Las propuestas de Mancillas y Castaños

HERMOSILLO, SON.- Miguel Mancillas y Adriana Castaños son dos figuras claves para la danza nacional. Emigrados desde los años ochenta a esta ciudad, fundaron junto con David Barrón e Isabel Romero la compañía Antares. Al tiempo, los cuatro tomaron diferentes caminos dejando atrás una etapa coreográfica que marcó a toda una generación. Su participación en el Festival 18 Un Desierto para la Danza, que se llevó a cabo hace unos días, fue fundamental.

Al frente de Antares Danza Contemporánea desde 1994, Miguel Mancillas se ha venido revelando cada vez más como uno de los mejores bailarines en la historia moderna de México y como un extraordinario coreógrafo que investiga profundamente en el movimiento y su simbolismo.

Después de haber hecho varias obras, donde la mujer aparecía como un personaje inasible y complejo, el artista dio un giro para adentrarse en la física, estudió profundamente una serie de fundamentos matemáticos y se impuso como hipótesis de trabajo que “la línea no existe, es una sucesión de puntos por lo cual no existen límites entre los cuerpos”. De forma paralela, abandonó sus anteriores métodos de trabajo y cualquier tipo de desarrollo dramático, cualquier tipo de emotividad, para concentrarse sólo en la energía que los cuerpos desprenden.

Su idea en Ladoalado es obligar al público a encontrar una explicación a lo que sucede en el escenario, a descifrar de forma autorreferencial una situación. Porque en el foro no hay anécdota ni intención emotiva, sólo energía. La música fue editada por él mismo a partir de basura que los compositores dejan en internet, sonidos ambientales y ruido.

Además, la puesta en escena se divide en tres momentos escénicos que  pueden presentarse en orden aleatorio y crear seis variantes. Con ello se construyen escenas irrepetibles, porque la alteración del orden obliga a sus bailarines y diseñadora de iluminación a crear conceptos diferentes, lo que modifica siempre el resultado y, por supuesto, la lectura del público. 

Se trata de una obra que merece ser vista en todas sus variantes, permanecer un largo rato como repertorio de la compañía y conocerse a lo largo del país.

 

Kalimán

 

Al frente de Producciones La Lágrima desde 1997,  Adriana Castaños se desarrolla profesionalmente como profesora en la Universidad de Sonora y desde ese espacio logra nutrirse de intérpretes para su compañía. 

Concebida como un teatro-novela, Proyecto Kosmos… o todos queremos ser Dhoris, la pieza presentada por Castaños está sostenida sobre uno de los capítulos de la inolvidable radionovela Kalimán, de Rafael Cutberto Navarro Huerta y Modesto Vásquez González, que aún se trasmite en algunas estaciones de Hermosillo y que disparó un enorme interés en la coreógrafa por indagar en y sobre el género del melodrama y su impacto en la sociedad de masas.

El tema resulta interesante porque en su momento Kalimán y la radio como industria de la comunicación tenían a la familia como su unidad básica de audiencia. Desde sus inicios la radio interpeló a la familia sin interrogar la cotidianidad familiar. Kalimán fue una serie extraordinariamente popular y, por lo mismo, era estigma; las radionovelas fueron en su momento condenadas por corromper a la familia. Las telenovelas juegan ahora ese mismo papel y se sostienen por el mismo hilo: el melodrama.

En principio la pieza de Castaños resulta interesante visualmente por la extraordinaria producción que tiene atrás: diseño de vestuario, iluminación –una nave espacial aparece en el foro–, utilería. Todo dentro de una estética un tanto kitch como salida de la película Marcianos al ataque, de Tim Burton. Todo está puesto para dar paso a algo que, por desgracia, no llega o al menos no había cuajado aún en su estreno.

Sin mucho desarrollo de movimiento, la sincronización de labios con las voces de la radionovela original son un recurso que se agota rápidamente; si bien los muchachos técnicamente son buenos, les faltan tablas y rangos de interpretación. La coreografía y la trama que tiene en el centro a Kalimán se cae.

Adriana Castaños suele modificar sistemáticamente sus obras, las pule, borda hasta que quedan exactamente como ella las necesita. Su Proyecto Kosmos necesita su bisturí a profundidad, pero es fácil ver que podría ser una propuesta única en su género.  l

 

 

 

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