Girasoles de insidia

Dice la historia que el virtuosismo de un joven músico llegó a oídos del califa Harun al-Rashid (763-809) de Bagdad, quien se vanagloriaba de reclutar a los artistas más impetuosos de su tiempo Al parecer, la destreza del joven para tocar el laúd1 se debía a una serie de reformas que, por su osadía, lo habían distanciado de su maestro ¿Quién le había dado permiso para agregarle una cuerda a un instrumento que era perfecto con cuatro? ¿No eran cuatro los rumbos del universo y cuatro los temperamentos del hombre? ¿Con qué derecho había osado alterar el material de las mismas, sustituyendo la nobleza de la seda por la vulgaridad de las tripas? ¿Por qué había trocado el plectro de madera por una garra de águila? Eso era demasiado La audición del joven laudista frente al califa de Las mil y una noches fue concertada, de mala gana, por Ishaq al-Mawsili (767-850), músico consentido de la corte que, paradójicamente, había sido maestro del temerario innovador Resultado predecible: El monarca queda tan contento con las nuevas sonoridades del laúd, que el antiguo tutor siente su futuro amenazado Los salones de palacio no dan cabida a arribistas; imperativo dar cauce a las intrigas Así las cosas, al joven músico no le queda más remedio que emigrar hacia latitudes más benévolas Después de un largo peregrinaje, al laudista se le ocurre ofrecer sus servicios al emir de Córdoba, urbe floreciente de la Hispania musulmana abierta a las novedades No puede tener mejor tino; en el emirato cordobés se le recibe como a un embajador de la exquisitez y buen gusto Vive en una mansión palaciega pletórica de fuentes y, para su beneplácito, las aportaciones musicales de su invención son bien acogidas; tanto, que habrán de convertirse en simiente del arte sonoro de Al-Ándalus Mejor conocido como Syryab2 o Pájaro negro, el músico abre una escuela que, al paso de los siglos, llega a considerarse como el primer conservatorio de Europa El laúd de cinco cuerdas sabrá de mestizajes y su voz será cobijo para penas y alegrías errantes Por su mástil se deslizarán manos acostumbradas a agitarle la cabellera al viento, y al fluir de sus melodías una alborada continua sorprenderá al devenir En abrazo de maderas fundirá su comba femenina con el dorso viril de la cítara greco-romana, que lleva años aguardando Las sonoridades producidas en su interior perfumarán los jardines de mezquitas y abadías, de alcázares, castillos… Sus apelativos y sus formas se multiplicarán: vihuela, bandurria, chitarra baroca, mandolina, jarana, guitarrón, requinto… Traspondrá fronteras3, y los precursores de su repertorio escrito harán lo propio: Luys de Milán (1500-1561), Alonso de Mudarra (1510-1580)4, John Dowland (1563-1626), Gaspar Sanz (1640-1710), Silvius Leopold Weiss (1686-1750), Fernando Sor (1778-1839), Mauro Giuliani (1781¬1829), Francisco Tárrega (1852-1909)5… Empero, su linaje impuro le dificultará el ingreso a los conservatorios y salas de concierto del decimonónico; instrumento bastardo que acarrea la peste del vulgo Desclasada en su propia cuna, la guitarra clásica o “española” recibirá el mismo trato que su patria le reserva a sus hijos: los imbuye de un aire de falsa superioridad segregándolos por sus diferencias, los vuelve depredadores de su propia raza ocultándoles su origen multiétnico… Bajo ese contexto surgirá un guitarrista que se venderá a sí mismo como artífice del renacer de su instrumento Verá la luz en un pueblo de Andalucía donde se extraviaron los esplendores del califato, y emigrará a la capital para tener acceso a una educación menos rupestre Afincado en Madrid, escuchará de boca de los profesores del conservatorio cómo su vida será un desperdicio si la consagra a un instrumento sin prosapia Habrá, pues, de arreglárselas estudiando por su
cuenta Superadas las dificultades técnicas de la guitarra, se sentirá listo para emprender la reconquista del mundo La carencia de un repertorio que lo haga lucirse como su Dios anhela, no será un problema, al contrario, ya aparecerán los sujetos que se plieguen a sus designios Convencidos los agentes y granjeada la prensa, el virtuoso impondrá su nombre como sinónimo de excelsitud Los públicos no tardarán en rendirse ante la evidencia Como es de esperarse, visitará los territorios que sus ancestros subyugaron para recordarles la vigencia del coloniaje En su primer concierto en la otrora capital de la Nueva España, un crítico escribirá en mayo de 1923: “Oír las notas de la guitarra tocada por Andrés Segovia es abrir el espíritu al ensueño y vivir momentos deliciosos en un ambiente de arte puro…” Para fortuna del virtuoso, el crítico es un compositor sobrado de talento, aunque incapaz de ponerle precio a su trabajo, que le obsequiará una “página” de su autoría El obsequio se transformará en una sonata que, junto con un arreglo de La Valentina, el columnista de El Universal le enviará meses más tarde Superado el prejuicio sobre la capacidad del mexicano, Segovia (1893-1987) aprovechará su candidez para saturarlo de encomiendas Eso sí, jamás le pagará un centavo por ellas e, incluso, lo persuadirá de la inconveniencia de que su nombre figure repetidamente en los programas Para que vendan habrá que atribuirlas a la pluma de músicos respetados En cascada se sucederán los títulos: Suite, de Weiss; Sonata, de Paganini; Sonata romántica, de Schubert; Suite antigua, de Scarlatti… Respecto de la creación de lo que probablemente será la obra de mayor envergadura6, Segovia ordenará desde Ginebra: “Quiero que hagas unas variaciones brillantes sobre el tema de las folías de España (…) en un estilo del clasicismo italiano del XVIII (…) En total haz 12 o 14 variaciones (…) Si tú no las quieres firmar, se las adjudicamos a Giuliani (…)” El sujeto reticente a anotar su firma en la partitura no sabía tocar la guitarra, mas su genio creativo logró situar en la cima de la literatura guitarrística un total de 80 composiciones Como apuntó Segovia tras la muerte de su humilde colaborador: “Recibió del cielo resplandeciente de México dones envidiables para la música; de sus compatriotas, disgustos primero, reconocimiento parcial de su valor, más tarde… Son sus obras todas bellas y puras, porque él desconocía la malicia de escribir volviendo, como el girasol, la faz al éxito” Desde las penumbras de Bagdad zumbó la insidia para que Manuel M Ponce alcanzara a darle vida a mil y un pensamientos musicales; de aquel joven laudista y sus osadas reformas se nutre la reinvención de los tiempos l
1 Término procedente del árabe úd, aglutinado con el artículo arábigo al Se traduce como “La madera” 2 Su verdadero nombre fue Abul-Hasan Ali ibn Nafi (Irak 789-Córdoba 857) Además de laudista fue poeta y cantante Se ha inferido que pudo tratarse de un liberto de ascendencia negra 3 Será el alemán Jacob Otto quien le agregue la sexta cuerda en 1790; así mismo, será responsable de unificar la afinación “moderna” del instrumento 4 Autor de los Tres libros de música en cifra para vihuela publicados en 1546 en Sevilla, que se consideran como los primeros ejemplos de música escrita para este instrumento 5 Se recomienda la escucha de su Capricho árabe y de sus Recuerdos de la Alhambra 6 Se sugiere la audición de las Diferencias sobre la Folía de España y fuga de M M Ponce (1882-1948)
Elogio del libro Alejandro Rossi Es difícil imaginar a un gran escritor que no sea, ante todo, un gran lector, como lo era Alejandro Rossi, fallecido el viernes 5, quien al hacer el elogio del libro elogia en realidad la lectura, camino a la reflexión, la civilidad, la democracia Rossi pronunció en agosto de 1999 el discurso que ahora presentamos,
precisamente para saludar el “Año de la Lectura 1999-2000”, en el curso de una ceremonia en la Biblioteca de México
La Biblioteca es uno de los espacios mágicos que ha inventado el hombre Cuando entro en una de ellas – hoy es uno de esos días privilegiados– me invade una sensación de tiempo histórico prolongado y me sobreviene a la vez una suerte de creciente energía Es la extraña situación de estar, en un silencio que las hace más vivas, rodeado de personas y de voces, dispuestas todas a hablar conmigo Y de tener, además, el poder supremo de conversar con quien yo elija, ¿No es asombroso? En el momento en que comienzo a leer se produce este milagro La lectura, ese acto al parecer tan simple, es la causa de tantas maravillas Enseñar a leer es una obligación sagrada, no hacerlo es como cegar a un hombre Aunque la lectura no se reduce al libro, éste ha sido el objeto privilegiado No es casual, sus ventajas son innumerables No se destruye fácilmente, con un mínimo de cuidado dura siglos, no impone un tamaño fijo, los hay enormes y pesados, y también los que caben en un bolsillo; a éstos, por cierto, los inventó en Venecia Aldo Minuzio El libro acepta que lo leamos en la paz de una sala de lectura profesional o en un parque, o en la cama, o en el estrecho asiento de un avión No exige un espacio específico Si hay ganas, cualquier sitio es bueno Las páginas no se alteran porque, sea caro o barato, el precio mejora la encuadernación pero no el poema ni aquella frase deslumbrante Sí, los textos de los libros baratos son tan buenos como el de los lujosos ¿No es acaso sorprendente? Otro asunto notable, creo, es que si lo pierdo desaparece ese objeto, aunque no el libro Voy a la librería de la esquina (es un decir) o a la biblioteca de enfrente (es otro decir) y vuelvo a encontrarlo Vaya cosa curiosa: no me exigen que lo lea en silencio, nada pierde y a veces gana si lo hago en voz alta También me permite leerlo en soledad o entonárselo a alguien o a muchos ¿Cómo, pues, no hacer el elogio del libro, invención inigualable, una fantasía que parece, justamente, salida de un libro? En ocasiones hay suerte y por azar damos con el libro que cambia un destino Sospecho, sin embargo, que para que eso ocurra ya debe haber habido lecturas previas y es probable que en el comienzo encontremos – llamémosle así– un consejero En nuestro mundo de aquí y ahora, esa figura la representa, en grado principal, el maestro, el de carne y hueso, el que está frente a los niños que se estrenan en el arte de la lectura El maestro es esencial Hay que ayudarlo Sólo quiero recalcar una forma de hacerlo: aconsejarle la selección adecuada de lecturas El asunto es delicado, pues la elección de un mal libro puede adormecer definitivamente el alma de un niño El buen maestro debe ser a su vez un lector inteligente y, sobre todo, un creyente en las virtudes del libro Si es un infiel que en el fondo piensa que la lectura es una tarea fatigosa y que la diversión está en alguna obtusa historieta televisiva, estamos perdidos El buen maestro debe enseñar al niño o al adolescente, o al adulto, el tiempo precioso que requiere la lectura, el cual es muy distinto al de la nerviosa pantalla, que nos da imágenes de interpretación más rápida La lectura no es instantánea: es sucesiva y de tiempos lentos Es una lección indispensable, luego vendrán los consejos finos para descifrar los textos Sean estas palabras fugaces un aliento para un programa que se propone mejorar la lectura Juzgo que es importante y urgente Leemos, en efecto, poco, y muchas veces mal Escasean las librerías y necesitamos más bibliotecas Pero sobre todo, debemos multiplicar los lectores y así crecerá la conversación pública, que es la sal de la vida democrática, el diálogo, pues, que yo, como universitario preocupado, incito y apoyo

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