Danza de 2009 (III)

El Palacio de Bellas Artes cerrado, el Teatro de la Danza sin presupuesto, la sala Miguel Covarrubias compartida con el área de música de la UNAM: no hubo suficiente margen de maniobra para que los grupos profesionales pudiesen mostrar su obra.

Con Nina Serratos al frente del Teatro de la Ciudad, Raúl Parrao y su equipo en un comodato en el teatro Legaria y la posibilidad de abrir a la danza otros teatros de la UNAM, aparecieron opciones para llegar a otro tipo de público. Pero mientras las condiciones de difusión no sean las apropiadas, ningún grupo logrará convocar al público potencial al que pueden llegar.

En el interior del país la situación fue similar, aunque pareciera que se empiezan a abrir corredores para que algunos grupos logren bailar en sus propios estados.

Como sea, Alicia Sánchez y Compañía; Antares de Miguel Mancillas; Apoc, Apoc de Jaime Camarena; Barro Rojo de Laura Rocha; Contempodanza de Cecilia Lugo; Contradanza de Cecilia Appleton; Delfos Danza Contemporánea de Claudia Lavista y Manuel Ruiz; Foramen Magnum de Marcos Rossi; La Cebra Danza Gay, de José Rivera; La Manga de Gabriela Medina; Lux Boreal de Henry Torres y Ángel Arámbula; Quiatora Monorriel de Benito González y Evoé Sotelo; Teoría de Gravedad de Aurora Buensuces, entre otros, buscaron desde plazas públicas, auditorios delegacionales e incluso trolebuses para llevar a cabo sus funciones.

Creadores como Jessica Sandoval, Antonio Salinas, Andrea Chirinos, Magdalena Brezzo, Gilberto González levantaron proyectos audaces pero efímeros. Muchos otros tenían puestos sus objetivos en el festejo del Día Internacional de la Danza –que por fortuna se suspendió gracias a la influenza–, y que se ha convertido en el lugar común para gastarse grandes presupuestos que estarían mejor utilizados en más producciones.

En la Ciudad de México, la UNAM realizó un Encuentro Latinoamericano de Danza Contemporánea Independiente, en el cual se destacó el maratón de solos realizado en el salón de ensayos de la Dirección de Danza de la UNAM y que tuvo a Cuauhtémoc Nájera –director de esa área– en controles técnicos.

La inquietante propuesta de Evoé Sotelo sentada en una silla, la de Benito González con una máscara de conejo, Édgar Paul cantando, José Rivera furioso por la muerte de sida de un amigo y el desplante técnico de Aladino Blancas fueron excepcionales. Nájera debería utilizar más a menudo el salón de ensayos como foro de maratones de ese tipo. El evento tuvo llenos totales durante todo el día y el público estaba ávido por ver en una especie de zoom a más coreógrafos-bailarines.

En cuanto a la Compañía Nacional de Danza (CND) del INBA, se puede decir que sigue siendo un éxito de público. No obstante, artísticamente su trabajo deja mucho que desear. De no ser su Cri-Cri, de José Luis González, el repertorio se ve limitado por obras para espacios enormes no adecuados para el ballet. En aras de la masificación, la CND está perdida y más con proyectos absurdos como el que hicieron sobre el Bi-Centenario.

Por fortuna para los que gustan de los bailes de salón, el danzonero Miguel Ángel Zamudio organizó en el puerto de Veracruz el Primer Campeonato Nacional de Danzón, evento que por su alcance tuvo eliminatorias durante todo un año hasta quedar seleccionadas las mejores parejas del país. Por fortuna si algo goza de buena salud en medio del desastre de la cultura, es el danzón.

En el terreno de los medios, Tania Pérez Salas hizo su segunda temporada de Juego de cuerpos en el Canal 22 con gran éxito; y en el terreno comercial, Alejandra González hizo Sicario, una puesta en escena que fracasó de principio a fin.

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