Trinos sin porvenir

Sus cuerpos inertes dan la señal de alarma Enjaulados, con los pulmones que se colapsan al inhalar los gases tóxicos que moran en la entraña de la tierra, los pájaros le han avisado al minero, a lo largo de los siglos, sobre la inminencia de la muerte Y lo hacen también a cielo abierto, pero en su eterna inconciencia la criatura humana socava aún los rincones más lejanos de la atmosfera creyendo que su destino se desliza sobre rieles distintos a los del resto de los seres vivos que pueblan el planeta Pobre homo sapiens, tan inteligente y tan insubstancial, tan industrioso y tan destructivo…
Preferible soslayar los estragos originados en aras del progreso a ultranza y prestarle oído a esos organismos alados que motivan al homínido para que transforme sus gruñidos en canto; pertinente recordar que gracias a ellas, a las aves cuyo trinar despierta corazones dormidos, que el hombre mecanizado se las ingenia para elevar su contradictoria humanidad de la faz del globo terráqueo Al escucharlas, se pone en vibración esa parte luminosa que yace arrinconada en socavones remotos de nuestra conciencia
Dice la historia que el primer músico que intenta plasmar en una partitura la sonoridad de los pájaros es el preste francés Clement Janequin (ca 1485-1558), a quien, justamente, debemos conmemorar por el quinto centenario de su desaparición Para muchos estudiosos, su Chanson des oiseaux abre la brecha de lo que hoy se denomina como música programática, es decir, música que se rige por un “programa” concebido a priori1 En el corpus de la producción janequina abundan emulaciones sonoras de índoles muy diversas, desde los fragores del campo de batalla hasta los gritos del ambulantaje parisino Probable alumno de Josquin Desprez (1440-1521), a quien Martín Lutero considera como “El maestro de las notas”, Janequin encarna los ideales humanísticos del Renacimiento, ya que se preocupa por dejar una huella concreta de su individualismo a través de sus creaciones Con toda probabilidad, el motete Il grillo que Desprez compone en 1502 es simiente para los afanes “figurativos” de Janequin En la citada Chanson, la voz humana realiza coloquios entre ruiseñores, cucús y petirrojos que traslucen la presencia de Dios…
El vuelo de una gaviota nos conduce ahora hasta el pretil de una ventana Pertenece al hospicio en el cual otro hombre de fe vuelca en sus partituras su devoción por la naturaleza El individuo que vemos agachado sobre un rudimentario bufete escribe con velocidad pasmosa y de su péñola brotan cuantiosas alusiones a las aves que lo cautivan Consumado en su oficio, logra darle voz a tórtolas, mirlos, verderones sin desdeñar el retrato auditivo de abejorros y moscardones2 Son numerosos los textos poéticos que emplea para hacer una apología sonora de mariposas y luciérnagas Sin saberlo, el cura nativo de Venecia, mejor conocido como il Prete rosso (1678-1741) se anticipa a las luchas ecológicas del futuro componiendo cantatas cuya letra exalta selvas, prados y hermosos árboles que prodigan sombra y frutos Imposible la absolución para cazadores y talabosques Son ellos quienes clavan más espinas en los ojos yermos del Señor…
El motivo melódico fluye del pico del estornino inundando de luz los oídos de su dueño Éste lo escucha a sabiendas que le duele el cielo que le es vedado Entre los dos se teje una complicidad que muerde el silencio La destreza canora del pajarillo cautivo es transcrita a las pautas por la mano insomne del sumo artífice de los sonidos Tal como consta en la partitura, en esa tarde del 12 de abril de 1784 la mascota alada juega a imitar a su amo para volverse habitante del árbol sideral donde nace la música3 La muerte del estornino aviene unos días después e incita al compositor a escribir una pequeña marcha fúnebre que ejecutará en el clavecín antes de ofrendarle a su pequeño amigo una sepultura digna del amor que le tuvo4 La paradoja nos estremece, siete años más adelante no hay música en el funeral del genio de Salzburgo A Mozart lo entierran en silencio en la misma fosa común donde, 50 años antes, se deposita el cuerpo de aquel veneciano que también amaba a las aves
Canta hasta que sus cielos se colmen/ del amor que le infunde la tierra/ nuestro valle es su cáliz dorado,/ y ella es el vino que se derrama, escribe el poeta británico Georg Meredith (1828-1909) para evocar el prodigioso vuelo de la alondra El impacto emocional con la lectura del poema obliga a Ralph Vaughan Williams (1872-1958) a traducirlo en música La obra, parida en vísperas de guerra, alcanza cimas meditativas que difícilmente encuentran paralelo en la literatura violinística5 Vaughan Williams vuelve transparente el follaje de la orquesta para que el gorjear del ave solista enhebre giros aéreos que nos elevan, junto con ella, hacia regiones desconocidas donde se firmamentan las estrellas
“Apenas haya muerto, del polvo de mis huesos levántese mi canto, como una nubecilla que poco a poco crezca hasta envolver la tierra…”, reza el salmo que el compositor michoacano Miguel Bernal Jiménez (1910-1956) escribe para que la rueda de la vida lo empuje en la dirección correcta No imagina que su motete para voces mixtas Aves sin nido quedará insepulto en una cripta erigida por la indiferencia de su propia raza y que el título mismo habrá de presagiar hogares rotos y desbandadas forzosas6 Está muy lejos de concebir que en su natal Morelia pulse el odio en frondas con nidos vacíos Le parece inconcebible que en su amado México el olor a cuartel se esparza como una nube que envuelve, poco a poco, a la tierra que gime…
Ya no necesitamos de canarios para ser advertidos del peligro, nuestros pulmones revientan ahora al respirar los gases venenosos que emanan de abismos socavados por nuestra propia barbarie l
1 A este género musical se le contrapone la supuesta “Música absoluta” Su “oposición” tiene un paralelismo con el que se suscita entre pintura figurativa y abstracta
2 Se recomienda la audición del Concierto para flauta op10 No3 “Il gardellino”, en el que Vivaldi imita los melismas de un jilguero
3 Se aconseja la escucha del Concierto para piano en sol mayor No 17 Kv 453, de Wolfgang Amadeus Mozart La participación del estornino está documentada en el Allegretto
4 Se trata de la Kleiner Trauermarsch en do menor Kv453ª
5 Se recomienda con particular énfasis la audición de la romanza para violín y orquesta “The Lark Ascending” del ínclito compositor inglés desaparecido hace medio siglo
6 La obra referida sigue aún inédita y no tiene para cuándo salir a la luz

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