Incuria sinfónica

Poco antes de iniciarse los bombardeos aliados en la zona urbana de Berlín, los jerarcas del Tercer Reich pusieron a buen recaudo sus tesoros artísticos De no quedar un alma con vida al menos sobreviviría una prueba tangible de su cultura, tanto de la propia como de la expropiada No podían permitirse que se repitiera otra destrucción como la ocurrida en febrero de ese mismo año –1945– en Dresden, cuando las bombas arrasaron con todo Una vez dominado el mundo, volverían a las minas, monasterios y castillos donde habían resguardado, como recordatorio para los vencidos, aquellas joyas que concentraban lo mejor de sí mismos…
Sabemos cómo acabó el delirio nazi; sin embargo, en su eficacia por la preservación de lo propio, se cela una enseñanza que las razas empeñadas en seguir siendo “inferiores” no hemos acabado de aprender Su constatación no ofrece paliativos Los tesoros mexicanos se extravían a manos llenas en oleajes de indiferencia y rapiña que sacuden las arcas de la raquítica conciencia nacional No es necesario que un extraño enemigo profane con su planta nuestro suelo, mar o cielo; lo pisoteamos, lo ensuciamos y lo bombardeamos nosotros mismos e, inútil negarlo, de la contienda siempre salimos derrotados
¿Simple retórica o aberración manifiesta? Que testifiquen los saqueadores Ahí están los museos del orbe que presumen sus colecciones de piezas prehispánicas sustraídas con el colaboracionismo mexicano ¿Y la destinación de nuestros códices? Sus actuales nombres lo dicen claramente: Matritense, Florentino, París, Vaticano, Nuttal, Telleriano Reménsis, Borbónico, etcétera ¿Y las pérdidas de territorio? ¿Y las concesiones para la explotación del subsuelo y los recursos naturales? Vaya, ni siquiera pudimos conservar algo tan elemental como la identidad de nuestra cuetlaxóchitl o flor de nochebuena que fue bautizada por la botánica oficial como poinsettia en honor del embaucador yanqui, perdón, del embajador Joel R Poinsett, quien ejerció su oficio de tinieblas en los albores del México mal llamado independiente
Pero dejemos a las flores en paz y vayamos a la música, que el perfume que emanan nuestros entuertos amenaza con volverse irrespirable
Podemos empezar con inquirir por el paradero del tratado de teoría musical en el que Sor Juana Inés de la Cruz vertió sus conocimientos del arte sonoro Desapareció su rastro sobreviviendo nada más el nombre: El caracol ¿Y los manuscritos de los primeros Drammi per musica escritos por un natural de la Nueva España que llevaban los títulos de El Rodrigo y La Partenope? Se reportan como extraviados y lo único cierto es que Manuel de Sumaya (1684-1755) fue su autor y que se estrenaron en el Palacio Virreinal en los años 1708 y 1711, respectivamente
Y lo mismo puede acertarse de todas las partituras de música profana de los siglos XVII, XVIII y gran parte del XIX No quedó ninguna Baste con decir que los coliseos viejo y nuevo de la entonces Ciudad de México fueron demolidos con todo lo que tenían adentro Suerte similar embargaría al Teatro Nacional o Santa Anna
¿Y las colecciones de música catedralicia? Corrieron con mejor ventura; gran parte de ellas se encuentra sana en bibliotecas estadunidenses y el resto permanece aún en sus lugares de origen, aunque no está por demás recordar que en los años treinta de la centuria pasada el tesoro de música de la catedral de Saltillo fue quemado bajo la consigna de que era papel viejo…
Regresemos a Berlín, donde se recuperó en 2001, después de 56 años de extravío, el acervo de la famosa Sing Akademie Evacuado dentro de 20 cofres hacia el castillo de Ullersdorf en la antigua Silesia –hoy Polonia–, había caído como trofeo de guerra en manos del Ejército Rojo Fueron los soviéticos quienes, en total sigilo, lo depositaron en el archivo reservado de la biblioteca del Conservatorio de Kiev Los cofres contenían un tesoro esparcido en 55 mil páginas de música en el que, efectivamente, se había preservado lo más selecto de la cultura musical germana En los manuscritos recuperados desfilan los nombres de varios miembros de la familia Bach1 junto a otros compositores señeros del rococó, clásico y romanticismo alemán En la citada academia coral había tenido lugar en 1829 la ejecución de la Matthäus Passion, de Johann Sebastian Bach Con ella se iniciaría el proceso de redescubrimiento bachiano impulsado por Félix Mendelssohn
En el acervo berlinés también reaparecieron obras de Gëorg Matthias Monn (1717-1750) y Gëorg Christoph Wagenseil (1715-1777), quienes ayudaron a empedrar el camino para el tránsito de la evolución sinfónica La figura de Monn es particularmente significativa, puesto que fue el primer compositor que concibió una sinfonía en cuatro movimientos,2 además de haber expandido las nociones de desarrollo y tema secundario en la estructura de la forma sonata del primer tiempo Así mismo, Wagenseil contribuyó en la cimentación de la fórmula sinfónica que, dicho sea de paso, no fue una creación alemana, sino una apropiación de las tempranas sinfonías italianas en tres movimientos que funcionaban a manera de preludio orquestal para las óperas
Unos años más adelante aparecerían las contribuciones de los hermanos Haydn, Franz Joseph y Michael Con ellos terminaría de construirse el edificio sonoro de cuatro pisos que albergaría a todos los sucesores Mencionemos a los relevantes en cronología estricta: Mozart, Beethoven, Schubert, Schumann, Bruckner, Brahms y Mahler Cada uno de los cuales abrevó en la obra del anterior Su producción sinfónica resuena ya en los cuatro rumbos del universo Recalquemos: no fueron verdaderos precursores, sino eslabones en la cadena intangible de montaje iniciada en Italia Hagamos una rectificación: las 108 sinfonías de F J Haydn le valieron el apelativo de “padre de la sinfonía”, cuando en realidad debería considerársele meramente como un prolífico Anotemos un dato curioso que, de haberse concretado, habría alterado los destinos de la música sinfónica mexicana: Anton Bruckner se había apuntado para venir a México con el séquito del archiduque Maximiliano en calidad de Kapellmeister, pero a última hora desistió Con toda probabilidad, lo habríamos fusilado
Vayamos ahora a la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de México, en donde caminamos de la “esperanza” al “movimiento” con la memoria herida ¿Cuál fue la primera sinfonía escrita por un mexicano? ¿Quién sabe algo de las sinfonías de Melesio Morales, Miguel Meneses y Juan Hernández Acevedo? ¿Por qué nuestras orquestas no programan jamás alguna de las sinfonías de José F Vásquez o de Alfonso de Elías?
Indaguemos más a fondo La documentación existente acredita a Ricardo Castro como el iniciador del sinfonismo nacional, ya que compuso su primera sinfonía en 1883 Tenía 19 años y al poco tiempo compondría una segunda, pero, para justificar nuestro desánimo, nunca se estrenaron y hoy se encuentran extraviadas A su muerte la familia Castro pensó en donar su biblioteca al Conservatorio Nacional, creyendo que era el sitio idóneo ¿No sabían que era una tierra de nadie donde no se preserva, sino que se amontona? ¿No recordaban que en los propios conservatorianos fue donde habían tildado a su familiar de “reaccionario” por querer importar los modelos sinfónicos germanos? Curiosamente, nuestra vilipendiada institución está actualmente asentada sobre terrenos que se expropiaron a la comunidad alemana durante la Segunda Guerra Mundial, pero a nuestros jerarcas no les pasa por la cabeza resguardar sus tesoros de los bombardeos de la incuria
De nada sirvió que Le Journal de Paris escribiera:
“Ricardo Castro es un músico genial Retened su nombre porque en el porvenir mucho se hablará de él…”
Aceptemos, en aras de nuestro conformismo, que ese porvenir pregonado por el diario francés se estancó en una realidad hecha de silencios, complicidades y estulticia l
1 Próximamente recibirá su bautismo discográfico la Cantata de La amistad, de Karl Philipp Emmanuel Bach; según los musicólogos que la rescataron, se trata de una obra de gran envergadura
2 Se recomienda la audición de su sinfonía a quattro en si bemol mayor, que data de 1740

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