“Impromptu”

Where words fail, music speaks
Hans Christian Andersen
“Es necesario tener un porqué y disponer de un cincel bien afilado antes de empezar el desbaste de la piedra de nuestra existencia…”
Extraviada la armonía con nuestro interior y el mundo circundante, la distancia que nos separa de nuestras genuinas necesidades anímicas crece sin tregua Concebidos para el diálogo, el ocio creativo y las apariciones de cupido, nuestros espacios públicos se infectan con uno de los virus más difíciles de inocular: el de la indiferencia Estruendosas sonoridades que denigran la inteligencia y lesionan nuestro frágil sentido del oído se suman a la ingestión de un aire con un oxígeno cada vez más envenenado Desolación por decreto, parálisis compartida
Pavimentemos el optimismo recordando que la diferencia sustancial que existe entre la configuración genética de un chimpancé y la de un ser humano es, precisamente, el genoma del oído Dicho en otras palabras, la capacidad de expresarse, de construir un sistema de pensamiento y, por consiguiente, de crear una civilización depende, en el inicio de los tiempos, de la capacidad auditiva de aquel ancestro que se humaniza con tantas fatigas Transcurren milenios para que la raza humana procree a un Leonardo da Vinci o a una Sor Juana; sin embargo, con tanto abolengo evolutivo nos perfilamos, en plena era de prodigios tecnológicos, hacia un ensordecimiento expansivo del que parece no haber retorno
Permitimos que los detentadores del poder nos reduzcan a la condición de lacayos merced al embrutecimiento que nos endilgan deliberadamente los principales medios de comunicación, las instituciones seudoeducativas y las empresas que inducen el “solaz” colectivo Analicemos como botón de muestra el estado de abatimiento espiritual con que salen de los antros nuestros ciudadanos del mañana, después de pernoctar ahí en las vigilias de sus inciertos futuros Son despojos de su propia miseria A una juventud que sueña hay que sentarla frente a la televisión y ofrecerle la mayor gama de enervantes posibles; a un pueblo que canta hay que inundarlo de ruido; a una raza que lee hay que vaciarle los ojos con las encomiendas del consumo y las frivolidades del “entretenimiento”
Empero, no todo es oquedad en el túnel de la desesperanza Para ejemplo del planeta está el pueblo finés, que no escatima esfuerzos para la educación de su gente ni para la preservación de su entorno natural El finlandés encuentra en sus bosques las raíces más profundas de su identidad y sabe acudir a las aguas puras del arte como fuente de transformación social No permite que el humo de los motores lo aleje de sus auroras boreales Tampoco tolera que su fauna acuática perezca por los desechos de sus fábricas de papel Defiende a dentelladas sus paisajes sonoros preservando, hasta donde es factible, el silencio La formación de sus niños es una responsabilidad compartida por todos los miembros de la comunidad y se basa en el desarrollo armónico de las capacidades innatas del infante y no en su control autoritario ¿Hay que decir algo más? Ciertamente El sueldo de los maestros finlandeses es equiparable con la importancia de su misión y la enseñanza de la música es prioritaria en su currícula escolar…
Claro, por eso se considera como un país de primer mundo, argumentarán los escépticos, pero aclararemos que la principal riqueza de Finlandia deriva de sus bosques y que son pioneros en el arte de la reforestación1 Cabe aquí la pregunta: ¿Sabemos nosotros reforestar los nuestros?
Eso es concebible dentro de una sociedad que no ha sufrido coloniajes, dirán otros, pero habrá que hacerles presente que la independencia de la República de Finlandia se logra hasta 1917, después de sufrir una opresión sueca de seis siglos y de ser brutalmente anexada a la Rusia zarista por otra centuria
Intervendrán terceros, a manera de abogados del diablo, para cuestionar el porqué, entonces, de su alto índice de suicidios y su desaforado nivel de alcoholismo, y la única respuesta viable es aquella que resulta de la impotencia frente a la aniquilación constante del mundo ¿No tendrán algo de razón los depresivos habitantes del círculo polar ártico al usar sus saunas y su música para liberarse de las toxinas de la rapacidad y la estulticia?
Apelemos a un hecho clave: hacia 1899, la opresión rusa llega a umbrales intolerables para la dignidad finlandesa, ya que varios periódicos y semanarios de la antigua Helsinki son vilmente suprimidos La resistencia civil organiza unos “Días de la prensa” para recabar fondos para los periodistas cesantes Es invitado a participar un joven compositor que se distingue por su amor a las leyendas patrias Es por todos sabido que en su música resuenan los vientos y refulgen las nieves, ondean los pinos y cantan los cisnes2 Se trata de Jean Sibelius (1865-1957), quien escribe una obra que está a tono con las circunstancias Su título: Finlandia, despierta…3, misma que se estrena en su teatro más importante que se llama, nótese la ironía, Suecia El fervor patriótico que suscita el poema sinfónico tiene tal impacto que los jerarcas rusos prohíben las ejecuciones dentro del imperio, mas no logran impedir que trasponga fronteras La obra, cincelada magistralmente por el compromiso político de Sibelius, erige una barrera infranqueable para la tiranía invasora En Alemania se toca como Vaterland y en Francia como La Patrie La presentación en territorio ruso es concedida con el condicionante de que su título no despierte sospechas Sibelius dirige el estreno de 1904 en Riga, anunciándolo como Impromptu…
¿Por qué tanto miedo, no se nos ha dicho que el arte sonoro es un pasatiempo inocuo? ¿No resulta obvio que la implantación de cualquier imperio comienza por monopolizar la música y secuestrar la palabra?
Vayamos ahora a la realidad nacional, ¿es admisible seguir postrándonos frente al imperio que nos impone su chatarra sonora, su empobrecido lenguaje y su piratería financiera, en lugar de escuchar la música que emana de nuestro ser mestizo? ¿Tenemos que seguir viviendo en medio de los reiterados ultrajes a la libertad de expresión, como aquellos propinados a la revista Presente en 1951 o a Excélsior en 1976, para que nuestra sociedad convoque a algún compositor para que escriba un poema sinfónico titulado “México, despierta”? ¿Hay que continuar presenciando el allanamiento, enajenación y despojo de nuestros recursos naturales con complacencia ovina?
Concedámonos el privilegio de la duda para que las manifestaciones del espíritu reivindiquen los entuertos de nuestra “evolucionada” especie La música nos aguarda siempre para transformar las branquias de nuestra pasiva ignorancia No es casual que Jean Sibelius haya escrito después de desbastar a plenitud su monolito existencial que “cada hombre y cada nación tienen la facultad de moldear el bloque de granito de su destino, según sus propias convicciones” l
1 La tala del oro verde finlandés se permite bajo la consigna de reforestar 30% más de lo talado
2 Se recomienda la audición de Las leyendas de Lemminkäinen op 22 de Sibelius
3 Suomi herää, conforme al título original

Comentarios

Load More