Tibol y Reyes: La inteligencia de la mirada

Universidad Autónoma de Nuevo Léon
Cuando se observan las espléndidas fotografías de la casa de Alfonso Reyes que Ricardo Salazar tomó en 1956, salta a la vista, junto con la miríada de libros que anida en los muros, la gran cantidad de cuadros de pequeño y mediano formatos, bustos y figurillas que compiten por el espacio Y en esas imágenes sólo se muestra el principal recinto de la casa Es obvio que en el resto de ella deben haberse desplegado muchas otras
Retratos de don Alfonso y de su esposa Manuela; obras obsequiadas por artistas plásticos con los que hicieron amistad en los países en que él se desempeñó como diplomático; carbones, óleos, tintas, acuarelas, grabados, dibujos a lápiz, caricaturas, tallas y esculturas de autores mexicanos y españoles; fotografías también, de Nadar, Man Ray, Giselle Freund, entre otros; centenares de piezas que a comienzos de los años ochenta, luego de que la biblioteca de Reyes fuera trasladada a su natal Monterrey, Nuevo León, Raquel Tibol ordenó y catalogó, a petición del Instituto Nacional de Bellas Artes, con el objeto de convertir la capilla Alfonsina en una casa-museo
Carlos Blas Galindo, hoy director del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas del INBA, apoyó a su distinguida colega en la tarea y fungió como museógrafo residente
Algunas de las primeras consideraciones por escrito que resultaron de las muchas horas de investigación, lectura y reflexión invertidas en ese propósito, aparecieron en las páginas de esta revista en abril de 1984 (véanse los números 389 y 390), y después cristalizarían en ensayos como Alfonso Reyes, los pintores y las artes plásticas, contenido en el libro de Víctor Díaz Arciniega, Voces para un retrato (Fondo de Cultura Económica, 1990) y El color y la escritura (revista Alforja, número VI, 1998)
Ahora, con la publicación de Una capilla de colores Alfonso Reyes y las artes visuales (Universidad Autónoma de Nuevo León, 2009), Raquel Tibol entrega el primer libro dedicado expresamente a examinar las ideas de Reyes en torno de las artes visuales y a resaltar los numerosos vínculos que estableció con artistas de diversas generaciones –de Ángel Zárraga y Diego Rivera, a Juan Soriano y Pedro Coronel, para ceñirnos a México
A través de una muy atenta lectura de la obra de Reyes (epistolarios y artículos dispersos incluidos), por la cual profesa evidente admiración, Raquel Tibol ilumina el interés del prosista por la percepción visual y la educación de la mirada, la riqueza de su experiencia y la agudeza de sus apreciaciones, hasta hacer evidente el profundo placer con que se aproximaba a las artes plásticas, la hondura de las ideas que generaban en él y la manera en que resuenan en su obra –por ejemplo, en las páginas de Visión de Anáhuac
A un par de meses de la apertura de la gran exposición que el Museo Nacional de Arte presentará para conmemorar el cincuentenario luctuoso del polígrafo regiomontano,  (Alfonso Reyes Los territorios del arte), el libro de Raquel Tibol resulta una introducción inmejorable  </font

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