elementos técnicos de enorme complejidad para enriquecer el propio tango y darle un impacto tan fuerte como baile, y demostrar con ello que formalmente puede interpretarse lo mismo con la música de Ravel que con la de Pérez Prado.

Los ocho bailarines son más que seres terrenales: Los hombres exudan masculinidad y las mujeres la sutileza de lo femenino, en un largo programa que en su primera representación no corrió muy limpiamente pero que en el segundo mostró cómo se creció el grupo ante una función imperfecta.

Gritos, aplausos a rabiar interrumpiendo la obra y un alegre optimismo llenaron la platea del teatro Juárez. Pura pasión y formalidad de movimiento del arrabal. l

 

 

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