La danza del FIC (II)

GUANAJUATO, GTO.- Debe de ser terriblemente difícil para Rami Be’er, director de la Kibutzz Contemporany Dance Company (KCDC), que cada una de sus nuevas coreografías sea comparada con Aide Mémoire (1997), obra maestra que le ha dado la vuelta al mundo y que está considerada como una de las joyas de la danza contemporánea del siglo XX.

Fue durante la época de Sergio Vela que el grupo visitó México por primera vez y dejó una huella profunda con su propuesta dedicada a las víctimas del Holocausto. Lo más extraordinario de la pieza es que en el escenario no había una sola referencia ni a los campos de concentración ni a ninguno de los lugares comunes que se utilizan para representar ese vergonzoso episodio de la historia mundial.

Ahora con Infrared, que se presentó en el auditorio del estado, puede constatarse que el artista de origen israelí sigue interesado tanto en la estética escénica –donde la luz juega un papel crucial que revela lo que a veces el ojo humano no puede ver–, como en la claridad de que el arte es también un acto político con trascendencia incalculable.

Infrared (Infrarrojo), fue concebida por Be’er a partir del poema In the black garden (En el jardín negro), escrito y transformado en una balada por él. Fanático del diseño de la luz desde siempre, el artista se propuso con revelar un mundo invisible a través del espectro de la luz infrarroja.

Con base en los tres colores primarios, generó imágenes de gran vitalidad mientras la voz profunda de un hombre hablaba en hebreo de la guerra en un mundo donde el color parece haber desaparecido. La propuesta antibélica del israelí es una crítica al propio Israel, Irak, Irán, Afganistán, México, Colombia y cualquier latitud donde exista el enfrentamiento militar, la guerrilla o incluso la insurrección civil.

¿Qué descubre la luz infrarroja? Descubre el color de la vida, así como la oscuridad atávica que lleva al ser humano a ser su propia sombra. Por lo mismo, los virtuosos bailarines transitaron de la obscuridad a la luz y con una energía pocas veces vista mostraron complejísimas secuencias de movimiento que no perdían su lado orgánico y que provienen de un entrenamiento muy riguroso, pero también de la necesidad del coreógrafo de que no parezcan “bailarines” sino seres humanos adheridos a la tierra donde el horror de la guerra lo destruye todo.

Poco optimista y muy reflexivo, el espectáculo es como lo fue en su momento Aide Mémoire, un manifiesto político admirable en forma y en contenido.

 

Marie Chouinard

 

También repitiendo en el Cervantino Marie Chouinard presentó bODY_rEMIX/gOLDBERG_vARIATIONS, una obra en la que procuró experimentar toda una suerte de movimientos partiendo de la premisa de un cuerpo diferente, en el cual falta algo y que requiere por ello el apoyo de algún tipo de aparato utilizado por personas discapacitadas.

Interesante en cuanto su concepto plástico pero limitado a la exhibición técnica, la obra se mantuvo en la misma temperatura siempre, sin un clímax y más bien en una sucesión de anticlímax que exigía una disciplina espartana para no perder la atención sobre lo que sucedía en el foro.

Muy discutible en cuanto a la profundidad de su discurso, es, sin embargo, un montaje plásticamente correcto y por lo mismo prescindible, porque pareciera que, en este caso, la coreógrafa no pretendió nada más que investigar sobre el movimiento discapacitado bajo la pista sonora de Goldberg.

 

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