Bitácoras del fracaso

Ante los retos que implica enfrentar el cambio climático, los gobiernos de los países ricos rehuyeron los compromisos de reducir de manera significativa sus emisiones de contaminantes y de destinar recursos para que las naciones pobres combatan a largo plazo los efectos del calentamiento global. Invitadas a la Cumbre de Copenhague en calidad de observadoras, diversas organizaciones no gubernamentales consignaron en sus blogs lo que no mencionaron los comunicados oficiales: las negociaciones y los cabildeos realizados tras bastidores.

 

 

BRUSELAS.- No fueron los comunicados oficiales ni las declaraciones de los funcionarios los que informaban sobre lo que sucedía en la mesa de negociaciones de la Conferencia de Copenhague. Fueron las páginas en internet de las organizaciones no gubernamentales presentes en la capital danesa, y en particular sus bitácoras (o blogs), invaluables fuentes de información.

Sin poder dar un número preciso, se calcula que al encuentro de Copenhague se inscribieron representantes de más de 500 ONG de todo el mundo. El Klimaforum, la cumbre alternativa al encuentro oficial celebrado en el centro de convenciones Bella Center, calcula que diariamente asistían a sus eventos unos 10 mil activistas.

La información que recababan los blogueros en los pasillos del Bella Center –sede del evento– y la rapidez con que la difundían en internet contrastaba con la opacidad de las negociaciones formales que se llevaron a cabo a puerta cerrada.

Después de la manifestación multitudinaria del 12 de diciembre en las calles de Copenhague y de las expresiones de apoyo a los países pobres e insulares por parte de miembros de las ONG dentro o en las cercanías del Bella Center, el 16 de diciembre les fueron suspendidos los permisos de entrada a varios activistas.

El primer día de la conferencia, el 8 de diciembre, los blogueros mostraban un cauteloso optimismo.

Antonio Hill, asesor en cambio climático de Oxfam International, apuntó en la bitácora de esa organización:

“El éxito de Copenhague depende de que se acuerde un fondo de 200 mil millones de dólares. Ese monto puede desatar mayores ambiciones en cuanto a la reducción de contaminantes y ayudará a las naciones más pobres a adaptarse al cambio climático. Esa cantidad es nada al lado de los 8.4 trillones de dólares con los que se salvó a los bancos.”

Hill escribió que los países ricos no podían salir de Copenhague con un recorte de sus emisiones de bióxido de carbono menor de la mitad de lo que indica el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU: entre 20 y 40% para 2020 en comparación con los niveles de 1990.

Pero la conferencia tuvo un pésimo comienzo.

El borrador Rasmussen

 

La tarde de ese mismo 8 de diciembre, la edición en línea del periódico británico The Guardian filtró el texto de un borrador elaborado con anterioridad por la presidencia de la reunión, a cargo del gobierno danés de Lars Lokke Rasmussen.

El llamado borrador Rasmussen se inclinaba a favor de las posiciones de los países ricos. Por ejemplo, no hacía ninguna referencia al Protocolo de Kioto (el único instrumento vinculante que existe y que impone obligaciones de reducción de gases de efecto invernadero a los países ricos), recomendaba un techo máximo de emisiones para los países en desarrollo (un párrafo al que ya se habían opuesto China, India, Brasil y Sudáfrica en noviembre), y demandaba a los países industrializados “recursos financieros sustanciales” después de 2012, sin estipular un monto concreto.

Kim Carstensen, responsable de la Unidad sobre Cambio Global de la World Wildlife Fund (WWF), relató en su blog:

“Tras bastidores se sabía que los daneses preparaban ese texto. El problema fue que ese documento únicamente se discutió en círculos exclusivos y se mantuvo en secreto (…) Apenas se supo la historia, la oficina de la delegación china, que está a lado de la nuestra, se volvió un caos…”

Otra propuesta de la presidencia danesa irritó a las ONG. Harjeet Singh, consejero de la organización británica Action Aid, criticó ese mismo día que el gobierno de Dinamarca propusiera al Banco Mundial como gestor de los fondos recolectados contra el calentamiento global.

“El Banco Mundial tiene un récord muy pobre en relación con proyectos de desarrollo y sustentabilidad medioambiental. Además, ese organismo no es una institución democrática, y con frecuencia ha favorecido los intereses de los países ricos.”

En contrapartida, propuso crear un nuevo fondo global climático que opere bajo la tutela de la Convención Marco sobre Cambio Climático de la ONU, pues consideró que ésta toma decisiones de manera consensuada y tiene capacidad “para canalizar los recursos de forma específica, a largo plazo y en correspondencia a las necesidades de cada país”.

El jueves 10 y viernes 11 de diciembre, la atención se concentró en Bruselas, donde los líderes de la UE decidieron aportar 2 mil 400 millones de euros anuales, de 2010 a 2012, en ayuda contra el calentamiento global para los países en desarrollo.

Fue una nueva decepción. El viernes 11, en el blog de la organización británica Action Aid, su experta en políticas de la UE, Anne-Catherine Claude, planteó que lo único que habían hecho los dirigentes europeos era volver a etiquetar unas ayudas que ya habían prometido.

“Lo que no sabemos es si ese dinero es realmente nuevo; si será adicional al compromiso que asumieron los países ricos de consagrar 0.7% de su Producto Interno Bruto a la ayuda al desarrollo y el cual firmaron en 1970. En 2000, dicho compromiso fue retomado dentro de los Objetivos del Milenio de la ONU para reducir la pobreza en el mundo. Tal parece que no será así, dada la vieja costumbre de la UE de ‘anunciar’ como novedosas las mismas obligaciones.”

Claude mencionó que en el Plan de Acción acordado en la Conferencia de Bali, Indonesia, en diciembre de 2007, y en la cual se lanzaron las actuales negociaciones de un nuevo acuerdo internacional para frenar el cambio climático, “los países ricos se comprometieron a proveer ‘ahora, hasta 2012 y después de 2012, recursos nuevos y adicionales’ a los países en desarrollo.

“La UE no estableció ninguna meta respecto de sus compromisos de financiamiento a largo plazo: simplemente puso en la mesa de negociaciones de Copenhague el objetivo global que ya existía, según el cual deberá desembolsar para 2020 entre 22 mil y 50 mil millones de euros, lo que, en el mejor de los casos, es menos de la mitad de lo que se necesita.”

 

Manos vacías

 

El pesimismo empezó a ganar terreno de forma generalizada. Phil Lee, miembro del secretariado de Friends of the Earth International, expuso el 11 de diciembre sus impresiones sobre la conferencia de prensa que acababa de ofrecer Todd Stern, el jefe del equipo negociador estadunidense.

“Stern no cree que Estados Unidos tenga una deuda con el clima del planeta. Nos dijo: ‘Respecto de los sentimientos de culpabilidad o conceptos de reparación, los rechazo categóricamente’. Bajo su punto de vista, los más pobres campesinos en África tienen la misma responsabilidad de combatir el cambio climático que el propietario estadunidense de un jet privado.”

El 16 de diciembre, Greenpeace le entregó a Stern y su gente el premio al Fósil del Día, que esa organización concede a las delegaciones o personas que más dificultaban la conclusión de un acuerdo.

El bloguero de Greenpeace International Mike G., explicó que la delegación estadunidense había propuesto quitar del borrador de acuerdo un porcentaje específico de recortes a las emisiones. En su lugar planteó insertar la mención ‘X%’, de modo que cada país pueda ofrecer una reducción de contaminantes voluntaria.

“Estamos en un punto crítico de las negociaciones –opinó el activista–; se nos viene a la memoria recuerdos muy desagradables de la era Bush cuando ahora vemos que, además, Estados Unidos está promoviendo un plan para abandonar el conjunto de los objetivos estipulados por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU. A cambio está proponiendo un ‘sistema de reajuste y promesa’, en el que cada país pondría sobre la mesa un objetivo voluntario, y que la suma de todos ellos sea considerado el compromiso global.”

Ese mismo día, en el blog de Action Aid, su especialista en Asia Raman Mehta también alertó que las negociaciones estaban “a punto del colapso”.

Explicó que Estados Unidos no es parte del Protocolo de Kyoto. Por esa razón, en la referida reunión de 2007 en Bali, Washington se comprometió a recortar sus emisiones de manera “comparable” a los otros países ricos, según un mapa de ruta que se estipularía en el proceso de negociaciones.

Mehta señaló en el blog que, a petición del gobierno de Obama, la presidencia danesa propuso a los demás países remover esa cláusula del Plan de Acción de Bali. Lumumba Di-Aping, el negociador sudanés y representante del llamado Grupo de los 77 –compuesto por 134 países en desarrollo–, advirtió entonces que el bloque no aceptaría un texto “salido de la nada”, en tanto que la delegación china declaró que, con esa actitud, Estados Unidos “había roto la confianza en el proceso de negociación”.

El jueves 17, Anne Jallema, directora de políticas internacionales sobre cambio climático de Action Aid, arrancó su texto así: “El presidente Obama se ha convertido en el hombre que puede lograr o romper un acuerdo en Copenhague”.

Refirió que la UE reducirá de modo unilateral 20% sus emisiones para 2020, frente a los niveles de 1990, y que esa cifra subiría a 30% si los países ricos hacían esfuerzos significativos para disminuir sus propias emisiones. También los europeos “sugieren” que transferirán entre 22 mil y 50 mil millones de euros a los países en desarrollo para que luchen contra el cambio climático.

Pero durante la negociación, la delegación estadunidense mencionó que sólo podría someter a un acuerdo una reducción de 4% de sus emisiones, en comparación con los niveles que producía en 1990, exponía el blog. El gobierno de Obama se rehusaba, además, a cuantificar su contribución a largo plazo para apoyar la adaptación al cambio climático de los países en desarrollo.

El blog remarcó que la cerrazón estadunidense persistía a pesar de que la delegación china había anunciado, a principios de la semana, que no continuaría exigiendo a los países desarrollados su apoyo financiero para ayudarla a reducir sus emisiones.

“Sin mejores objetivos de la parte estadunidense sobre mitigación de emisiones y financiamiento a largo plazo, la Conferencia de Copenhague terminará en fracaso y el presidente Obama será el culpable”, concluía Jallema.

Hasta el jueves 17, cuando los jefes de Estado y de gobierno tomaron el control de las negociaciones, las noticias provenientes de Copenhague eran bastante pesimistas. Entrada la noche en Europa, el jefe de la delegación suiza, José Romero, declaró al sitio especializado MaxiSciences que no habría que esperar de la reunión más que “una declaración política y un mandato para seguir trabajando”.

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