En pos de la pensión real

M

adrid.-  En 1991 la condesa de Miravalle, María del Carmen Enríquez de Luna y del Mazo, y algunos de sus familiares fueron a la embajada de México en España para gestionar la restitución de la “pensión de Moctezuma”, que reclaman como descendientes del emperador mexica. No recibieron respuesta, afirma el investigador Alejandro González Acosta en su ensayo Los herederos de Moctezuma (Boletín Millares Carlo, 2001).

El episodio fue confirmado a Proceso por el periodista Gabriel Pozo Felguera, que trabaja en un proyecto sobre los descendientes de Moctezuma II. Pozo afirma que Enríquez de Luna y sus familiares no fueron recibidos por el embajador ni tomados con seriedad por el funcionario consular que los atendió. “Se fueron muy defraudados”, resume.

La aristócrata, sin embargo, dijo a Pozo que no va a renunciar a esa prerrogativa y aclara que “no le mueve el interés económico, (sino) sólo el del honor”, según narra el periodista en un texto publicado el pasado 27 de febrero en el periódico Granada Hoy.

“El honor de que se nos reconozca como legítimos depositarios de la voluntad de nuestros antepasados, de su linaje, de su sangre. De que se nos privó de un derecho de manera unilateral, antidemocrática, al que no hemos renunciado ni renunciaremos nunca. No perseguimos que México pague nada a los descendientes de Moctezuma, sólo que reconozca el derecho”, afirmó a Pozo la condesa de Miravalle.

Pozo Felguera dice que la “pensión de Moctezuma” se fijó en mil 480 gramos/oro, que al cambio actual supondría unos 60 mil 715 dólares al año. 

A lo largo de cuatro siglos los descendientes de Moctezuma II recibieron el referido pago, pero el 27 de diciembre de 1933 el presidente Abelardo L. Rodríguez lo suprimió definitivamente tanto para los herederos mexicanos como españoles.

“(…) Se mantuvo hasta el 27 de diciembre de 1933 cuando fue súbita y unilateralmente interrumpido este ‘censo’ tributario recogido en el Gran Libro de la Deuda Pública de México, donde estaba desde la época del virreinato”, dice Alejandro González Acosta, académico del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM, en su ensayo Los herederos de Moctezuma.

González Acosta sostiene, además, que a esta familia, que identifica como el “sujeto civil” de la herencia del huey tlatoani, le corresponde más: “Los terrenos que hoy ocupan el Zócalo, el Palacio Nacional, los edificios del Gobierno de la Ciudad de México, la Catedral Metropolitana, los portales y el Monte de Piedad. Y no han realizado cesión alguna de esas propiedades que en puridad continúan perteneciéndoles legalmente, según fue reconocido hasta 1933”.

Se apoya en el estudio de la historiadora Emma Pérez Rocha para señalar que la hija de Moctezuma fue “agraciada” no sólo con el señorío de Tacuba, sino con numerosas propiedades de su padre y de su abuelo, Ahuízotl, distribuidas entre los reinos de la Triple Alianza.

En su ensayo González Acosta dice que la pensión de Moctezuma le fue pagada a la descendencia española durante tres siglos del Virreinato de la Nueva España y, de acuerdo con el Tratado de Paz y Amistad entre México y España, firmado el 28 de diciembre de 1836, se seguiría pagando hasta el 9 de enero de 1934. Es decir, en fecha muy cercana a la anulación de esta prerrogativa.

Pozo identifica a González Acosta como la persona que ha animado a la casa de Miravalle a reclamar la restitución de la pensión, pero sin éxito.

La herencia 

 

En junio de 1526 Hernán Cortés otorgó como dote matrimonial a Isabel de Moctezuma la “encomienda hereditaria” de Tacuba y sus pueblos vasallos.

Esta encomienda era a perpetuidad y fue aprobada por la corona española. Incluía 12 estancias con un total de mil 240 casas y varios miles de vasallos indios, dice la investigadora de la UNAM Raquel Sagaón Infante en su ensayo Testamento de Isabel Moctezuma.

Dice que esta encomienda a la hija de Moctezuma fue otorgada por Cortés y aprobada por la Corona, en descargo de conciencia por haberse apropiado de las tierras que por derecho pertenecían al emperador mexica.

José Miguel Carrillo de Albornoz, descendiente por otra rama familiar de la hija del emperador, advierte que este pueblo perteneció por derecho a la madre de Isabel de Moctezuma: Teotlaco, que antes de unirse a Moctezuma fue princesa de la Casa de Tlacopan (Tacuba).

“Esta dote hizo a doña Isabel de Moctezuma la mujer más rica de Tenochtitlan, porque esas tierras eran muy productivas”, afirma.

En 1550 se redactó el testamento de Isabel de Moctezuma, el cual otorga la libertad a los indios naturales de sus tierras; ordena la celebración de misas, mandas y limosnas hasta por una quinta parte de sus bienes; manda pagar deudas y salarios de los criados y lega a sus hijas Isabel y Catalina alhajas, joyas y una tercera parte de sus bienes, entre otras cosas.

Asimismo, a su hijo primogénito Juan de Andrade, producto de su cuarto matrimonio, le deja el pueblo de Tacuba, con excepción de cuatro comunidades que destina a su hijo Gonzalo Cano Moctezuma, el mayor de los hijos que tuvo con su quinto y último marido, Juan Cano Saavedra, según documenta Sagaón Infante.

Tras la muerte de la emperatriz en 1551, se suceden una serie de litigios y confrontaciones en los tribunales de la época entre las ramas Andrade y Cano, que duran tres décadas, hasta que el 15 de junio de 1583 el Consejo Real de Indias emite un fallo en el que ratifica la decisión que en 1552 tomó la Audiencia de México, que otorgó la posesión de Tacuba a Juan de Andrade.

A partir de entonces se pagó la pensión de Moctezuma.

Sobre este hecho, Carrillo de Albornoz sostiene en entrevista que “definitivamente la pensión por el derecho del señorío de Tacuba quedó extinguida. Es una curiosidad histórica y lo demás es pura literatura, porque el México soberano decidió prescribir ese derecho; ahora ya sería absurdo seguir pagando (la pensión) después de siglos cuando era una cuestión de índole simbólica por el afecto a la descendencia de Isabel de Moctezuma”.

Con más de 90 años, la condesa de Miravalle confió a Pozo que siempre quiso viajar a México para conocer a sus familiares lejanos y ser recibida por alguna autoridad, pero su estado de salud se lo impidió.   l

 

Comentarios