Omar Carrum, primer bailarín con la Guggenheim

De adolescente Omar Carrum soñaba bailar como Michael Jackson Practicaba sus secuencias día y noche para lucirse en la disco Ahora a sus 39 años es el primer coreógrafo y bailarín mexicano en ganar la beca Guggenheim para desarrollar el proyecto coreográfico Diván para el odio, la fragilidad y la incertidumbre
Galardonado también con el Premio INBA-UAM en 2002, Carrum, integrante de la compañía Delfos Danza Contemporánea, dirige además la Escuela Profesional de Danza Contemporánea, y no sale de su asombro al haber obtenido el apoyo de una de las principales fundaciones de Estados Unidos
En entrevista con Proceso, se muestra como en el escenario: vehemente De pelo negro ensortijado y nariz pronunciada, se ha distinguido dentro de Delfos por su fisicalidad extrema que le permite afrontar todo tipo de riesgos y por su interés en la indagación dramática que le hace vivir su experiencia en el foro como una suerte de “trance”
Carrum fue un exitoso estudiante, bajo sus gruesos lentes se ocultaba la ávida mirada de un futuro biólogo que amaba la taxonomía y que regañaba a sus maestros por no saber lo que era un lagomorfo –conejo Su promedio fue siempre el más alto de su escuela Entró a la danza por un tío bailador que decidió ponerlo a “menearse” para que se desarrollara mejor Se inició en la academia de Ema Pulido en las clases de jazz para principiantes No sabía ni cómo ponerse las mallas
Su padre, como miles de padres mexicanos, temía que el que su hijo quisiera bailar era un síntoma de homosexualidad Omar había visto bailar a los integrantes de la destacada compañía Jazz-Mex de Pulido y sabía que su rango de movimiento era de muy alto nivel, y quería ser como ellos Para mejorar su en dehors (apertura) se amarraba las piernas a cada extremo de la cama Se inventó poleas para subir sus piernas, soluciones insólitas para mejorar su danza
Iba bien hasta que un día vio bailar a Víctor Manuel Ruiz, de Delfos, y su vida cambió Conoció a Claudia Lavista, de la que se enamoró perdidamente dentro y fuera de escena, y la conquistó y se casó con ella Con lentes de contacto y enorme seguridad en sus aspiraciones, se integró con ellos a bailar Hoy en día su padre se sigue arrepintiendo de no haberlo apoyado como correspondía

Al diván

El proyecto propuesto por Carrum se inspira en múltiples pinturas y esculturas de Salvador Dalí, donde el cuerpo se representa como una suerte de armario La idea central es “plantear al cuerpo como un diván con muchos cajones donde guardamos nuestros recuerdos y las distintas emociones que los acompañan Con el libro de ensayos de Mauricio Ortiz Del Cuerpo como punto de partida para la investigación del lenguaje del movimiento, mi deseo es seguir explorando en posibilidades articulares y espaciales, pero haciendo hincapié en el cuerpo como contenedor específico de las emociones”
De los múltiples estados de ánimo, le pareció fundamental trabajar particularmente con tres: odio, fragilidad e incertidumbre:
“Me parecen inquietantes en este momento de mi vida Para ello agregaré en el proceso de investigación varios poemas de Mauricio Bojórquez, entre ellos ‘Casida del odio’, de nueve secciones, cito sólo el primero:
Todos tenemos una partícula de odio/ un leve filamento dorando azul el día/ en un oscuro lecho de magnolias
“No pretendo encontrar respuestas, sino plantear una serie de preguntas que intencionadamente queden inconclusas y generen nuevas interrogantes ¿En qué cajón del cuerpo se encuentran el odio, la fragilidad y la incertidumbre? ¿Qué circunstancia o motivo los abre en cada persona? ¿Cómo estas emociones se relacionan con nuestra memoria, nuestros principios y valores? ¿Estos cajones pueden vaciarse, o su contenido permanece siempre en estado latente? ¿Podemos abrir y cerrar estos cajones a voluntad?”
¿Por qué la incertidumbre?
“Porque observando los procesos de transformación de ciertos bailarines que considero grandes intérpretes, veo en ellos un manejo de la contradicción fundamental para el trabajo escénico Por un lado hay claridad y certeza en la forma de habitar su cuerpo en relación con el espacio y el uso del tiempo, lo que imprime un aplomo definitivo a su personaje Sin embargo, por el otro se mantienen en una duda constante que invita al riesgo, a la incomodidad y a vivir en el borde de los límites
“En lo personal me motiva más un bailarín que no tiene todas las respuestas y que constantemente se está haciendo nuevas preguntas Considero que sucede lo mismo coreográficamente hablando, tiene que haber una certeza en la propuesta escénica, pero al mismo tiempo una parte de incertidumbre que permita al público tener algo que resolver por cuenta propia”

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