“El Reposo”

En una noche inclemente resuenan sobre los bramidos de la laguna los pasos de un hombre afligido Sus pisadas retumban a lo largo de los canales que a esta hora están desiertos Se trata de un ser extraño: vive sirviendo a Dios pero nunca ha creído en la supremacía de su credo, y siente más curiosidad por los pájaros que por sus congéneres
Mientras avanza, el anómalo sacerdote no logra marcar con sus pies un compás que pueda servirle de molde para domesticar melodías El esfuerzo físico que enfrenta podría avasallar su endeble humanidad Esa costumbre de moldear pensamientos musicales con la andadura le viene de años atrás pero ahora se afana, no obstante su estrechez pectoral, por acelerar el paso Va en camino del hospicio en donde han abandonado a un expósito que agoniza ¡Precisamente hoy que podía ausentarse de sus deberes para celebrar la natividad en compañía de su verdadera familia!
Con cada puente afrontado sin convencimiento las probabilidades de asfixiarse aumentan en proporción directa con la mengua de autoestima En esos trances ha conocido la verdadera miseria del cuerpo, que es también miseria del espíritu
–No salgas, hijo, no seas necio… –fueron las palabras de su madre, quien había tratado de disuadirlo para que no abandonara el fuego hogareño en vísperas natalicias ¿Qué tanto importaría que un huérfano muriera sin haber recibido el bautizo? Los niños están tan cerca de Dios que no necesitan de tantos trámites para ser legitimados ¡Hay que dejarse de patrañas, aquellos que los necesitan son los clérigos!
En el hospicio está alterada la calma de los días de fiesta Varias monjas rezan, y su bisbiseo se suma a las directrices de la superiora, quien vigila que la temperatura del agua en la que sumergen al huérfano recién llegado sea la adecuada El infante arde en fiebre Por los pasillos del orfanato circula la novedad sobre la presencia de un expósito de piel trigueña que se debate en los linderos de la vida Su ingreso fue precedido por violentos toques de aldaba y viene acompañado de un mensaje redactado en una lengua incomprensible
Los enigmas que circundan a la criatura provocan desconfianzas A nadie le llamó la atención que fuera abandonado dentro de un canasto tejido, lo que resalta es el papel sobre el que se ha escrito el mensaje A menudo los expósitos traen consigo monedas o porciones de alimento, que son una muestra de la desesperanza que aminora la culpa; éste es un caso distinto El material que contiene el mensaje no es el tradicional pergamino ni el papel de arroz traído de China, parece según las entendidas una rebanada de árbol Escrito con tinta escarlata se lee lo siguiente:
Ca niquelhuizquia in mâ xôchitlân, cuîcatlân monemiti in nopiltzin Mâ îxquich îc huâl têtlâcohchîhualo in tlâlticpactzinco Namêthnotlazohcamachilîa
Es predecible la reacción de las monjas al intentar la pronunciación de los vocablos: se santiguan contrayendo las fosas nasales; tal como si estuvieran oliendo azufre
No obstante las zambullidas, la temperatura del crío no cede, temiéndose un desenlace trágico La piel cobriza hierve y la mirada del niño está perdida en algún mundo lejano Esta criatura, venida de quién sabe cuál infierno, porta consigo la punición por la maldad de su raza No puede ser de otra manera
Apelando a su fuerza interior el preste logra llegar hasta el portón del hospicio, pero es un despojo de sí mismo Con cada exhalación saca una nube de vapor y le silban los pulmones Nunca había recorrido el largo trecho con paso tan raudo, y considera que es un milagro que no se haya desatado la furia de su dolencia Algo bueno habrá detrás de todo esto Se imagina como la encarnación de un condenado que desciende de la barca de Caronte para reingresar en el mundo de los vivos
–Nos tenía preocupadas padre, sabíamos que no era una buena idea hacerlo venir esta noche –le espetan las monjas que lo conducen hacia el expósito
El sacerdote no pierde tiempo en dialogar con las mancebas de Cristo y hace lo que tiene que hacer: rocía con agua bendita la cabeza del moribundo y enuncia las frases latinas de rigor; empero, la escena a la que asiste le enciende una chispa de gracia Su cometido, cueste lo que cueste, es aquel de salvar almas, tantas como su vida terrenal le permita y también más allá de ella Sin eso, no habría redención posible La fatiga le exige una tregua que se presta para apreciar el esplendor del momento con el corazón en quietud Toma asiento en el bufete donde ha quedado uno de los instrumentos musicales de las huérfanas y pide que le traigan péñola y tintero Así conjura el desasosiego y logra que se normalice el ritmo de su respiración
Antes de comenzar a escribir le enseñan el mensaje que acompañaba al bebé moreno, y su comentario es que el sufrimiento puede venir desde muy lejos y que él no descartaría que el color de la piel de Jesucristo se hubiera asemejado más a ese
El entusiasmo por los sonidos se apodera de él y le parece oportuno traer a cuento que hoy, hace mil 720 años, nacía el santo niño En el encabezado de la partitura anota Il Riposo, al tiempo que pronuncia et in terra pax hominibus bonae voluntatis El allegro inicial fluye de su mano con la velocidad de una estrella fugaz como la que acaba de surcar el cielo Antes de esbozar las armonías que servirán de puente entre los tiempos rápidos, cae en la cuenta de que el título del concierto está trunco si no le agrega per il Santissimo Natale Cuando aparece el bucólico tema del tercer movimiento, el hombre de fe desvía la mirada y la posa sobre el cuerpecito afiebrado que sigue aún con vida Se aproxima al recién nacido con el violín en ristre para confirmar que la música es el mejor bálsamo para las almas sufrientes y los cuerpos en zozobra Los ojos de la criatura se iluminan con aquella sonoridad que lo acaricia evocando ruiseñores y zampoñas… Golondrinas y pastores… Es un retablo sonoro que se sostiene en el aire esparciendo la inmanencia del oro, el albedrío del incienso y los sueños de la mirra1
Epílogo Alrededor de la vida de Antonio Vivaldi se han tejido muchas leyendas que tratan de colmar la inexistencia de datos; sin embargo, es posible acertar que el asmático veneciano compuso, en torno al 1720, el concierto que dio pie a esta ficción Mezcla de augur y aflicción, el texto del mensaje es testimonio de la angustia que se ha cernido siempre en torno a la maternidad Sobre la superficie del amate quedó consignado, en su desolada sencillez:
Quisiera que mi niño viviera rodeado de música Ya basta de traer esclavos al mundo Gracias l
1 Se recomienda la audición del concierto para violín Il Riposo Rv 270,
de Antonio VIvaldi

Comentarios

Load More