Maguy Marin y su “Umwelt”

NUEVA YORK – Durante el estreno de Umwelt en Francia en 2004, un furioso espectador dio un salto al foro gritando “lárguense del escenario” La coreógrafa Maguy Marin, autora de la pieza, aterrorizada, salió al paso pidiéndole que se bajara El hombre se le fue encima Él terminó con una tremenda mordida y ella con un dedo roto
El estreno de la obra en el teatro Joyce de esta ciudad hace unos días no tuvo tal carácter de riña, pero no por ello fue menos notoria la forma en que más de una decena de personas abandonaron con enojo y ruido el teatro Incluso, al final, mientras se daba una ovación al montaje, algunos abuchearon lo que puede ser uno de los mejores espectáculos que se han dado en el ámbito dancístico mundial en los últimos años
No es para menos Umwelt (“medio ambiente”, en alemán) es una síntesis brutal de la sinrazón Nueve bailarines y actores se mueven en un trazo horizontal por el foro entre hileras de espejos Grupos de ellos aparecen y desaparecen furtivamente como sometidos a la cadencia del mar y realizando acciones repetitivas que parecen no tener un comienzo y mucho menos fin
En el foro se suceden los grupos, algunas veces de frente, de lado o espaldas, con coronas, rascándose, comiendo una manzana, tirando basura en el proscenio, cargando un bebé, con orejas de burro y dando mordidas a una zanahoria, con una pistola o una lámpara con la que alumbran al público, desnudos, en bata de seda china y una copa en la mano, amándose, subiéndose los pantalones, cerrándose la bragueta, como perros persiguiendo a un conejo, etcétera Todo bajo una secuencia de movimiento inalterable, repetitiva, brutal y hasta asfixiante
No hay anécdota que seguir La actividad humana es el eje de la acción, y para Maguy Marin existen muchas formas de hacer las cosas, de moverse para vivir o sobrevivir cotidianamente, lo que da una posibilidad ilimitada de mostrar al hombre en un retrato descarnado y estremecedor
Todo el movimiento escénico transcurre dentro de un viento de huracán que nunca cesa, y reproduce la inestabilidad del hombre frente a la naturaleza, mientras tanto los espejos se tambalean creando imágenes distorsionadas u otros ángulos del mismo personaje
Al igual que la propuesta May-be representada en México al principio de los años noventa en la sala Miguel Covarrubias de la UNAM, Umwelt se apoya en los escritos de Samuel Beckett La obra está sustentada en lo que se ve en el instante y el significado que cada quien da a lo que ve En 45 minutos se vive la sensación de lo que Marin describe como “no somos víctimas, pero de igual manera tenemos una gran sensación de impotencia Todo va mal y hay una sensación real de tristeza”
Hábil en su forma de manejar la misma acción hasta lo exhaustivo pero dándole una multiplicidad de significados, Umwelt es una experiencia límite que no deja indiferente a ningún espectador
Pareciera que el espectáculo no es apto para los que tengan hipersensibilidad al terror de verse reflejados en el foro Y a tal grado, que incluso para las funciones neoyorquinas fueron repartidos tapones para los oídos, dado que la pista musical creada por Denis Mariotte es incesantemente abrasiva y se escucha en un volumen perturbador Esto se recrudece por una cuerda que corre a lo largo del escenario y pasa por encima de tres guitarras eléctricas
Para no dejar dudas de que los de arriba son la imagen de los de abajo y viceversa, el vestuario es ropa de uso cotidiano y la luz es una nítida blancura que impide crear otra atmósfera que no sea la de aquí y ahora
Al final de la primera función de la temporada, Marin llevó a cabo una sesión de preguntas y respuestas con el público Una buena parte de la audiencia deseaba más hacer saber a la coreógrafa lo que había sentido que preguntar sobre el proceso de creación del montaje Y como cada cabeza es un mundo, alguien señaló a Marin que le parecía haber visto el Rey Lear completo, mientras que otra exigía sobre el significado de las coronas A lo primero Marin contestó con un “Mmm…”, y a lo segundo con “Una corona es una corona”
Al concluir la sesión, una mujer rusa de ojos claros se acercó a Marin y le preguntó: “¿Hay alguna esperanza?” Ella dijo tranquilamente: “Si nosotros pudimos crear y presentarnos… creo que sí la hay” l

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