El resplandor de un abismo

Las crónicas de la prensa internacional del 3 de marzo de 1988 coinciden en sus encabezados: el mundo de la música acaba de perder a uno de los más grandes intérpretes del siglo XX Se trata de la muerte del violinista judío polaco, naturalizado mexicano, Henryk Szeryng, cuyo deceso –el 8 de marzo de 1988– ocurre en la ciudad alemana de Kassel pocas horas después de haber tocado, con su infalibilidad característica, el Concierto en Re mayor op 77 de Johannes Brahms Requiescat in pace
Un extenso legado discográfico dará fe de su colosal estatura artística, empero su fallecimiento deja tras de sí una estela de enigmas y verdades a medias dignas de recuento o, al menos, de sugestión propiciatoria…
Hay que ingresar al Staatstheater con un mínimo de certidumbres La interpretación que hace el célebre violinista del concierto de Brahms es portentosa al grado de volverse legendaria (1) La orquesta de la Radio de Saarbrüken hace lo propio desterrando cualquier duda subsistente La apropiación que hace Szeryng de la obra tiende al absoluto y en cada nota emitida a través del Guarneri del Gesú de 1743 se sublima una existencia agujerada por claroscuros Sin saberlo, el público le tributa una ovación postrera al tiempo que el connotado maestro realiza otro virtuosismo de dimensión épica: exhalará el último aliento en el ápice de la gloria, conforme a sus propios designios y ajeno todavía al deterioro sicomotriz que impone la vejez Fueron muchos lustros de invocaciones hacia lo inescrutable con el anhelo de morir tocando, precisamente, ese concierto El mismo con el que hizo su debut en Varsovia el 6 de enero del aciago 1933, año de advenimiento del nazismo
Es relevante anotar que la elección específica del concierto para dicho debut tenía, en la visión de Carl Flesch, maestro de Szeryng, la finalidad de darle una bofetada a la prepotencia nazi ¿No era cierto que su alumno, un judío de sólo 14 años de edad, podía tocar mejor que cualquier eminencia aria el concierto más codiciado de la literatura violinística germana? Para refinar la afrenta vendrían después las sonatas y los conciertos de Bach (2), Mozart, Beethoven, Schubert y Schumann Flesch, de ascendencia hebraica, llegaría a ser apresado por la Gestapo y el padre del joven Szeryng sería asesinado en la revuelta del ghetto de Varsovia
Prevalecen las certezas El Symphony Hall de Filadelfia está repleto de un público inquieto que espera la actuación del afamado virtuoso Una mueca involuntaria se dibuja en el rostro del director La orquesta aguarda, pues no hay señales del solista Con un notorio trastabilleo, éste aparece y se desata un aplauso cuajado de admiración Szeryng hace su caravana habitual, pero se regresa de inmediato hacia los camerinos creyendo que el concierto ya había concluido Previamente hubieron de empujarlo hacia el palco escénico en vista de la aguda ingestión de alcohol con la que el violinista, también embajador de México ante la UNESCO, evade el fragor de sus propios barrancos De vuelta en el escenario, la ejecución del concierto de Jean Sibelius deja azorados a los testigos del fenómeno ¿Cómo es posible que alguien en estado de ebriedad acometa con semejante perfección una obra tan erizada de dificultades…?
La Sinfónica de México ensaya ahora la composición que se anuncia como la premier mundial del Concierto para violín de Carlos Chávez (3), quien funge como director titular no obstante su impericia Chávez, celoso del éxito que había tenido el concierto que Manuel M Ponce había escrito para Szeryng, se había impuesto la tarea de componer el suyo y, naturalmente, había pensado en contratar a la misma estrella del firmamento mexicano Hay un rechinido de dientes cuando el violinista anuncia que ha tenido que corregir muchos trozos de la partitura debido a los errores cometidos por el desconocimiento de su autor Herido en su desmesura, Chávez responde que su “concherto” está bien escrito tal como él lo concibió y que preferiría que el solista se aviniera a su voluntad Con la circunstancia a su favor, Szeryng guarda el violín en el estuche mientras profiere: “Entonces búscate a otro” El instante es álgido para los presentes quienes participan, con un dejo de gozo, de lo inconcebible: El Führer de Tacuba debe descender del pódium para rogarle al osado titán que no abandone el recinto La autorización para efectuar correcciones es concedida
La consideración es pertinente: Sabiéndose un advenedizo en la escritura para un instrumento que no era el suyo, Brahms había solicitado ayuda del violinista Joseph Joachim e igualmente había hecho Beethoven con Franz Clement, y Mendelssohn con Ferdinand David… Saint-Saëns con Pablo de Sarasate, etcétera Recuérdese que la omnipotencia de los dueños de México se satisface a sí misma y que, en casos extremos, a quien pueda atentar contra su autoimagen se le aparta del camino sin importar el precio ¿Qué objeto tendría entonces el dispendio para alimentar halcones, guaruras, porros, guardias presidenciales…?
Sobrevive un resquicio de certitud Aparece en Milán, después de extenuantes pesquisas, el manuscrito del Tercer concierto para violín de Niccoló Paganini que lleva siglo y medio de extravío Inclusive los italianos están de acuerdo en conferirle a Szeryng el honor de llevar a cabo su estreno mundial contemporáneo Ha bebido las heces de la persecución racial, pero al fin consigue reconocimiento unánime Paganini había viajado por Polonia cuando era una nación libre de hogueras que abría sus puertas a todos los judíos errantes que lo solicitaran A manera de homenaje a aquella tierra perpetuamente desgarrada, el ilustre genovés escribió una indómita Polacca en el movimiento conclusivo de su Concerto in Mi maggiore
Un alud de inconsistencias, hace su aparición en escena Los reflectores no acaban de iluminar las penumbras interiores de nuestro personaje principal Soslayemos que para la obtención de su pasaporte diplomático memorice sus parlamentos como un verdadero actor dramático: “Lola, ¡qué hermosa estás esta noche!”, recita Henryk en medio de la concurrencia mientras se arrodilla frente a la hermana del ministro de Relaciones Exteriores, a quien elige como enamorada inmortal Olvidemos que es afecto a obsequiar violines hechizos o arlequines, uno al presidente Echeverría, también conocido como impulsor de la “Solución final tlatelolca”, y otro a su propio asistente, quien se encarga de realizar los trabajos sucios; a éste, si la luna no está alineada, suele tratarlo con la punta del mocasín Hagámonos de la vista gorda cuando pide a sus alumnas que lo abaniquen mientras dicta clase magistral tendido sobre un diván en pose de faraón y con los pies descalzos Finjamos demencia frente a su habilidad para intercambiar la imagen que preside el estuche de su instrumento, en donde aparece por un lado la virgen de Guadalupe y al reverso la estrella de David Todo eso pertenece a un pasado que ya no rasga nuestras ropas
Es momento de justificar su presunción cuando relata lo que considera la mayor proeza de su vida; en ella palpita la conmiseración del pueblo mexicano por las desgracias ajenas Justificándolo nos quitaremos escombros de encima Son tiempos demasiado remotos para la diplomacia de nuestros días El gobierno polaco en el exilio lo ha comisionado para encontrarles asilo a 4 mil seres humanos de religión judía Han logrado escapar de la crucifixión; Szeryng traduce las súplicas a los responsables de los muelles donde el barco intenta anclarse Las negativas no lo desaniman, al contrario, lo aferran a su misión Brasil no los admite, pero les obsequian agua y vestido, y al tenaz traductor le reponen el violín que se había hecho añicos en los bombardeos de París En Cuba y Guatemala sucede lo mismo, hasta que el buque llega al puerto de la Vera Cruz Ya no bastan las palabras; desde la proa desciende la sonoridad de un violín que ejecuta el Himno Nacional mexicano Bajo el cielo de nuestro trópico vuela la noticia Se dilatan pupilas insomnes y fluyen lágrimas desde un abismo que resplandece: Hermanos polacos, sean bienvenidos a esta tierra pródiga… l

1 Se recomienda la escucha de dicho concierto en la versión de 1958 realizada por Henryk Szeryng acompañado por la Sinfónica de Londres bajo la batuta de Pierre Monteux
2 Se sugiere la audición de las sonatas y partitas para violín solo de Johann Sebastian Bach en cualquiera de las dos versiones realizadas por Szeryng
3 El estreñimiento melódico de la obra referida desalienta cualquier aproximación, a menos que haya un atisbo de morbo

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