Cantiga de la piedra

La perforación de la aguja le pareció menos dolorosa de lo que hubiera podido imaginar ¿Por qué le había tenido miedo a algo tan sencillo? De ese pinchazo, esperaba muchas cosas sin atinar a definirlas: olvido, cura a sus migrañas, acaso un perdón hecho de flagelos Había escuchado que era algo inolvidable, pues la intuición se volvía clarividencia mientras la voluntad se aletargaba ¡Qué sensación tan extraña! Un sutil abandono recorría sus miembros flácidos, alejándolo del presente con la suavidad de una medusa Amainaban las voces de su conciencia tornándose murmullos ¿O eran ecos del pasado que se aferraban a un dintel de la memoria? Volteaba la vista hacia la punta de sus pies sin reconocer sus zapatos ¿Cómo pudo atreverse a salir a la calle con ellos? Le apretaban el empeine y al intentar quitárselos no obtenía reacción alguna Se sentía atrapado como una mariposa en el bastidor de un cuadro Una aguja de luz le perforaba el vientre; sin embargo, no sentía dolor, al contrario, podía sentir el ímpetu con que la vida fluía por sus venas
De pronto, unas palabras lo sacudieron:
–¿Qué es lo que ve? Enfoque su atención en lo primero que le venga en mente
La imagen llegó acompañada de un olor a mugre En la pantalla de sus párpados veía el billete de 100 pesos que acababa de tener en la mano Escuchó desde lejos su respuesta: Estoy viendo un billete; aunque lo apriete se esfuma, y cuando reaparece me lo arrebatan manos hambrientas…
La alegoría era evidente Estaba de nueva cuenta sin trabajo y, para colmo de males, los dolores de cabeza no le daban tregua En la desesperación, había desempolvado el viejo acordeón de su abuelo ¿Quién iba a decirle que acabaría tocando en los vagones del Metro para recolectar más miserias?
–Concéntrese en la imagen –repitió la presencia ¿Qué más ve? ¿Logra distinguir algún sonido?
Es siempre la misma cara del billete la que se aparece, contestó sin esfuerzo, pero no oigo nada Estoy metido en una espiral que se chupa los ruidos Como si estuviera dentro de una aspiradora silenciosa
–No pierda de vista a la imagen Agárrese a ella, es un portal de ingreso –volvió a proferir la voz
Ahora la imagen del billete cambia de textura Sí, el papel se quema y el monolito de piedra se mueve entre las llamas La escultura que representa al dios de los placeres y las artes me observa con las cuencas vacías de sus ojos, y parece implorarme algo Me invade una pesadumbre enorme, respiro con dificultad Un alud de tierra se me cuela hasta la tráquea obstruyéndome la respiración
–Continúe sin preocuparse, son trampas que le tiende su psiquis ¿Qué más percibe?, dígalo, aunque le parezca disparatado
En medio de un revoloteo de buitres, veo torsos desnudos que manan sangre Varios soldados con risa de hiena secundan a un sacerdote que pisotea ofrendas y mancilla el adoratorio Cuando le arrancan los ojos a la escultura, siento que una espada me rebana en dos Se me crispa la cintura, es un crispamiento insoportable…
–No se detenga, grite si es necesario
Los quejidos se me atoran en el pecho, pero el dolor ha cedido A la distancia escucho un crepitar de sahumerios Hay una algarabía contagiosa Nubes de copal se mezclan con un perfume embriagador de flores Ondulan tilmas al son de las danzas Con las manos marco el ritmo sobre un atabal para que el pueblo haga reverencias a Xochipilli, dador y custodio del canto, el amor y la belleza… En la base de su estatua se amontonan los tributos de maíz tostado Me gira la cabeza… Espere, algo me atraviesa la lengua y soy yo mismo quien se inflige sacrificio El punzón de hueso hace que la sangre se escurra por un mimbre para que no se derrame ni una gota fuera de la cavidad pétrea… ¡Qué sufrimiento! Tengo las orejas y las piernas perforadas por puntas de maguey… ¡Ayúdenme, me ahogo en mi propia sangre!
–¡Para encontrar sus respuestas debe atravesar sus miedos!
Un sol de escalofríos me carcome la piel Tengo frente a mí el basalto casi terminado, pero lo he hecho en secreto; sólo me falta esculpirle en el cuerpo los símbolos del astro por quien se vive y las plantas alucinógenas que acostumbro ingerir Gracias a ellas la existencia se vuelve tolerable Soy un desertor de las guerras floridas, que a escondidas se deleita en la contemplación de lo bello Mis manos quisieran hacer música y desbastar la piedra en lugar de ser un instrumento de la infamia… A furia de enmudecer mi espíritu me he convertido en un despojo
Visiblemente alterado, el individuo se incorporó del camastro para devolver el estómago Después cruzó las piernas y levantó el rostro para escudriñar el infinito Parecía que esa postura, idéntica a la impresa en el billete,1 le daba sosiego Al cabo de un rato, escapó de su boca una melodía temblorosa: Doy principio aquí,/ Yo cantor/ Flores brotan de mi corazón,/ Hermosos cantos de mi corazón,/ Con ellos alegro al dador de la vida2 Una vez que la débil entonación anidó en los huecos del aire, el sujeto agachó la cabeza sollozando Su cuerpo se encorvó para resguardarse de los martirios de aquellas visiones
–Levántese amigo –le dijo entonces el acupunturista al tiempo que le ofrecía una taza de té Lo que le ha sido revelado con la introducción de las agujas en el entrecejo le habrá aclarado muchas cosas Lo más probable es que el origen de sus migrañas radique en la evasión continua que usted ha buscado a través de las drogas Ya no huya de sí mismo Parece que su verdad debe fluir por las corrientes de la flor y el canto… Sé que anda corto de dinero, así que voy a devolverle el costo de la sesión con la esperanza de que haga, como no lo ha hecho en mucho tiempo, lo correcto
Era una mañana radiante, demasiado hermosa para que el joven se internara en los túneles del Metro con su acordeón a cuestas Ya había malgastado varias vidas envuelto en las tinieblas del inframundo Con el billete en su bolsillo se dirigió a la Sala Mexica del museo de Antropología para rendirle tributo a su inigualable escultura Había aprendido que los mandatos del espíritu no se suplen jamás con los bienes materiales, y que el alma sobrevuela cualquier crisis por más siglos que perdure

1 Se sugiere la degustación del haikú de Octavio Paz dedicado al numen de este relato, así como la lectura del poema Xochipilli, Lord of Flowers, del pintor y poeta Max Weber (1881-1961) Así mismo, se sugiere la escucha de la Misa homónima del compositor norteamericano de origen mexicano Skinner Chávez Melo (1945-1992) Existe también una obra intitulada Xochipilli-Macuilxóchitl, Una música azteca imaginaria, de Carlos Chávez (1899-1978), pero a los pocos que la conocen no les ha suscitado ningún fervor indigenista, muy al contrario, los ha alejado de las salas de concierto
2 Extraído de los Cantares mexicanos (21 r)

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