La pionera Ethel Smyth

Talentosa y radical, Ethel Smyth nació un 23 de abril hace 150 años Esta inglesa, compositora y directora de orquesta, fue también una feminista combativa, promotora del sufragio y defensora del derecho a amar a su propio sexo Como música desafió el canon de su época, que consideraba que las mujeres podían ser pianistas o arpistas para deleitar las reuniones familiares y sociales con partituras fáciles y piezas adecuadas a “su sensibilidad” Cuando las academias de música mantenían cerradas sus puertas a las mujeres y, al igual que en la literatura, muchas compositoras tenían que usar un seudónimo masculino para que su obra fuera escuchada, ella ingresó al Conservatorio de Leipzig Ahí trató a Brahms, Grieg y Chaikovski
Ethel Smyth produjo una gran variedad de obras: óperas, piezas corales y vocales, música instrumental y de cámara Su música, intensa y ajena al decoro victoriano, fue considerada por algunos críticos como “carente de la feminidad que se esperaría de una compositora” G B Shaw le escribió: “Tu música me curó para siempre de la vieja ilusión de que las mujeres no podían realizar lo que los hombres en el arte” Sir Thomas Beecham y Bruno Walter dirigieron obras suyas, y Mahler se interesó en producir su ópera Wreckers En reconocimiento a su talento fue distinguida en 1910 con un Doctorado Honorario de Música por la Universidad de Durham; en 1926 fue honrada con el mismo título por la Universidad de Oxford e igualmente en 1930 por la Universidad de Manchester Cuando se le otorga la Orden del Imperio Británico, en 1922, por “los más altos logros alcanzados alguna vez por una mujer”, Ethel Smyth es un portento de actividad que viaja por varias ciudades de Europa para dirigir la ejecución de sus composiciones
Asumida abiertamente como lesbiana, tuvo sonados romances: con Lady Pauline Trevelyan, con la aristócrata Elizabeth von Herzogenberg, con Lady Ponsonby (una de las damas de honor de la Reina Victoria), con la escritora Edith Somerville, con la exiliada emperatriz francesa Eugenia, con la famosa Princesa de Polignac y con la más conocida hoy: Virginia Woolf
En 1910, mientras Virginia Woolf rotulaba sobres para el movimiento sufragista, Smyth tiraba piedras a las casas de los ministros como parte de la protesta impulsada por Emmeline Pankhurst Encarcelada por ello en la prisión de Holloway, compone en su celda la Marcha de las mujeres, misma que se vuelve el himno de batalla de las feministas británicas En 1930, cuando la compositora tiene 72 años, conoce a Virginia Wolf, de 48 años, al invitarla a participar en un programa de la BBC llamado Point of View, que Smyth coordinaba Ella le escribe a Woolf diciéndole cuánto la admira por Una habitación propia, pero al tratarla se enamora y decide conquistarla El primer año del cortejo culmina con la presentación de ambas en la London and National Society for Women’s Service, donde Woolf impartiría su famosa conferencia sobre Profesiones para mujeres Una reseña del evento las compara, señalando que a sus 72 años Smyth era más juvenil en su vivacidad mientras que Virginia Woolf “estaba con nosotras, pero no era una de nosotras; sus ojos estaban en las estrellas”
Es patente la influencia feminista de Ethel Smyth sobre Virginia Woolf En dicha conferencia, Woolf recomienda a las mujeres no enojarse, sino ser pacientes y hasta divertirse con las reacciones masculinas; ventila el tema de la resistencia masculina ante la emancipación femenina, pero se compadece de los hombres, tan acostumbrados a dominar, a los que las mujeres profesionistas han colocado en una situación complicada El tono conciliatorio y seductor con que concluye ya no está presente después, cuando transforma su conferencia en su largo ensayo Tres guineas
Los críticos han señalado que ese cambio de tono se debe a Ethel Smyth, quien soltaba diatribas contra lo que ella llama “el círculo vicioso”, “los gángsters”, “el club” o “la máquina”: o sea, los universitarios, ricos y jefes en los colleges, en las editoriales y en los comités Esta crítica la desarrolla Woolf con despiadado rigor en Tres guineas, donde manifiesta su rechazo a la autoridad política masculina y, con una argumentación impecable e implacable, denuncia el fascismo cotidiano y la megalomanía machista
Virginia Woolf y Ethel Smyth se fueron distanciando, hasta que Smyth se volvió a enamorar, ocho años después, de una vecina Escribió nueve libros, y sus memorias fueron un gran éxito de ventas Murió en 1944, a los 86 años, luego de haber destrabado algunos obstáculos para las compositoras y músicas que vinieron después La propia Woolf la vio como un modelo: “Ella es de la raza de las pioneras, de las que abren camino No tengo duda de que le debemos mucho a Ethel Smyth”
Si bien Ethel Smyth es de las compositoras más reconocidas en la historia de la música, ¿por qué resulta hoy casi imposible escuchar su música? Valdría la pena rescatar del olvido a esta feminista formidable l

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