“Umbrales”, de Pilar Medina

Dice Pilar Medina que últimamente ha hecho cosas que no había hecho nunca antes Pareciera que detuvo la imparable máquina interior que venía forzando desde hace tiempo y se tomó un respiro para recuperar su aire, y, sin más, renunció a lo que hubiese que renunciar
Umbrales, espectáculo que concluyó su temporada en la sala Xavier Villaurrutia del INBA, es de manera evidente el espejo de esa renuncia Y a la manera un tanto zen, que afirma que en ocasiones hay que perderlo todo para ganarlo todo, la obra creada por la artista –formada dentro de la danza contemporánea, el flamenco e incluso el teatro– es, sin duda alguna, lo mejor que ha hecho en su larga carrera
Un nuevo vocabulario corporal, diferentes matices de movimiento, un lenguaje claro y una estética uniforme convocan al público a internarse en los diversos mundos interiores de la bailarina, que sin cliché de ningún tipo se atreve –tal vez por primera vez– a no hacer uso de la belleza de su rostro, y su cabello (desde hace tiempo parecía estorbarle) para mostrar que es una mujer, además de hermosa, profundamente compleja, sensible y por demás talentosa
Sin nada más que ella a flor de piel, entrenada físicamente en un muy buen nivel y con una figura estupenda, Medina demuestra que si bien siempre fue una fiera del escenario, poseedora de una gran claridad de lo que sucede en ese otro espacio, en esa otra realidad, en esta ocasión es más fiera aún para exhibir desde la entraña una insondable profundidad de sentimientos, contradicciones y vulnerabilidades que de tan íntimas tocan lo universal
Umbrales de Pilar parece ser una suerte de ritos de iniciación para quedarse con lo imprescindible, con lo básico Esta idea se fortalece con una eficaz e ingeniosa escenografía creada por Jorge Ballina: una especie de cuarto creado con una cinta que se encuentra anudada con simples moños Al desatar el moño desaparece una parte del cuarto y todo se simplifica para entrar a otro umbral
Como eje fundamental, el vestido de Medina diseñado por María y Tolita Figueroa es en sí mismo todo un concepto dramático que le permite a la artista crear y sortear una serie de obstáculos que se resuelven a través del vestido, que sin duda alguna es el mejor recurso escénico del que se vale Medina Y así, ella lo mismo es una anciana, una joven sensual, mujer a borde de su propio abismo, una novia coqueta… Todo lo hace Medina con el sencillo vestido que trasforma a través de cordones
Con pistas sonoras elaboradas con música de Bach, Enrique Morente, Joe Henderson, entre otros, se destaca la de Keith Jarret, con Ramón Gutiérrez en el fragmento llamado “Umbral tres beberme el mar”, que no sólo es conmovedor, sino sorpresivo por la brillante manera de Medina para resolver con un abanico, un vaso y un anillo el pasaje hacia otra realidad
Un espectáculo de tanta inteligencia y sencillez merece ser visto en todo el país Ahora que es evidente que el INBA, la UNAM y otras instituciones culturales son un páramo, cuando menos podrían llevar Umbrales a todos los teatros posibles y mostrar que a pesar de que el mal manejo gubernamental de la crisis está aniquilando múltiples posibilidades de creación y producción, existen artistas que a lo largo de toda su vida siguen subiendo escaños y cada día son mejores l

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