Danza de 2009 (II)

En 2007, Teresa Franco, directora del INBA, otorgó la Medalla de Bellas Artes por su mérito artístico a Gladiola Orozco y a Michel Descombey, directivos del Ballet Teatro del Espacio (BTE), con el argumento de que constituían “una comunidad artística y humana que ha logrado un lenguaje propio, que se nutre de las raíces y en la realidad, que innova y se abre a las diferentes técnicas, y que permanece siempre atenta y respetuosa de los públicos y en acción constante por el ennoblecimiento de esta disciplina”.

Dos años después, el BTE cerró para siempre sus puertas por cuestiones económicas. El subsidio otorgado por el INBA a la compañía tenía cerca de una década de ser insuficiente para sostener al grupo. En un franco enfrentamiento, Descombey increpó a las autoridades a sostener un diálogo en público. La única respuesta que obtuvo fue el mutismo de la institución que desde hace tiempo ha anunciado que sus arcas están vacías.

Se cerró así una de las compañías más importantes que ha habido en el México actual, y junto con ella se extinguieron obras emblemáticas de la danza nacional que nunca más se volverán a ver. Además, el espacio teatral creado por los artistas en la calle de Hamburgo se perdió sin que hubiese el menor interés de las autoridades por rescatarlo. En una subasta insólita se podía comprar la duela del piso a 30 pesos el metro.

Al poco tiempo, Teresa Vicencio, actual directora del INBA, anunció en conferencia de prensa la creación de la Compañía Nacional de Danza Contemporánea de México. Un grupo que, según la información aparecida en la prensa, tendría una estructura parecida a la de la Compañía Nacional de Teatro. También se dijo que Gladiola Orozco y Michel Descombey serían asesores del nuevo proyecto.

Y ardió Roma:

Ni Orozco ni Descombey habían sido informados de nada. Se fueron enterando por la prensa y declinaron públicamente adherirse a semejante empresa. Por su parte, un sector del medio independiente, encabezado por Adriana Castaños, Gabriela Medina, Evoé Sotelo, Miguel Mancillas, Claudia Lavista y Benito González –todos ganadores del Premio Nacional de Danza INBA-UAM–, se inconformó de inmediato y calificó al proyecto de centralista y poco afortunado en relación con la danza independiente nacional, que es por mucho el movimiento artístico en el que se sostienen las programaciones de la mayor parte de los teatros del país.

Al poco tiempo se incorporó también el Colegio de Coreógrafos de México, A.C., presidido por Jorge Domínguez –excoordinador Nacional de Danza–, exigiendo públicamente al INBA que se retractara de semejante propuesta.

Se mandaron cartas a Felipe Calderón, Consuelo Sáizar y Teresa Vicencio. La presión ejercida por el gremio subió cada vez más, hasta que el subdirector del INBA, Sergio Ramírez Cárdenas, se vio forzado a recibir a una comisión en la que se encontraban el propio Domínguez, Adriana Castaños, Gabriela Medina, Evoé Sotelo y Jaime Hinojosa, entre otros.

La incongruencia de crear otro elefante blanco sexenal en la Ciudad de México con un proyecto artístico indefinido, es notable. Se contrasta, uno, con la ausencia de iniciativas de apoyo a proyectos de producción y apertura de espacios profesionales para la danza a lo largo del país; dos, con la falta de voluntad para apoyar al BTE, y tres, con la frustración de los grupos que poseen el apoyo económico del programa México en Escena y que prácticamente regalan sus funciones con tal de cumplir con el número de presentaciones que se les exige.

Sin ningún arreglo todavía, la comisión se reunirá de nuevo con las autoridades el 22 de enero (Continuará).

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