Milpas de la desolación

En la acuciosa descripción hecha por el dominico Diego Durán del calendario solar que había regido a los naturales de la Nueva España, resalta una aseveración que trasciende las palabras Su lectura pone de manifiesto la sabiduría de los antiguos mexicanos, quienes consideraban a la música como una dádiva que había descendido desde la casa del sol para acrecentar la vida Empero, bajo el peso de los siglos y la acumulación de sinrazones, aquella sabiduría hubo de inmolarse para abrirle paso a esa modernidad equívoca que se nutre, cada vez más, de estruendos, disparates y cacofonías
Acorde con lo escrito por fray Diego, en las solemnidades celebradas bajo el nombre de Hueytozoztli o “gran vigilia” –correspondiente al cuarto mes del año indígena–, los indios arrancaban brotes tiernos del maíz con voces de algarabía para depositarlos, como objetos sagrados, en sus templos En éstos, elevaban cánticos a la diosa Cinteotl en agradecimiento por haberles renovado el milagro vegetal que sustentaba su existencia, amén de haber evitado las heladas que, en esa etapa de su crecimiento, habrían atentado contra la fragilidad de los tallos recién nacidos
Un mes antes, los labradores habían santificado los sembradíos con incienso de copal y habían ofrendado comida a los dioses de la lluvia, sin cuya fecundación no era posible el reiterado maridaje entre el cielo y la tierra Concluido el ritual descrito por el fraile, lo único que faltaba era que la maduración de las mazorcas transcurriera con la placidez de su propio ritmo… y para eso, ¡nada mejor que mecerlas al viento con el arrullo melódico que emitían sus instrumentos musicales aerófonos! El texto de Durán es conclusivo: “luego los indios tomaban flautillas y andaban por todas las sementeras tañendo a redondo de ellas”
La cita promueve la reflexión, ¿era la “idolatría” indígena consciente del poder que yacía en los tañidos de sus “flautillas” para el desarrollo de las formas de vida circundante?, ¿no había una base sólida, decantada a través de experiencias ancestrales, en los “embustes” y “supersticiones”, que el evangelizador europeo enjuició como mera obra demoniaca?, ¿era concebible que aquellos seres, esclavizados y con el rostro marcado por hierros candentes, hubieran podido anticiparse a las demostraciones científicas que corroboran el influjo de la música sobre los seres vivos? Influjo que, benévolo o devastador, había sido pregonado por los filósofos de todas las culturas de la antigüedad y que, en nuestros días, es enarbolado con angustia por los musicoterapeutas
Dejemos que la ciencia pronuncie sus hallazgos Es importante comenzar con las manifestaciones de vida primigenia, pues en ellas se excluye a priori la subjetividad Numerosas pruebas de laboratorio revelan que aun las bacterias son capaces de percibir vibraciones sonoras, pudiendo multiplicarse o perecer de acuerdo con la frecuencia tonal a la que sean expuestas Veamos ahora qué sucede con las semillas:
Experimentos llevados a cabo en Canadá aportan el siguiente resultado: en un par de ambientes controlados con niveles idénticos de luz, temperatura y humedad, las semillas de trigo que están en contacto con buena música son susceptibles de crecer a una velocidad tres veces mayor que las que permanecen en silencio (Se subraya el adjetivo porque la distinción que separa a una mala música de aquella compuesta con criterios artísticos es un elemento en la que la terca criatura humana, no obstante las alarmantes evidencias, no ha unificado consensos) En el mismo sentido, el japonés Emoto ha demostrado que las moléculas de agua son sensibles a las palabras y la música, cristalizando en formas sorprendentes según los contenidos del mensaje que absorbe Con heavy metal o violencia verbal la estructura geométrica de sus cristales se desintegra1 Aún así, la necedad que nos caracteriza pretende ignorar que estamos compuestos por 70% del líquido vital
Otro experimento realizado con geranios y música de Johann Sebastian Bach arroja conclusiones análogas Los geranios predispuestos a la escucha bachiana crecen con vigor inusitado2 Una serie de estudios donde se puso en juego la calidad variable de música sobre diferentes tipos de plantas de invernadero fue hecho en la Unión Americana por Dorothy Rettalack Sus resultados son iluminantes Con una dosis diaria de tres horas de acid rock al volumen consuetudinario, los filodendros, petunias y magnolias mueren a las cuatro semanas Una suerte similar les depara la música atonal y aleatoria en espacios de tiempo semejantes La misma doctora Rettalack inquiere: ¿Habrá alguna conexión entre la conducta errática y disfuncional de la juventud con las deyecciones sonoras que ingiere?, ¿podría haber relación entre las disonancias que imperan en los espacios públicos y la neurosis colectiva?
Recordemos simplemente que Confucio afirmaba que la música tenía la facultad de moldear el carácter y que Platón insistía en que el arte sonoro no debe de utilizarse para generar placer irracional, sino como un aliado celestial que ayuda a reducir a orden y armonía los desajustes que se producen en nuestro interior
Pasemos revista a los animales: ahí están las vacas de la Universidad de Wisconsin que aumentan 8% su producción de leche cuando están acompañadas de buena música, y las ratas francesas que prefieren morir de inanición antes que “deleitarse” con música serial No descartemos a los chimpancés de Malasia que golpean a sus compañeras después de zamparse sin tregua músicas con textos violentos o las gallinas alemanas que ponen más huevos con valses de Strauss3 A este propósito, el compositor Karl Heinz Stockhausen declaró con verdadero cinismo: “A esas pobres gallinas les daría diarrea si escucharan mi música” No está por demás recalcar nuestra filiación con los mamíferos y que para la teoría darwiniana no somos más que simios evolucionados
¿Y el efecto Mozart? ¿Y el mito de Orfeo? ¿Y las salas de maternidad suizas en donde a los bebés prematuros se les acorta el tiempo de estancia en las incubadoras gracias a Vivaldi? ¿Y la función de los cantos que entonan los pigmeos mientras circuncidan a sus niños? ¿Y los postulados de la musicoterapia? ¿Cuánto más habrá que proseguir con las argumentaciones contra las construcciones sonoras que envilecen el espíritu y degradan la inteligencia? Limitémonos a lo evidente: buena música es la que favorece la vida y mala música es aquella que la aniquila La elección correcta se sitúa, forzosamente, por encima de discusiones estériles y condicionamientos educativos No olvidemos que atrás de toda “música” que estupidiza se atrincheran intereses multimillonarios
Que no desfallezca nuestro corazón, siempre nos queda el refugio de evadir las razones del desánimo reposando a la sombra de un ahuehuete a donde afluyen las hermosas sonoridades del sembradío de maíz adyacente que es mecido por el viento No importa que se hayan desvanecido los sonidos de las flautas de barro que tañían a redondo de ellas, con la contemplación del verdor nos basta Hay un ligero problema: la milpa que tenemos enfrente está acordonada por soldados y no alcanzamos a divisar ninguna mazorca tierna Un narcocorrido refulge en el aire para que las amapolas crezcan como vírgenes de la abundancia Nos espetan que los antiguos labradores han emigrado al norte, pero se nos reconforta diciéndonos que su trabajo era prescindible, ahora el maíz se manipula genéticamente… l
1 Se sugiere la lectura del libro Los mensajes del agua,
de Masaru Emoto
2 Se recomienda la audición de los Conciertos de Brandenburgo, mismos que fueron utilizados en el experimento referido
3 Será de interés para los avicultores mexicanos reproducir
el bello Danubio azul en sus corrales

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